Si algo deberá reconocerle este país al primer mandatario de la nación a su salida de la Dr. Delgado con México, es su capacidad de lidiar con situaciones atenuantes y salir fortalecido de las adversidades. Lo hizo al llegar al gobierno en medio de una pandemia que obligó al cierre total de nuestras actividades económicas y productivas. Manejó con maestría la situación del alza de productos químicos para la agricultura por el conflicto ruso-ucraniano. Y navegó con prudencia en las turbias aguas de la beligerancia gringa contra Irán.

Habremos de valorar su lucha por la transparencia administrativa y la justicia independiente, la dignificación de las ayudas sociales y la firme decisión de no tocar los aspectos constitucionales referentes a la reelección, germen corruptor de casi todo el que ha sido presidente en República Dominicana. Ya consumada la elección como presidente de la organización política que lo llevó al solio presidencial en dos elecciones consecutivas, vale la pena poner énfasis en el discurso de asunción, pues marca la ruta de un líder cuyo escudo ha sido la coherencia y la honestidad.

Luis, el compañero de los miembros del Partido Revolucionario Moderno, con asiento de hecho y derecho en los máximos organismos de elección, decisión y ratificación internas con sostén estatutario, ha tomado el mando en medio de una precampaña prematura en la que hay inmersos al menos cinco perremeístas. Asume su mandato en un momento crucial para la permanencia de la marca que crearon huyendo de las injusticias y las imposiciones del “dictador” del otrora partido.

De ahí su firmeza al establecer como línea de su ejercicio al frente de la organización: que no escogerá un sustituto para la Presidencia de la República, ni tendrá un heredero o heredera política, y que va a impedir que se utilicen posiciones públicas para obtener ventajas indebidas. Resaltando que el partido que les costó sacrificio y lágrimas es más grande que cualquiera de sus miembros y que debe prevalecer como testimonio del fortalecimiento de la democracia, tantas veces amenazada por las ambiciones sin control de los políticos criollos.

Su discurso fue alentador y esperanzador para muchos perremeístas que, a pesar de sus esfuerzos, se sienten desplazados e ignorados por quienes ostentan cargos públicos. Pero la cereza del pastel fue el mensaje contundente a las pretensiones antidemocráticas de los que les temen al escrutinio de las bases por la desafección mostrada en estos seis años, y cito: “Serán los perremeístas, mediante los mecanismos democráticos de nuestra organización, quienes decidan”. “Así debe funcionar una democracia”. Concluye la frase que bien ha dicho el recién electo como máxima autoridad partidaria.

Luis Abinader conoce de fondo y de forma al PRM, su gente y sus dirigentes, sabe de la vocación democrática heredada de Peña Gómez, ha trabajado a tiempo completo su marca, forjó su perfil político al lado del liderazgo nacional y local. Siempre en sintonía con la realidad social. Sabe también que ningún político que desprecie el pueblo merece el favor de sus conciudadanos. 

Lo dicho allí, aniquila de facto el “bocinaje” pagado que auspicia la selección de un personaje ficticio, nacido de un laboratorio comunicacional, sustentando en las mediciones manipuladas y que, vive para las redes sociales y teme, como los vampiros, salir de su ficción mediática a tener contacto con los electores, porque ahí el algoritmo dice otra cosa. 

EN ESTA NOTA

Joan Leyba Mejía

Periodista

Periodista, Abogado y político. Miembro del PRM.

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