Hemos visto dos componentes trascendentes de la persona: la Vida y la Fe. Ahora nos fijaremos en los componentes inmanentes. Es decir, componentes que están dentro de cada persona: el cerebro (racionalidad); el corazón (afectividad) y las relaciones. Estas últimas, aunque son externas, dependen de lo que yo piense o sienta del Otro, de la Naturaleza y del Ser Trascendente.

  1. Racionalidad, el cerebro: Nos sirve para buscar la raíz de los hechos. El porqué de los acontecimientos… es lo que nos diferencia de los animales y plantas… genera pensamientos.

Según el ejercicio de la meditación, que busca la raíz de los hechos en la historia personal, en la historia de la comunidad o en la historia de salvación, nos lleva a pensar como Jesús cuando al descubrir la raíz encontrada de lo acontecido nos preguntamos: ¿qué pensaría Jesús?…, por ahí se asoma la propuesta de Dios para mí en la actualidad…

2. Afectividad, el corazón: genera afectos, sentimientos…; amor: acogida/odio, cercanía/distancia; disponibilidad/indiferencia; servicio/solidario, servicio/financiado.

Si aplicamos los sentidos, podemos hacer presente el pasado o ampliar el presente trascendiendo lugar y tiempo. Al sentirnos que estamos metidos de lleno en la escena imaginada, nos preguntamos: ¿qué sentiría Jesús? Por ahí está el bajadero para encontrar la propuesta de Dios para mí… Luego, veremos los criterios para identificar lo que Dios quiere…

3. Las relaciones, interés personal: nos hacen crecer y desarrollamos nuestra identidad personal y nuestra identidad comunitaria: el Yo y el Nosotros; nuestra relación con el Otro, con la Naturaleza (amistad) y con el Ser Trascendente (la espiritualidad). Así llegamos a tratar al Otro, a la Naturaleza y al Ser Trascendente como los trataría Jesús…, que es el modelo, el ejemplo, el camino, la verdad y la vida…, Jn.14,1-6.

Con estos tres componentes: Racionalidad, Afectividad y Relaciones podemos realizar ejercicios espirituales que fortalecen la Vida-Fe-Espíritu; así como hacemos ejercicios físicos para desarrollar y fortalecer el cuerpo; igual, podemos hacer ejercicios espirituales: meditación, contemplación, examen de conciencia, para fortalecer el Espíritu; pero… tenemos que sacar tiempo para ellos, en la cotidianidad.

Para alimentar el Espíritu y fortalecer nuestras relaciones vitales, tenemos estos dos ejercicios: Meditación y Contemplación.

  • La meditación: es un ejercicio cerebral. La racionalidad genera pensamientos y tiene como objetivo: buscar la raíz de los hechos; el porqué de los acontecimientos. Y descubierta la raíz de lo acontecido, nos preguntamos: ¿qué pensaría Jesús? Es decir, que este ejercicio nos enseña a pensar como Jesús para actuar igual que él.

Los hechos que escarbamos para descubrir su raíz son: la Historia Personal, la Historia de la Comunidad o la Historia de Salvación (Biblia).

La Meditación es un ejercicio que nos exige los siguientes pasos:

  • Concentrarme: silencio, aislamiento, desconectarme de las actividades.
  • Ponerme en presencia de Dios (como cuando visitamos a un amigo).
  • Escoger un hecho de una de las historias (Personal, Comunitaria o Salvación)…
  • Definir el tiempo que voy a durar en el ejercicio.
  • Petición – Lo que quiero conseguir – la petición es el timón del ejercicio porque cuando me distraiga, la repito con intensidad y me vuelve a concentrar en lo que estaba…
  • Profundización. Es el inicio de la reflexión, la oración, que puede ser en el silencio aislado o en la actividad cotidiana, esforzándome por hacer ambas actividades, lo mejor que pueda…
  • Examen, es hacer consciente de cómo hice el ejercicio: si tuve distracciones, ¿cuáles? Si logré lo que pedía, ¿por qué? ¿Aparece algo nuevo? ¿Cómo me sentía? … Es interesante fijarnos bien en las distracciones porque nos pueden orientar por dónde nos ataca el Mal Espíritu. Pueden identificar nuestras debilidades.
  • Acción de Gracias. Es agradecer a Dios el rato que hemos compartido y especialmente por lo que me propone para mantener la cercanía con los empobrecidos… De todas maneras … agradecer.
  • La contemplación: La contemplación es un ejercicio sensorial. Tenemos que aplicar los sentidos para hacer presentes escenas de la vida de Jesús o ampliar el presente. La Contemplación trasciende el tiempo y el espacio. Genera sentimientos, afectos. Tiene su base en el corazón. Nos lleva a sentir como Jesús.

