En una de sus últimas declaraciones a los medios, la Presidenta Ejecutiva del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), la costarricense, Gisela Sánchez, habló de que Centroamérica en estos momentos es un “oasis de crecimiento”. ¿Oasis de Crecimiento? Sin embargo, eso no es lo que dice la CEPAL:” Centroamérica pierde terreno frente al mundo”. La CEPAL advierte un fuerte rezago en productividad, “La baja productividad, la escasa diversificación económica y las debilidades institucionales continúan frenando el crecimiento de la región”.
Entonces, de qué” oasis de crecimiento” nos hablan. En palabras de la Presidenta Ejecutiva del BCIE, “Centroamérica crecería cerca del 3% en 2026, superando a América Latina y consolidándose como un oasis económico pese a la incertidumbre global”. Y más:” “La región, integrada por cerca de 50 millones de habitantes, podría alcanzar un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) cercano al 3% en 2026, superando el promedio estimado del 2.2% para América Latina”. Esas son notas muy subidas de tonos para los oídos de todos los centroamericanos, que no sienten en sus días a días, lo que la Jefa del BCIE, está planteando.
Vuelvo y repito, esto no es lo que plantea el entorno internacional en estos momentos, porque el entusiasmo de la señora presidenta, Gisela Sánchez, es para crear una visión de optimismo ante la incertidumbre que se siente en todo el Istmo Centroamérica en medio de “un entorno internacional marcado por la incertidumbre económica”, en reflexión de muchos analistas económicos consultados. Para seguir con esa atmósfera de positivismo, que es buena en momentos como estos, ella sigue argumentando que: “el desempeño refleja una estabilidad relativa que contrasta con la volatilidad global, influenciada por factores como los conflictos en Medio Oriente, la guerra en Ucrania y las tensiones comerciales impulsadas por Estados Unidos”. Podría ser, podría no ser, como dice el Chavo del 8.
Lo que, sí es cierto, es que ese optimismo que destilan sus declaraciones se soslaya contra la realidad de que en los países del Istmo y en parte la República Dominicana, habrá un crecimiento del 4% promedio respecto del 2.2%, como media para América Latina en este periodo, según la Cepal.
Y es que hablar de Centroamérica como un “oasis de crecimiento” en este contexto global, es una metáfora adecuada sólo si se entiende de forma relativa: la región destaca por su capacidad de mantener números positivos frente a “la atonía global”, pero está lejos de ser un refugio invulnerable en contra de las incertidumbres que cada día se ciñen contra nuestras realidades. Y que nos golpean sin piedad alguna.
Ella lo ve (la Presidenta del BCIE) de la siguiente manera para seguir creando optimismo: frente a la situación mundial que nos arrastra cada vez más a una situación de mucha vulnerabilidad, a los países que no tienen los recursos para poder hacer frente a lo que se viene en el horizonte económico y geopolítico. “Tenemos que ver a Centroamérica como un pequeño oasis de crecimiento. Estamos esperando y proyectando para este año un crecimiento superior incluso al resto de América Latina. Estamos en este momento en un nivel de estabilidad mayor que en otras partes del mundo”.
Esto ayuda a cotejar la información que ha suministrado la señora Sánchez, en base a cómo se ha comportado la IED en el último año, pues ha habido un incremento sustancial respecto a años anteriores, en países como El Salvador, Costa Rica, producto de la estabilidad política y de seguridad, juntamente con la República Dominicana, que siempre sigue siendo un caso aparte y muy suigéneris, respecto a su estabilidad monetaria y de crecimiento sostenido, gracias a su industria turística y los empresas de zonas francas.
El dinamismo económico de la región también se evidencia en el flujo de inversión extranjera directa (IED). Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), “los seis países de habla hispana de Centroamérica captaron en 2024 un total de $13,533 millones en IED, lo que representa un incremento del 16.6% en comparación con el año anterior”.
Si lo vemos en perspectiva y de corto plazo,” este aumento refleja una mayor confianza de los inversionistas internacionales en la región, que ha logrado consolidarse como un destino atractivo para negocios a mediano y largo plazo. Factores como la estabilidad macroeconómica, la ubicación geográfica estratégica y la creciente integración regional han contribuido a este desempeño”, abonando a las declaraciones de la Presidenta Ejecutiva del BCIE.
