Aunque algunos advertimos que el problema de las relaciones tempranas de menores de edad en la mayoría de los casos con adultos varones no se resolvía prohibiendo el matrimonio infantil, puesto que generalmente se trataba de uniones libres, jóvenes legisladores, algunas asociaciones, líderes de opinión y las autoridades se montaron en la ola de la campaña de organismos internacionales de protección a la niñez para prohibir el matrimonio infantil, quizás porque era el camino más fácil.
Y decimos esto porque después de una intensa campaña mediática y de que se lograra la promulgación de la Ley 1-21 del 12 de enero de 2021 que prohíbe el matrimonio entre personas menores de 18 años, la cual modifica y deroga varias disposiciones del Código Civil y de la Ley 659 sobre actos del estado civil para eliminar toda posibilidad de dispensa de matrimonio de menores de edad, aunque en el artículo 145 del Código Civil francés, del cual copiamos el nuestro se mantiene para el Procurador Fiscal del lugar del matrimonio por motivos graves; parecería que sus fervorosos auspiciadores entienden que su trabajo terminó, a pesar de que no solo continúa intacta y tolerada la tragedia social del abuso cometido por mayores de edad contra niñas, que no pueden casarse, pero mucho menos consentir relaciones sexuales ni convivencia, sino también la violencia física contra ellas, y las escandalosas cifras de embarazos de adolescentes incluso de entre 11 a 13 años.
Y precisamente cinco años después de esta ley de prohibición del matrimonio infantil antes de finalizar enero nos estremecieron con el patético caso de la muerte de una niña de 13 años en San Francisco de Macorís de manos de su hermana mayor de apenas 22 años, quien supuestamente discutió con el joven de 20 años que abusaba de su hermana menor y quien según dice la había golpeado y alega que "No era a ella, se puso de escudo"; el cual es un horrible retrato del cúmulo de ilegalidades con que vivimos y que toleramos en nuestro país, una menor de edad que según la propia madre tenía un “esposo” con el que según se ha dicho vivía desde hacía unos 2 años, esto es desde que tenía apenas 11, que en la discusión entre hermanas se amenazaran y agredieran con cuchillos y machete, que la confesa asesina tuviera acceso a un arma de fuego ilegal.
En la trágica escena del crimen no solo quedaron como cuerpos del delito los casquillos de 9 milímetros disparados y las armas blancas, sino la inadmisible tolerancia e irresponsabilidad de la sociedad, un padre ausente que según relatan vecinos se separó de la madre cuando la víctima tenía 8 años, a quien algunos reprochan que “…sale ahora, pero él debió hacerlo hace mucho, porque eso tiene muchos años de relación”; y una madre que al parecer enfrentaba dificultades con su hija mayor, como ella misma ha dicho, la cual no debía tener acceso a un arma ilegal, y que al parecer consentía la relación de su pequeña con un adulto, a quien algunos vecinos, según se ha publicado, señalan como el culpable porque “tenía problemas por todos lados, eso está viral en las redes, lo que pasa es que aquí la gente no denuncia”; así como familiares se lamentan de que los testigos del hecho se limitaran a grabar videos y no intervinieron ni llamaran a la madre, todo lo cual es una funesta suma de irresponsabilidades.
Ojalá que este trágico hecho saque de su comodidad a los que escogieron el camino fácil de hacer un cotejo en un listado con la solución cosmética de la aprobación de una ley y la generación de muchas aprobaciones en las redes, pues desgraciadamente el problema de la unión infantil está muy lejos de resolverse en nuestro país, como lo está el del deterioro de los hogares. Mientras padres puedan seguir sembrando hijos por donde quiera sin ocuparse de ellos porque no son obligados a pagar su manutención, madres tengan que dejar sus hijos solos para salir a buscar su sustento o irse del país y dejarlos al cuidado de familiares, o emprender una relación tras otra con tal de buscar ayuda, mientras niñas sigan siendo convertidas en mujeres y abusadas, porque se ve como una salida a la miseria con la consecuente deserción escolar, y el consumo y tráfico de drogas sigan azotando, y la banalidad potencializada en las redes sociales siendo el norte, este problema seguirá sin solución. Es demasiado larga la cadena de ilegalidades, de irresponsabilidades, y de malas conductas, como también es demasiado ancha la inaceptable tolerancia.
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