Como él mismo lo confesó, el encuentro de Juan Bosch con los textos de Eugenio María de Hostos en 1938 le cambió la existencia a tal grado que lo considera un segundo nacimiento. ¿Qué significó la influencia de Hostos en Bosch? Podemos resumirlo en: que el positivismo sociológico de Bosch (trasciende) la mera descripción o análisis de los fenómenos sociales, (…) se (acerca) a sus causas estructurales profundas y (la mira) desde la perspectiva de lo que pueden y deben ser capaces de construir los hombres con sus propios esfuerzos, hacia un intento emancipatorio (Mabel Caballero). Bosch con Hostos asume que el análisis de los hechos sociales demanda un compromiso con la transformación de la sociedad para la autonomía de los hombres y mujeres, y la construcción de sociedades más justas.

Tres décadas después de ese encuentro con Hostos vivió una experiencia semejante al estudiar el pensamiento de Karl Marx, a finales de los años 60 del siglo XX, que lo llevó a distanciarse del modelo político de la democracia representativa y acercarse a la concepción de la liberación nacional, pero siempre con el sello de Hostos en el conjunto de su obra como escritor, ciudadano y político. La integración del análisis marxista a su perspectiva política y la permanente honestidad de su vida personal las sintetizó en una entrevista que le hizo el periodista Luis Báez en enero de 1975 al declarar: No moriré en la mentira.

Ese segundo giro profundo de Bosch fue consecuencia de la invasión de los Estados Unidos a República Dominicana el 28 de abril de 1965 para impedir que él retornara a la presidencia y cumpliera el mandato que el pueblo dominicano democráticamente le concedió el 20 de diciembre de 1962. Ni Estados Unidos favorecía la democracia en República Dominicana, ni era posible construir una democracia dominicana debido al atraso económico y social del país. Esa era la perspectiva de Bosch al inicio de los años 70. Bosch fue hostosiano medular, lo demás se fue apoyando en ese núcleo duro de su vida, incluso la faceta marxista de las últimas dos décadas de su vida pública.

Volviendo al origen. ¿Qué pasaba en España que impulsó la migración del abuelo materno y el padre de Juan Bosch en la última década del siglo XIX? En el caso de José Bosch Subirats se sabe que partió de Tortosa a Francia, luego Marruecos y su primer destino en América fue Brasil. Justo en el último año del siglo XIX, el 1900, se tiene evidencia de que llegó a la República Dominicana.

Juan Gaviño Rodríguez, el abuelo materno de Juan Emilio, emigró a Puerto Rico, cuando todavía era parte de España, se casó con Petronila Costales Cintrón y tuvo dos hijas: Rosa y Ángela. Ángela Gaviño Costales fue la madre de Juan Bosch. Murió Petronila y Juan Gaviño se casó con Vicenta Cintrón Rodríguez. Con ella y sus dos hijas emigró a República Dominicana y al finalizar el 1897 tuvo una tercera hija con Vicenta: Juana Gaviño Cintrón.

Analizando la migración de españoles hacia el Caribe y el resto de América Latina entre 1882 y 1935 señala Pilar Pérez Fuentes que apoyándose en las series del Instituto Geográfico y Estadístico (de España) desde 1882: cifran en alrededor de 3 millones y medio los españoles que dejaron el país con destino a América, aunque estimaciones posteriores sitúan la corriente emigratoria entre 1882 y 1935 en torno a los 4,7 millones de personas. Aunque muchos regresaron a la península, un porcentaje alto se quedó y sembraron la tierra americana con sus descendientes: Juan Bosch fue uno de esos frutos.

José Bosch y Juan Gaviño fueron parte de ese inmenso proceso migratorio y el azar los llevó a encontrarse en La Vega. Lo curioso es que procedían de los dos extremos del desarrollo de España, mientras Juan Gaviño venía de la Galicia pobre, plagada de minifundios, que fue una de las regiones que más personas expulsó a América por la pobreza, José Bosch venía de Cataluña que, junto al País Vasco, era una de las locomotoras del desarrollo capitalista español con una gran masa proletaria.

La recepción de estos grandes volúmenes de emigración española en diversos países latinoamericanos la explican Consuelo Naranjo Orovio y Armando García González en varios artículos de los años 90 del siglo XX. Al finalizar el siglo XIX y los inicios del XX en muchos de los gobiernos y sociedades de nuestro continente tenían relevancia teorías racistas y explicaciones sociales basadas en ideologías darwinistas. Los blancos, sobre todo los europeos, eran considerados germen de civilización y desarrollo.

En el caso dominicano se destacó el llamado movimiento pesimista. Los pesimistas consideraban que el escaso desarrollo del país se debía a la mezcla racial de la mayoría campesina del país, la nula instrucción académica de los mismos y una dieta miserable. Una de las obras más importantes de ese movimiento fue la de José Ramón López titulada La alimentación y las razas, publicada en Cuba en 1896. Traer blancos al país supuestamente era una gran contribución al desarrollo social y económico de la República Dominicana. Trujillo durante su tiranía mantuvo esa política.

La España del último cuarto del siglo XIX padeció un ciclo de malas cosechas, lo que generó mayor miseria en zonas eminentemente agrícolas como el caso de Galicia, Asturias o Andalucía. Se incrementó el número de los jornaleros que presionaban las ofertas de trabajo en las ciudades industriales, desvalorizando los salarios. La disponibilidad de los vapores trasatlánticos que conectaban España con los puertos hispanoamericanos —sobre todo los boletos de tercera clase— y las ideologías racistas popularizadas en América Latina desataron la riada migratoria.

Ese siglo XIX concluyó con la humillación de España como potencia colonial al perder frente a Estados Unidos sus colonias de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam. La llamada crisis del 98 alentó aún más la migración hacia América.

David Álvarez Martín

Filósofo

Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). Especialista en filosofía política, ética y filosofía latinoamericana.

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