El 5 de abril de 1907, durante el gobierno de Ramón Cáceres, la comunidad de Joba fue rebautizada con el nombre de Gaspar Hernández, designación para honrar la memoria de un sacerdote católico peruano, amigo de Juan Pablo Duarte, Padre de la Patria y partidario de la Independencia Dominicana.
El municipio de Gaspar Hernández, integrante hoy de la provincia Espaillat, es un lugar privilegiado por la naturaleza, cuya economía descansa en la producción de cacao y café con una rica agricultura de frutos menores como el plátano, la yuca, etc. y la pesca artesanal, con mágicos amaneceres y playas impresionantes como Playa Enmita, Playa Rogelio y Playa Margarita, la laguna de Cachón y el majestuoso río Joba.
Productiva, convivían campesinos laboriosos con mujeres hermosas en un intercambio permanente con la tierra en cotidianas jornadas de trabajo que definían compromisos sociales y tradiciones artísticas-culturales que le daban su identidad. Allí, bajo un sol bendito y amaneceres llenos de luces naturales, cantos de pájaros y mariposas de colores, nacieron Hugo A. Domínguez López y su hermano Silvio.
No hemos encontrado documentación de su niñez y de su juventud, lo cierto es que lograron evadir los controles de la dictadura trujillista y aparecieron en Nueva York enrolados en actividades antitrujillistas.
La dictadura Trujillista se desgastaba cada vez más, la represión era su respuesta de sustentación, pero aumentaba la indignación, el pueblo cada día asumía mayores niveles de conciencia, aumentaba la decisión para su eliminación. Los exilados dominicanos y sectores democráticos a nivel internacional estaban convencidos de que esta dejaría de existir solo por la fuerza, por la violencia revolucionaria, como lo confirmaba el fracaso militar del intento de la expedición de Luperón.
Hugo y Silvio, patrimonios de Gaspar Hernández y del país, son ejemplos de los revolucionarios que comprenden que cada pueblo debe construir su propio destino, libre de buscar sus propios caminos de liberación y que todos los países pueden ser solidarios respetando siempre la soberanía de los demás.
En los finales de la década de los 50, el Movimiento de Liberación Dominicana decidió enfrentar militarmente al tirano y a la dictadura. Reclutó jóvenes del exilio dominicano a su entrenamiento en la Cuba Revolucionaria. La indignación internacional era tan grande en contra de la dictadura que se integraron patriotas de Venezuela, Puerto Rico, Estados Unidos, Cuba y Guatemala.
Había por lo menos dos campamentos, uno en Madruga, en las cercanías de la ciudad de La Habana, identificado como San Julián y el otro en la finca de Mil Cumbres en la provincia de Pinar del Río en el Oriente cubano. En el primer campamento, durante el entrenamiento de un grupo de revolucionarios estalló una granada accidentalmente donde murieron seis y quedaron heridos los 17 restantes. Entre los muertos estaba Hugo, ido con sueños de libertad y los recuerdos de su querido Gaspar Hernández.
Cuando llegó la hora para enfrentar directamente a la dictadura, un avión Curtis-46, camuflado con las siglas de “Fuerza Aérea Dominicana”, piloteado por Juan de Dios Ventura Simó, tenía como objetivo aterrizar en San Juan de la Maguana en la región Sur del país, pero las pésimas condiciones atmosféricas lo obligaron a dirigirse al aeropuerto de Constanza. Exactamente a las seis y veinte minutos aterrizó el avión con 59 combatientes internacionalistas, los guardias de seguridad trujillista sorprendidos respondieron con balas, los patriotas ripostaron, salieron del avión rumbo a las montañas, retornando el avión para su regreso a Cuba con el piloto venezolano Julio César Rodríguez.
Este desembarco estaba para ser coordinado con la llegada de dos lanchas al mismo tiempo a Maimón y Estero Hondo. Las lanchas Carmen Eliza y Titina tuvieron problemas de coordinación, llegaron días después, las cuales fueron atacadas por la maquinaria represiva de la dictadura que los esperaba, murieron varios combatientes, los demás se fueron a las montañas, pero luego fueron apresados, torturados y asesinados, con muy pocos sobrevivientes, entre ellos Silvio Domínguez López, hermano de Hugo, el cual fue hecho prisionero, pero los esbirros de la dictadura, en la sección de Río Grande, municipio de Altamira, en la provincia de Puerto Plata, vilmente lo asesinado el 28 de junio del 59.
La gesta patriótica del 14 de junio del 59, fue derrotada militarmente, pero sus esencias y su ejemplo trascendieron porque fue la inspiración, años después, del surgimiento del movimiento revolucionario antitrujillista que contribuyeron a desarticular y destruir la dictadura más férrea y maldita del país, con figuras patrióticas como la de Manolo Tavares Justo y Minerva Mirabal.
El 15 de junio del 2015, fueron desvelizados los bustos de Hugo y Silvio con un musuleo en el parque central de Gaspar Hernández, que, por una propuesta del Senador José Rafael Vargas, esta plaza histórica pasó a convertirse en monumento nacional y hacerla extensión del Panteón Nacional, la cual fue aprobada por el Poder Ejecutivo mediante la Ley 50-18.
Por esta plaza de recordación de su entrega y heroísmo, el amor por su patria, su orgullo por su natal Gaspar Hernández, por su generosidad de ofrendar su vida por la democracia y la libertad del pueblo dominicano, Hugo y Silvio no han muerto, están vivos en los sentimientos y en los recuerdos en la lucha contra el olvido.
Hugo y Silvio, patrimonios de Gaspar Hernández y del país, son ejemplos de los revolucionarios que comprenden que cada pueblo debe construir su propio destino, libre de buscar sus propios caminos de liberación y que todos los países pueden ser solidarios respetando siempre la soberanía de los demás.
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