Si alguien dudaba de que la inteligencia artificial tiene una importante dimensión política, la reciente escenificación de Donald Trump, decretando que, a partir del 1 de octubre, la inteligencia artificial (AI) ha pasado a llamarse Superinteligencia (SI) en todos los documentos relacionados con el gobierno y la administración estadounidense, ha mostrado claramente la profunda dimensión política de las actuales ciberinteligencias, como las llama Andrés Merejo. La actual contienda por dominar el mercado global de las IAs y de las SIs, porque son más de una, es claramente geoestratégica. Incluso va más allá del planeta Tierra, puesto que se avecina una dura batalla tecnológica y militar entre los Estados Unidos de América y la República Popular China por instalar grandes centros de datos en la superficie de la Luna, o cuando menos flotillas de satélites artificiales como los que ya circundan al planeta Tierra (Milnet en los años 70-80 del pasado siglo, y luego GPS, GTS, Galileo, Starlink, la red china y las redes satelitales de Amazon, Meta y otros Señores de las Redes y de las Nubes, como por mi parte suelo denominar a las Big Tech. Considero que sin Big Data Centers no hay ninguna Inteligencia Artificial Generativa (IAG) que opere eficientemente. Por tanto, cuando se habla de inteligencia artificial se está debatiendo, en realidad, sobre las tecnociencias de datos.

No sabemos quién triunfará en esa batalla, pero conviene subrayar que no sólo es tecnológica, sino también terminológica y conceptual. Por tanto, los filósofos de la tecnología tienen mucho que decir al respecto, sobre todo aquellos que, como Andrés Merejo en la República Dominicana, están activos en el debate internacional, han reflexionado a fondo y hacen sus propias propuestas conceptuales, a las que por mi parte he prestado atención desde hace un cuarto de siglo.

El Dr. Merejo acaba de publicar en Bogotá un libro excelente, titulado Filosofía Política de la Inteligencia Artificial. Conozco las propuestas cibernéticas que Andrés Merejo publicó en la década final del siglo XX. He seguido su destacada trayectoria académica desde que se doctoró en Filosofía en la Universidad del País Vasco. He colaborado con él y su equipo en varias ocasiones y he reseñado libros suyos. Sin embargo, pienso que en esta última obra Merejo ha marcado un auténtico hito en su producción intelectual, porque ha abordado a fondo la dimensión política de la inteligencia artificial y ha contrastado sus ideas previas sobre cibernética y ciberespacio con muchos autores y autoras prestigiosas: Hanna Arendt, Shoshana Zuboff, Giorgio Agamben, Zygmundt Bauman, Manuel Castells, Derrick De Kerckhove, Gilles Deleuze, Michel Foucault, Bill Gates, Byung-Chul Han, Yuval Noah Harari, Yuk Hui, Daniel Innenarity, Niklas Luhman, Edgar Morin, Gilbert Simondon, Tiqqun, Alvin Toffler, Paul Virilio y Norbert Wiener, entre otros. Lo notable es que Andrés Merejo dialoga con ellos de igual a igual, aportando y argumentando sus propias tesis, las cuales adquieren mayor relevancia al contrastarse con las hipótesis de tan destacados pensadores.

Valgan algunos botones de muestra.

Comentando a Foucault, Merejo deja claro que, así como el pensador francés “descentró la mirada del capital hacia el poder, hoy debemos desplazarla de la tecnología cibernética hacia la racionalidad política que la sostiene y se beneficia de ella” (p. 39), y ello porque “lo ciber lo abarca todo, porque no se limita a lo digitalizado; además, transforma lo viviente” (p. 41). Por estas razones, que son de peso, “la política ya no puede pensarse sin lo ciber, porque el poder ya no puede ejercerse fuera del circuito de datos” (p. 41). Dicho lo anterior, pocas líneas después concluye que “es precisamente allí donde la filosofía política debe intervenir: para evaluar si el algoritmo es justo y desmontar la lógica del mundo digital, que ese algoritmo construye; ese mundo no es neutral ni técnico; es un cibermundo donde se redefine la experiencia, la subjetividad y la comunidad” (p. 41).