Sin embargo, no todo es rosa, porque pese a las cifras positivas, la región enfrenta desafíos estructurales importantes que podrían limitar su crecimiento, si no se abordan de manera integral. Entre estos destacan los altos niveles de pobreza, la baja productividad y la necesidad de mejorar la competitividad. Y es que, la Cepal en uno de sus últimos informes, también llamó la atención respecto a eso cuando sentenció que: “Centroamérica pierde terreno frente al mundo, debido a un fuerte rezago en productividad, la baja productividad, la escasa diversificación económica y las debilidades institucionales continúan frenando el crecimiento de la región”. Porque su mayor fortaleza, (que es su debilidad a largo plazo), son los parques de zonas francas, las cadenas de valor logísticos, ya que la producción agropecuaria ha mermado sustancialmente en las últimas décadas, producto de que los gobiernos se embarcaron en la aventura de la importación de bienes de consumos y la potenciación de las cadenas de servicios, en vez de potenciar la producción nacional para la exportación.
Es que, si lo vemos en perspectiva nuevamente, “el horno no está para galletitas”, pues el entorno internacional, producto de la guerra arancelaria que el gobierno de Donald Trump está imponiendo antojadizamente, a diestra y siniestra, también afecta el entorno de inversión, exportación y producción de los países del Istmo y la República Dominicana.
“A estos retos internos se suman presiones externas como el incremento en los precios de los combustibles y la incertidumbre derivada de las tensiones comerciales a nivel global, factores que podrían impactar el desempeño económico en el corto y mediano plazo”, argumentó la Presidenta del BCIE. Al final de su intervención con los medios, lanzó un llamado a los países y gobiernos, para que no bajen la guardia en un momento en que de verdad se diferenciarán “los hombres de los muchachos”-frase mía-, a la hora de tomar decisiones que cambiaran o no la vida de la gente de esta parte del mundo, muy vulnerable y afectada por muchas situaciones, para las que estos gobiernos no están ni estaban preparados.
“Tenemos que afianzarnos muchísimo más en lo que estamos haciendo bien, en nuestras ventajas competitivas, y mostrarnos como una región unida, con estabilidad social y con oportunidades de aprovechar este momento coyuntural complejo a nivel global para crecer”, señaló. El llamado de los organismos regionales es claro: convertir este “oasis de crecimiento” en un desarrollo sostenible que beneficie a toda la población y reduzca las desigualdades históricas que aún persisten en la región.
Ahora bien, luego de ver estas anotaciones deberíamos nosotros hacer algunas reflexiones que ayuden, a esclarecer el panorama, o por lo menos, plantear nuestro posicionamiento respecto a ese optimismo expresado en su encuentro de unas semanas atrás con los medios nacionales e internacionales en Honduras, en la sede del BCIE.
No es que no estemos de acuerdo con sus declaraciones, muy por el contrario, las apoyamos en gran medida, lo que no compartimos, son los números y su desmedido optimismo, pues hay mucha “tela por donde cortar”.
Hagamos un poquito de historia. ¿Qué es el Banco de Centroamericano de Inversión e Integración? Como su nombre lo indica, es un banco regional que le sirve de palanca de inversión a los países que forman el Sistema de la Integración Centroamericana, SICA, con sede en Honduras. Fue creado el 13 de diciembre de 1960. Su fundación ocurrió con la firma del Tratado General de Integración Económica Centroamericana, que fue el primer paso a la integración plena de estos países. Sus países fundadores fueron Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.
Países socios regionales no-fundadores: son la Panamá y la República Dominicana, que forman parte también del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), y gozan de representación en el Directorio y en la Asamblea de Gobernadores del BCIE.
Hay también otros países socios extrarregionales que le sirven de apalancamiento: “son aquellos países que han considerado importante vincularse al BCIE para tener una presencia regional de carácter permanente, ampliando así su proyección internacional mediante el apoyo al desarrollo de los países fundadores”. Gozan de representación en el Directorio y en la Asamblea de Gobernadores. Estos países miembros son: México, República de China (Taiwán), Argentina, Colombia, España, República de Corea y Cuba.
Entre sus objetivos y razón de ser están:
- Promover la integración económica y el desarrollo social y económico equilibrado de los países de la región.
- Financiar proyectos públicos y privados que ayuden a generar empleo productivo.
- Reducir la pobreza y las desigualdades en los países socios.
- Mejorar la calidad de vida y el bienestar de los ciudadanos centroamericanos.
Con esta visión y misión, el BCIE ha ayudado a moldear la arquitectura de crecimiento de los países miembros del SICA, pues sirve de apalancamiento a sus sistemas financieros en momentos en que hay que tener una mano amiga para la sostenibilidad como naciones, y además la otra banca, la multilateral internacional y manejada por el imperio, no da las facilidades que este banco, porque tiene no los objetivos de sumisión que los otros (FMI, BID, BM).
