Porque: «Un susurro falso basta para que el verdugo parezca la víctima y el justo el traidor»
El gran líder no es necesariamente
quien hace grandes cosas. Es el que
hace que otros las hagan.
R. Reagan.
Nación, Patria, Pueblo, País y Democracia, he ahí las palabras que han motivado a los hombres a luchar en pos de obtener sus aspiraciones como ser humano, pero que, con el tiempo todo esto se ha ido degradando, convirtiéndose en puras palabras vacías, que solo sirven para satisfacer egos y ambiciones. Sorprendentemente, degradados estos, precisamente, por quienes están llamados a fortalecer cada una de ellas, que en vez se convierten en socios bajo el mismo manto deshonesto de las concupiscencias.
Por eso nos negamos a decir como mi amigo el señor don Noah, «Que sea como Dios quiera» y de ser así, que sea después de nosotros desaparecer físicamente a fin de evitarnos la vergüenza de haber permitido la desaparición de la democracia como eje principal sostenedor de los demás, sin haber hecho esfuerzo alguno para detener la debacle que los políticos inescrupulosos han hecho cuando les ha tocado fortalecer al Estado pero, que, han y hacen todo lo contrario.
Pareciese increíble los artilugios que utilizan para desvirtuarlo todo. Crean a manos llenas organismos en el supuesto de erradicar malas prácticas que, en la realidad, lo que hacen es empeorarlas o camuflarlas «legalmente», hasta que la indestructible verdad sale a flote, siendo el mejor ejemplo, la «regularización» de los famosos «concursos», nichos de manipulaciones y desvergüenzas que nos presentan cual si fuesen actos inmaculados, aunque todos conocen sus vericuetos. Además, ya son más que conocidas sus palabras predilectas para ejecutar lo arriba descrito, como son: el debido proceso y cumplimientos de normativas, elaboradas por ellos mismos, donde los políticos mesiánicos se soslayan con ello.
Son estos políticos los que han cerrado sus ojos —aunque no sus bolsillos— para evitar continuar creando «héroes» que, al final, lo único que tienen es plata, constituyendo la razón por la cual existen tantos faranduleros, lavadores y otros tantos carentes de vergüenza que hoy por hoy dominan el quehacer político nuestro. Narcos subvencionando campañas; lavadores y narcos convirtiéndose en «honorables»; faranduleros que, a fuerza del dinero sucio obtenido, han logrado que hasta les sean revocados sus negaciones de visas y hasta hacer desaparecer su historial delictivo de los archivos nacionales. Todo esto ha llegado al colmo: estos señores, de promocionar candidaturas, se han convertido en candidatos, pero esto nadie lo ve.
En fin, el Estado ya parece más bien una empresa corporativa, pero en quiebra, donde para hacer hasta una letrina hay que recurrir a un préstamo, el cual, en el camino, alguna buena tajada queda para «algunos». Ya no sabemos siquiera para qué existen determinados ministerios, como ese que antes se encargaba de hacer todas las carreteras, puentes y demás construcciones del Estado, pero que hoy, aun cuando las obras siempre están llenas de sus letreros con sus iniciales, son otros independientes quienes las ejecutan y que, al parecer, malamente supervisan, si es que lo hacen.
Hay cosas que cuando existía Obras Públicas y Comunicaciones (OPC) era difícil ver, como lo ocurrido con la carretera Convento-Valle Nuevo, donde se gastaron más de 500 millones para hacer unas cuantas alcantarillas y una carretera de tierra que duró menos que un suspiro; o la carretera Casabito-Constanza, que casi destruida entera, fueron con sus equipos y arreglaron unos cuantos metros, recogieron sus equipos y dejaron todo lo demás. Vaya a ver las condiciones de desastre en que se encuentra. Esto, quizás, es lo que nos está llevando a pensar: ¿será que están en espera de algunos miles de millones prestados para terminar de arreglarla?
Se nos acaba el espacio, pero ¿se han fijado en que el recién inaugurado metro de Los Alcarrizos parece una obra con más de 30 años de construido? ¿Que el alambrado eléctrico expuesto lo hace parecer de un barrio pobre? ¿Y qué hay de la chapucería de la autopista Duarte y sus injustificables retornos? Nos parece que lo mejor es dejar eso así para no tener que hablar sobre el km 9 y sus vergüenzas. ¡Sí, señor!
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