El desafío es de envergadura, como puede verse, y ha sido abordado por otros pensadores, como Giorgio Agamben, quien dijo que los dispositivos capturan la vida misma (p. 43). Merejo le ha leído con atención, le cita y le matiza: “más que en el dispositivo como tal, el problema se encuentra en la racionalidad filosófica que le da sustento; es decir, en la forma de pensar el sujeto, el poder y el conocimiento que hace posible y deseable su existencia” (p. 44). Esta es la primera de sus nociones clave: el sujeto cibernético, al cual le subyace toda una filosofía política que Merejo analiza minuciosamente. Tras unas reflexiones breves pero oportunas sobre la importancia del cibermarketing, una de las tecnologías que construye al sujeto cibernético, Merejo da un paso más y corrige a Agamben, a mi entender mejorándolo: “el problema no es el dispositivo y, sin embargo, todo nos lleva de nuevo a él. No por lo que es, sino por lo que hace, por lo que organiza, por lo que permite y, sobre todo, por lo que impide” (p. 47). Estoy muy de acuerdo con estas afirmaciones, porque dejan claro que las tecnologías no se limitan a los artefactos, sino que aportan sistemas de acciones, como por mi parte acepto desde hace tiempo, desde que leí a Miguel Ángel Quintanilla y su libro Tecnología: un enfoque filosófico (1982). Andrés Merejo reivindica luego una ontología crítica que redefina la relación con los dispositivos que configuran nuestras vidas. Por mi parte, a esa ontología crítica, que sin duda hace falta, le añadiría una praxis crítica, que ponga en cuestión los hábitos y costumbres de los actuales usuarios de los dispositivos digitales, incluidas las instituciones y organizaciones que utilizan los sistemas TeDIC (tecnologías electrónicas de datos, información y comunicación). Las inteligencias artificiales y las presuntas superinteligencias aportan ciberinteligencias, y si llegan a desarrollarse plenamente serán varias, no una sola. Silicon Valley tiene y tendrá rivales.

Retornando a Foucault, quien dijo que el poder es un campo estratégico que atraviesa por completo el cuerpo social, Merejo dedica páginas muy interesantes a reflexionar sobre el poder. Para ello comenta a numerosos autores: van Dijk, Castells, Bauman y Lyon (Vigilancia Líquida, 2013), Han (Sobre el poder, 2016), Véliz (Privacidad es poder, 2021), nuevamente Agamben y Moisés Naim (El fin del poder, 2016). Merejo asume las tesis de Han sobre la psicopolítica, pero va más allá, porque propone una ciberpsicobiopolítica, “capaz de gestionar simultáneamente cuerpos y mentes a través de interfaces y de sensores biométricos diseñados con Inteligencia Artificial, así como mediante tecnologías de vigilancia emocional” (53).

Llega así al segundo núcleo de su libro, que ya estaba formulado en el título mismo: la filosofía política de la IA. Ésta “no tiene voluntad ni sentido propio: lo que importa es el régimen que la activa y la naturaliza como tecnología de poder” (53). Muy cierto. Por mi parte llamo tecnocolonialismo a esta nueva tecnología del poder, e incluso tecnofeudalismo, dado el estricto sometimiento de los usuarios a quienes son propietarios de los dispositivos y Apps, e imponen sus reglas y términos de uso. Ahora los denomino Señores de las Redes y de las “Nubes”, porque han impuesto esa engañosa metáfora meteorológica, siendo así que las “Nubes” son los grandes centros de datos a los que están enlazados hoy en día prácticamente todos los usuarios de dispositivos digitales, en particular de los teléfonos celulares, que tienen bien sujetos, controlados y vigilados a los seis mil millones de personas que los usan. En 1999 los llamé “Señores del Aire” y Merejo menciona a los más importantes de la actualidad, tanto occidentales (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft) como orientales (Baidu, Alibaba, Tencent y Xiaomi). Cada una de estas grandes empresas de datos tiene más de mil millones de usuarios estrictamente sujetos a sus normativas y reglas. No es broma. Pues bien, tras insistir en la importancia de lo biométrico, tema del que Merejo ya se ocupó en 2012, el filósofo dominicano pasa a comentar las propuestas ya clásicas de Lipovetsky y Serroy (La pantalla global, 2009), pero añade otra dimensión a tener en cuenta: el auge del transhumanismo y la amenaza de un futuro “posdemocrático”, retomando la expresión de Daniel Innenarity, quien prologa esta obra.