El presente ampliado es a partir de la unidad que tengo presente: viéndola, oyendo, sintiendo, oliendo, tocando, imagino una escena haciendo presente un conjunto. Por ejemplo: situarme ante una familia migrante y hacer presente una escena de un grupo de migrantes… ó ver una madre soltera, o un joven y hacer presente una escena de un grupo de madres solteras o de jóvenes…, eso es ampliar el presente; meterme entre ellos y observar, participar sin protagonizar y sacar conclusiones viendo y sintiendo lo que sufren injustamente…

Pasos para la contemplación

  • Escoger la materia para hacer presente la escena de la vida de Jesús o del presente ampliado o del universo y definir el tiempo en que voy a permanecer en la actividad…
  • Invocación – Oración Preparatoria. Me voy concentrando poco a poco para desconectarme del ajetreo diario…
  • Ponerme en presencia de Dios, el Ser Trascendente, fuente de vida, es nuestro interlocutor. Mantener una actitud de respeto, confianza, transparencia alegre, libre y solidaridad.
  • Petición. Lo que quiero conseguir… es el timón… Como vimos en la Meditación, me reconcentra…
  • Composición de Lugar: Hacerme presente en la Escena: ver, oír, tocar, oler, sentir, hablar con los personajes presentes en la escena. Ojo, no soy el protagonista. Sólo observo y pregunto…
  • Profundización… Haciendo preguntas e intercambiando con los presentes en la escena me voy empapando de la situación de sus vidas…Y cuando estemos bailando bien pegao, me pregunto: ¿qué sentiría Jesús?… Por ahí se hace presente lo que Dios quiere para mí.
  • Examen: Ver si he dado todos los pasos al final del tiempo determinado anteriormente. ¿Qué me pide el Señor?…, y constatar si he logrado lo pedido… O si ha aparecido algo nuevo… O rectificar.
  • Acción de gracias. Agradecer lo alcanzado en la oración. No añadir cosas que me parecen buenas…

Como vemos, son los mismos pasos que para la meditación, excepto el contenido y la composición de lugar, elementos que definen la escena.

La Fe nos da una identidad personal, a partir de la fidelidad a mi Valor Originario, mi Vocación. Además, nos da una identidad comunitaria y un compromiso: “… NOSOTROS, estamos invitados a continuar salvando la humanidad desde “la debilidad solidaria con la fuerza de Dios” (eclesialidad); esto es vivir como Jesús, quien se identificó solidariamente con los empobrecidos para cumplir su misión salvadora, que las personas continuamos en la Vida Consagrada: matrimonio (compartir y dar vida), lo humano se diviniza… O en la Vida Consagrada: Vida Religiosa –Padres y Monjas – (Servicio Financiado/Servicio Solidario), lo divino se humaniza.

 Atención: “podemos cambiar de ideología y no de actitud…” Podemos decir: qué bonito es nuestro compromiso en la Comunidad Familiar o en la Comunidad de Vida Religiosa, y seguir igualitos/as…, porque nos hemos acomodado, ideologizando los valores: nuestra vida está asegurada con la propiedad privada adquirida con el esfuerzo de la Familia o adquirida en la V.R. para evangelizar y asegurar la sostenibilidad comunitaria… Porque hemos cambiado el Servicio Solidario por el Servicio Financiado y Propiedad Privada.

Como vemos, a nivel Eclesial, tanto la Comunidad Familiar, como la Comunidad de V.R tenemos que recuperar la debilidad solidaria con la fuerza de Dios, ofreciendo un servicio solidario para recuperar el liderazgo de Jesús, que lo hemos cambiado por el servicio financiado, que nos asegura privilegios ofrecidos por las élites de la sociedad, que legitiman estructuras de injusticia, de violencia, de corrupción e impunidad ofreciéndonos privilegios…

La salvación es inclusiva. Es decir, la salvación es para todas y todos. Por tanto, todas y todos somos responsables y beneficiarios. Cada persona en el lugar que esté en la sociedad y el servicio que ofrezca tiene una misión: hacer presente el NOSOTROS donde repoya el Reino de Dios.

Regino Martínez S.J.

Sacerdote

El sacerdote Regino Martínez es el coordinador del Servicio Jesuita para los Migrantes Refugiados en Dajabón.

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