Cada país accede a préstamos blandos, financiamientos para infraestructuras y todo lo que tiene que ver con educación, salud, seguridad, entre otros renglones. En los últimos años, países como Nicaragua, Honduras, fueron de los más beneficiados con los empréstitos del BCIE, a tal punto, que su antiguo Presidente Ejecutivo, el hondureño Dante Mossi, fue criticado por ésta digamos, parcialización hacia estos dos países, razón por la cual, dicen, no fue otra vez refrendado como Presidente, y al que se le acusa de cometer muchas “indelicadeces” en el cargo, llegando al punto de que algunos países del Sistema pidieron que se le enjuiciara por su actuación al frente del organismo regional y de integración.
Hoy, si recordamos, hace apenas 20 días está en el cargo del Sistema, una costarricense, en la Secretaría General del SICA, la Embajadora, Dra. Lina Ajoy y en la Presidencia del BCIE, otra funcionaria de su misma nacionalidad, la economista Gisela Sánchez, como ven, dos “ticas” en los máximos organismos de la integración manejados por dos costarricenses. ¡Mujeres al poder! Que no se nos olvide este dato, que al final puede ser muy revelador para fines “de banca y pool”.
Pero, volviendo a lo que nos toca, ¿cómo se comporta este “oasis de crecimiento”, en la cotidianidad, en los de a pie, en la economía ordinaria que hacen los que van al mercado día a día y ven que todo no es lo que se les dice en las reuniones ejecutivas y los comunicados a los medios?
Lo primero es que:
- Poder adquisitivo recortado por inflación: El alza persistente en los precios de energía y alimentos importados erosiona directamente el ingreso disponible de los hogares centroamericanos, limitando la efectividad del consumo como motor económico.
- Encarecimiento del crédito: Las altas tasas de interés globales y de los bancos centrales locales para frenar la inflación frenan la inversión privada y encarecen el endeudamiento público.
- Vulnerabilidad fiscal: Gobiernos con escaso margen de maniobra deben decidir entre aumentar subsidios a los combustibles/alimentos o recortar gasto social e inversión en infraestructura.
En ese entorno, es muy difícil de que se estructure un “oasis de crecimiento”, sí en la macro, no en la micro de los millones de seres que sobreviven con menos de 2 dólares al día. Esa es la triste realidad de nuestra Centroamérica, que realmente está en uno de sus momentos de mayor crecimiento económico, gracias a que muchos han apostado a su estabilidad, en especial los gobiernos que hoy trabajan un “proceso democrático”, muy especial, si se quiere, entrampado con la estrategia económica de inversiones en donde las migraciones son “el Talón de Aquiles” para tantas gente que no ve que realmente vivimos esa prosperidad, muy por el contrario, un tiempo atroz y cruel, que los hace cada día más infeliz en la tierra que los vio nacer. Aun y a sabiendas, que, si no fuera por las remesas, nos tuviéramos comiendo los unos a los otros.
¿Y qué esperar en este “oasis de crecimiento”, que es la Centroamérica que nos han legado y que es la que no hemos soñado?
Según las Proyección de Crecimiento del PIB por País (2026), de la Cepal, para el Istmo, así estarán las cosas, si todo sigue como va, sabiendo que los entornos son variables y que la geopolítica impone el devenir de los acontecimientos, aun y que aparentemente vivimos tiempos “no recios”, parafraseando a Vargas Llosa. Pero las guerras que hoy azotan el mundo son el reflejo de que ya están llegando esos tiempos:
Nicaragua: 4.5%; Panamá: 4.4%; Guatemala: 4.0%; El Salvador: 3.9%; Costa Rica: 3.7%;
Honduras: 3.5%.
(Si se incluye a República Dominicana como parte del bloque regional amplio CARD, ésta suele encabezar el crecimiento junto con Panamá y Nicaragua).
Este desempeño, según la Cepal, responde principalmente al dinamismo del consumo interno, el flujo constante de remesas y las oportunidades asociadas a la relocalización de inversiones (nearshoring) en la región.
Siguiendo con las conclusiones del organismo regional, en su informe sobre las vulnerabilidades a que nos enfrentamos, estos concluyen que:
“Más que un oasis blindado, el Istmo funciona como una zona de resiliencia moderada: su cercanía geográfica con Norteamérica, la solidez de las remesas y la integración regional le permiten amortiguar los golpes externos mejor que otros mercados emergentes, aunque sin escapar del todo al deterioro de las condiciones globales”.