El tecnopoder y la inteligencia artificial, en efecto, suponen una clara amenaza a la democracia, y éste es el tercer gran tema del libro de Andrés Merejo. Más que capitalismo de la vigilancia (Zuboff, 2020), él propone el concepto de cibercapitalismo, muy parecido al de tecnocapitalismo, que por mi parte suelo utilizar. Y tras alertar de que “la relación entre la Inteligencia Artificial ubicua y la cibervigilancia nos obliga a repensar profundamente nuestras concepciones de libertad, privacidad, autonomía y subjetividad” (p. 63), hace una propuesta filosófico-política de largo alcance: “una ciudadanía digital consciente y empoderada es clave para exigir transparencia, influir en la formulación de políticas públicas y asegurar que el desarrollo de la Inteligencia Artificial se oriente hacia el bien común, con respeto a los principios democráticos y a los derechos fundamentales” (63).

Hay otras cuestiones muy importantes, como sus atinados comentarios a Yuk Hui, pero no tengo espacio para comentarlos. El resto del libro desarrolla esta propuesta de la ciudadanía digital, que me parece clave en estos tiempos cibernéticos y transidos, como Andrés Merejo acostumbra decir, y con razón.

El capítulo V de esta obra, titulado “inteligencia y desigualdad cibersocial”, me parece asimismo muy importante, porque muestra el profundo compromiso social de su autor con la ciudadanía y la democracia, y en particular con la democracia y la sociedad dominicana, cuestión que se aborda en el capítulo VI, aunque subyace a todo el libro. Gran interés tiene, así mismo, el último capítulo, “Filosofando bajo la sombra”, en el que brilla el pensamiento de Edgar Morin, una de las grandes fuentes de inspiración de Andrés Merejo. Aquí ya no sólo está en peligro la democracia, sino el propio planeta Tierra. Merejo utiliza los conceptos de policrisis, primero, y luego de permacrisis, es decir: crisis permanente. Eso es lo que genera la irrupción reciente de las inteligencias artificiales, que compiten entre sí por el poder y el ciberpoder, es decir por conformar y dominar al actual sujeto cibernético.

Esta es la inquietante conclusión de un libro que aborda con claridad y profundo conocimiento varios de los principales desafíos de nuestra época. La República Dominicana puede sentirse orgullosa de contar con un filósofo de la tecnología como el Dr. Andrés Merejo, quien muestra en su último libro su talla como pensador internacional, a la altura de los más destacados intelectuales que han reflexionado sobre la dimensión política de la inteligencia artificial.

Sobre el autor

Jakiunde, Academia Vasca de Ciencias, Artes y Letras

Javier Echeverria

Filósofo

Javier Echeverría es filósofo, matemático, ensayista e investigador español, doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y Docteur d’État ès Lettres et Sciences Humaines por la Université Paris I Panthéon-Sorbonne. Ha desarrollado una amplia trayectoria académica en instituciones como la Universidad Politécnica de Madrid, la Universidad del País Vasco y el Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Su labor intelectual se ha centrado especialmente en la filosofía de la ciencia y la tecnología, la innovación y el análisis de las transformaciones sociales generadas por las tecnologías digitales. Es miembro de Jakiunde, Academia Vasca de Ciencias, Artes y Letras, y autor de una extensa producción ensayística filosófica y tecnocientífica. Entre sus obras más destacadas figuran Telépolis (1994), Cosmopolitas domésticos (1995), obra con la que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo de 1995, y Los señores del aire: Telépolis y el Tercer Entorno (1999), galardonada con el Premio Nacional de Ensayo en 2000. También recibió el Premio Euskadi de Investigación en Humanidades y Ciencias Sociales en 1997 y el Premio Eusko Ikaskuntza-Laboral Kutxa. En su producción más reciente destacan Tecnopersonas. Cómo las tecnologías nos transforman (2023), escrita junto con Lola S. Almendros, y ¡No hay derecho! Contra las nubes y la tecnodominación feudal (2026).

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