EL CONTEXTO Y LA ACUSACIÓN

Una potente maquinaria política y mediática ha promovido una única narrativa desde que se dieron a conocer los resultados de las más recientes elecciones presidenciales en Venezuela: Nicolás Maduro es un "dictador" que se mantuvo en el poder por medio de un "fraude electoral". La falta de actas consolidadas en el sitio web del Consejo Nacional Electoral (CNE) y la tardanza en la totalización de los votos son los pilares de esta acusación.

 No obstante, esta es una versión incompleta y engañosa. Para entender lo que verdaderamente ocurrió, se requiere analizar los hechos, el sistema electoral y la secuencia de sucesos. Estos indican no un fraude, sino un sabotaje cibernético y una tentativa coordinada de golpe de Estado blando.

UN SISTEMA ELECTORAL ALABADO POR SU SEGURIDAD

El sistema de votación en Venezuela es conocido mundialmente por sus numerosas capas de transparencia y verificación:

Voto electrónico con recibo físico: Cada votante emite su voto electrónicamente y, de inmediato, obtiene un recibo físico impreso que deposita en una urna. Esto posibilita que después se cuente de manera manual.

Auditorías universales: Se llevan a cabo auditorías antes, durante y después de las elecciones, con observadores de todos los partidos.

Verificación doble: Se contrasta el resultado entre el comprobante físico y la máquina.

Claridad en las actas: Se genera un acta que es firmada por todos los testigos al finalizar cada mesa electoral. Cada partido político obtiene una copia impresa de cada acta, urna por urna.

Jimmy Carter, expresidente de Estados Unidos, se refirió a este sistema como “el más seguro del mundo”.

 LA BRECHA: ¿DÓNDE ESTUVO LA VULNERABILIDAD?

La fortaleza del sistema reside en su núcleo: las máquinas de votación no están conectadas a internet y son consideradas inviolables. La fragilidad, sin embargo, estaba en el sistema de transmisión de datos utilizado para enviar los resultados locales desde los centros de votación al CNE para su totalización rápida.

Fue precisamente en este eslabón de la cadena donde se ejecutó el sabotaje.

La noche del ataque:

CRONOLOGÍA DE UN GOLPE EN TIEMPO REAL.

 Ataque cibernético:

En la noche del escrutinio, el sistema de transmisión del CNE sufrió un ataque coordinado de hackers, confirmado posteriormente por investigaciones de la empresa de ciberseguridad Netscout, que rastreó el origen del ataque hasta servidores en Montenegro. El efecto fue inmediato: el CNE dejó de recibir resultados y la centralización de datos fue bloqueada.

 Guarimbas simultáneas: En el mismo instante del colapso informático, estallaron protestas violentas (guarimbas) en cerca de 40 puntos de Caracas. Estos grupos, vinculados a sectores radicales de la oposición:

Atacaron e incendiaron centros electorales. Quemaron edificios públicos. Intentaron tomar el aeropuerto internacional.

Esta coordinación perfecta entre el sabotaje digital y la violencia callejera evidencia un plan premeditado para crear caos y declarar un vacío de poder.

EL TEATRO DE LAS ACTAS Y LA JUDICIALIZACIÓN

Con la totalización central bloqueada, la oposición inició una campaña de desinformación: Divulgó solo las actas locales que le eran favorables, ocultando las desfavorables. Como todos los partidos tenían sus propias actas físicas, se creó un impasse: tanto el oficialismo (PSUV) como la oposición tenían sus resultados parciales, pero nadie tenía la totalización general legítima.

Ante esto, el gobierno de Maduro acudió a la Corte Suprema de Justicia (TSJ) solicitando: La entrega obligatoria de todas las actas físicas en poder de todos los partidos. Un recuento general y auditable de los votos físicos.

El PSUV entregó de inmediato sus actas al TSJ. La oposición, encabezada por el candidato Edmundo González, se negó a entregar las suyas, desacatando una orden formal del máximo tribunal. En lugar de ello, sin evidencia consolidada, autoproclamó a González como “vencedor”. 

EL ESCRUTINIO JUDICIAL Y EL RESULTADO OFICIAL

El TSJ procedió al recuento con los elementos disponibles:

Las actas entregadas por los partidos que sí acataron la ley.

Los votos físicos recuperados de las urnas (en muchos centros incendiados, se lograron rescatar los comprobantes).

La auditoría ordenada por el TSJ encontró, además, falsificaciones en los registros publicados en el sitio web de la oposición.

El resultado oficial, avalado por el Poder Judicial, confirmó a Nicolás Maduro Moros como el presidente electo. 

DESMONTANDO LA FAKE NEWS DEL “FRAUDE”

Las “actas oficiales” del CNE: La oposición exige “actas oficiales” del CNE que, en esta elección, no pudieron generarse de forma digital precisamente por el sabotaje al sistema de transmisión. La ley electoral venezolana no exige la publicación de estas actas en línea como único medio de validación; el acta física firmada es el documento legal primario.

División opositora: No toda la oposición se sumó al intento de golpe. Sectores importantes rechazaron la violencia y reconocieron los resultados, destacando la falta de pruebas de la oposición radical.

Legitimidad en entredicho: La figura clave detrás de la candidatura de González, María Corina Machado, carece de legitimidad interna (inhabilitada legalmente) e incluso internacional, como llegó a reconocer el expresidente Donald Trump. Si ella no es una líder legítima, ¿cómo puede serlo un candidato que representa únicamente su línea radical?

Conclusión: ¿Quiénes son los verdaderos “malandros dictadores”?

La evidencia apunta a una operación orquestada: un sabotaje técnico externo, una explosión de violencia interna sincronizada, una campaña de desinformación global y un desacato a las instituciones propias de Venezuela (el Poder Electoral y el Poder Judicial).

Mientras el gobierno acudió a las instancias legales para resolver la incertidumbre, la oposición radical optó por la vía del caos, la mentira y el golpe de Estado. La mayor prueba de la voluntad popular sigue siendo la paz y normalidad que vive hoy el pueblo venezolano, que salió masivamente a votar y defendió su democracia.

La pregunta final es inevitable: ¿Quiénes son los auténticos enemigos de la democracia venezolana? ¿Aquellos que respetan sus instituciones y procesos, o aquellos que, mediante sabotajes, guerras híbridas y narrativas fascistas, intentan imponer por la fuerza una voluntad que no pudieron conseguir en las urnas?

Etzel Báez

Gestor cultural

Ver más