Y yo agrego, además, que ahora el cambio climático y los fenómenos naturales (terremotos, huracanes) le están jugando una mala pasada, que más temprano que tarde, terminaran afectando el entorno económico y de inversión en todos los renglones. Como ya se siente en todo el llamado “corredor seco” de Centroamérica. Muestra de ello es, que ya en Honduras, gran parte de Guatemala, la gente no encuentra qué comer; en El Salvador, el gobierno ha tenido que llegar en ayuda (en la franja Norte, parte de departamentos de Oriente y la región Paracentral) con sus ya famosas cajas alimentarias para paliar las necesidades a los más humildes, donde ni la milpa ni los frijoles que sembraron van a ser suficientes para el sostenimiento de los suyos. A esto llaman “oasis de crecimiento”.
Es verdad, más inversiones están llegando. Más diversificación de la producción industrial se está llevando a cabo, el mercado inmobiliario nunca había tenido tal crecimiento, y eso es mano de obra ocupada; los países del Istmo no están perdiendo la oportunidad de profundizar en la matriz productiva, pero si lo vemos en amplio no es suficiente, por el entorno internacional tan adverso que se nos viene encima y la poca o nada planificación del futuro a que estamos acostumbrados.
Así lo plantea la Cepal: “el escenario geopolítico y económico de 2026 representa un desafío de doble filo para Centroamérica. Si bien, el entorno global presiona el costo de vida y los ingresos externos, la resiliencia del consumo local y ciertas tendencias estructurales permiten, que la región mantenga tasas de crecimiento cercanas al 3.9%, superando ampliamente el promedio general de América Latina”. Hasta cierto punto, esto es bueno. Y muy alentador.
Como se ve, el escenario presente y a futuro no presenta nada que referencie un “oasis de crecimiento”, A saber:
Guerra en Medio Oriente e hidrocarburos: El recrudecimiento de las tensiones en Oriente Medio impacta directamente a Centroamérica —un importador neto de energía— a través de alzas en los combustibles y lubricantes. Esto encarece los costos logísticos, la electricidad y la producción agrícola (por el costo de los fertilizantes), reavivando presiones inflacionarias.
Guerra en Ucrania y suministros clave: La prolongación del conflicto sigue afectando las cadenas de suministros agrícolas globales y granos básicos, empujando al alza el costo de los alimentos e impactando el bolsillo de los hogares más vulnerables.
Desaceleración de Estados Unidos: Un menor dinamismo en EE. UU. debilita dos de las mayores fuentes de divisas de la región:
Remesas: Aunque continúan ingresando flujos importantes, el ritmo de crecimiento de los envíos de dinero familiares tiende a desacelerarse frente a un mercado laboral estadounidense más endeble. Si los migrantes pasan sus días escondidos por miedo al ICE, cómo van a trabajar.
Exportaciones: Se reduce la demanda externa de productos clave de la región (maquila textil, café, banano y productos agroindustriales) hacia el mercado norteamericano. Y el (Catire Pelucón), Donald Trump, con su maquinita de aranceles hace la situación más difícil. Los países ya deberían estar detrás de otros mercados, el chino, Europa, por ejemplo.
Pero no todo está perdido en la región, muy por el contrario, muchos ven oportunidades reales para que se pueda creer que a corto plazo se pueda hablar de “un oasis de crecimiento”; entre esas oportunidades están:
Resiliencia y Oportunidades
Nearshoring y relocalización de inversiones: La inestabilidad global y la necesidad de las empresas norteamericanas de acortar sus cadenas de suministro han convertido a Centroamérica en una opción atractiva para la manufactura ligera, la logística y los servicios. Por eso, países como El Salvador están tratando de convertirse en un Hub logístico por su ubicación en la región del Istmo.
Comercio intraregional: El comercio entre los propios países centroamericanos actúa como red de protección cuando los socios extraregionales retroceden. Pero por eso, se está tratando de trabajar una red de ferrocarriles y autopistas modernas que agilicen la movilidad regional. La Union Aduanera, (El Salvador, Honduras y Guatemala) es el mejor ejemplo de esta apuesta.
Consumo e inversión interna: Las inversiones públicas en infraestructura en países clave como Panamá, Guatemala y El Salvador ayudan a sostener la actividad económica local.
“El comportamiento de la economía centroamericana se caracteriza por una desaceleración moderada en comparación con años previos, pero con un desempeño resiliente. Las economías de la región amortiguan el impacto exterior, pero enfrentan un reducido espacio fiscal y una mayor presión en el costo de vida de los consumidores”. Esta conclusión de la Cepal, al término de su informe, es la mejor manera de retratar lo que pasa en esta parte de las Américas. En donde, solo como eufemismo podemos hablar de “un oasis de crecimiento”; más bien, sería un verdadero “purgatorio” ante el sufrimiento que padecen millones esperando la redención (que nunca llega) que han anunciado todos sus gobiernos por los siglos de los siglos. Amen.
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