No es cierto que la dimensión política de Bosch en sus textos comienza a partir del 1938, menos desde el 1939 con su llegada a Cuba. En 1929, en Santo Domingo, publica dos artículos políticos, uno dedicado a un libro publicado por Betancourt sobre la situación política de Venezuela y el otro sobre la situación política de nuestro país, con un presidente enfermo, aferrado al poder y un Trujillo maniobrando en la sombra para alzarse con el control político de la nación. Ambos textos indudablemente enojaron al tirano que controlaría el país por las próximas tres décadas. Por tanto su partida hacia España, con toda la familia, pocas semanas después, era un acto de sobrevivencia.
Bosch siempre fue realista sobre las realidades sociales, políticas y económicas. Basta con revisar sus textos sobre estos temas que representan la inmensa mayoría de los 40 volúmenes de sus obras completas para descubrir a un analista brillante y poco dado a las fantasías. Quizás su faceta literaria le permitió conjurar y acotar su mundo imaginario, y no contaminar su mirada política, pero a la vez narración y análisis revelan una honda sensibilidad social y búsqueda de la justicia.
En ese artículo de 1929, Los dos caminos de la hora, señala un hecho significativo: Los gestos de venganza de los pueblos, sí se improvisan. Desgraciadamente no saben matar las tiranías en su cuna y por ello, en la República Dominicana veremos resucitadas, si no se trata de evitar, no importa el proceso a seguir para ello, el desarrollo de ese monstruo terrible que se mueve ya en las entrañas, los días aciagos de monstruosas tiranías acabadas a sangre y fuego por hombres que dan hoy la espalda a su pasado glorioso (V. XXXIII, p. 384). Si no marchaba a España, esa tiranía en ciernes, que no iba a ser ajusticiada en su cuna, lo devoraría, y posiblemente toda su familia.
Sin un liderazgo sagaz y responsable la lucha contra las tiranías ha terminado en masacres de los más pobres y las juventudes. Y tal como Bosch señala, en el seno del gobierno de Vásquez se agazapaba la peor tiranía que conocería la sociedad dominicana. En gran medida Bosch se formaría como político enfrentando a Trujillo, desde antes que el déspota alcanzara la presidencia, y teniendo como propósito lograr una sociedad dominicana libre, democrática y donde la riqueza sea repartida equitativamente. Tarea todavía inconclusa en la sociedad dominicana.
Bosch escribe su artículo entre la reforma constitucional de junio del 1929, donde se permite la reelección de Vásquez, y el golpe de Estado del 23 de febrero del 1930 que lo derrocará. Con algo que nadie contaba, ni Bosch, ni Vásquez, ni siquiera Trujillo, que entre el 24 y el 29 de octubre del 1929 la bolsa de valores de New York se derrumbó estrepitosamente y sumió al mundo una crisis económica de escala planetaria. Si Vásquez gozaba de cierta popularidad por la buena marcha de la economía y las obras públicas, con la crisis de octubre del 1929 el país quedó sumido en una crisis económica aguda, la popularidad del presidente se hundió.
El azar favoreció a Trujillo y allanó su camino al poder, y desfavoreció a Bosch, ya que la crisis económica bloqueó sus pretensiones de instalarse en Barcelona como escritor y tuvo que marchar a Venezuela y luego regresar a Santo Domingo en el verano del 1931. Durante su estancia en España asistió a la caída de la dictadura de Primo de Rivera en enero del 1930, otra víctima en cierta medida de la crisis bursátil del 29, y pudo contemplar el grado de agitación social y política que conduciría al siguiente año a la abdicación del rey Alfonso XIII y el nacimiento de la Segunda República Española, pero ya para ese momento Bosch se encontraba en Venezuela o regresando a Santo Domingo en escalas por al arco de las Antillas Menores.
El primer enfrentamiento político de Juan Bosch lo fue con Horacio Vásquez y un Trujillo que maniobraba para alcanzar el poder político. No volvería a escribir de política hasta sus palabras de introducción al libro de Juan Isidro Jimenes Grullón en La Habana, en el verano del 1940. No obstante, puede considerarse como una reflexión política de gran hondura su carta a Trujillo el 27 de febrero del 1938 desde San Juan de Puerto Rico, pero eso será cuestión de otro análisis.
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