En un estudio reciente y especial ordenado por el mismo Ministerio de Salud de la República Dominicana, en el contexto del Plan Estratégico Nacional de Salud 2030 denominado «Levantamiento del Estatus Operativo de los centros del primer nivel de atención CPN», se observaron resultados impactantes y negativos, para la buena salud de los dominicanos.
El desorden administrativo y de corrupción reciente descubierto en SENASA, vino a destapar apenas la punta del iceberg de las causas del ¿por qué? la atención primaria de salud sigue desamparada. Es asombroso que gerentes, especialistas y técnicos que han estado comprometidos técnica y académicamente con estos procesos, salgan involucrados al mejor estilo de Vito Corleone, Emilio Barzini y Bruno Tattaglia.
De qué puede servir que el Ministerio de Salud aporte el mejor Plan Estratégico de Salud de toda su historia, si un conjunto de funcionarios y empresarios privados, nos insultan la inteligencia, haciendo negocios con lo que ha costado tanto para República Dominicana. Mientras muchos tuvimos concentrados en cómo hacer las cosas bien; un conjunto de personajillos hizo negocios privados y personales con lo que es un bien común de la Nación.
Los recursos de SENASA fueron desviados a manos privadas, sabiéndose que los centros del primer nivel de atención (CPN) que son el eje comunitario y social de la estructura de salud que aporta en el Estado al interior de las comunidades, hoy operan sin la capacidad de efectividad y bajo impacto resolutivo de gestión, con un personal mínimo. Los promotores y supervisores de salud están desconectados de la gestión.
Estos centros de primer nivel no tienen una estructura física estandarizada, en algunos el diseño y los materiales de construcción de madera y zinc, se valoran con otros con muros de bloques y techo en hormigón. Esta diversidad de entrada, sin preguntar e inquirir en su qué hacer de atención primaria, pone en evidencia en lo físico, el gran desorden conceptual que ha operado en la mente de la mayoría de los que han liderado el sector salud en los pasados 25 años.
En la generalidad de los 1,348 centros de atención primaria censados, la estructura física no se encuentra en estado de calidad básica tales como pared y centenas de techos con filtraciones, pintura desgastada y puertas deterioradas. El personal médico no está distribuido de acuerdo a los niveles de atención y de la demanda, varios establecimientos solo con el personal de conserjería;
Tampoco cuenta con suficiente personal administrativo, por lo que el personal médico asume funciones administrativas. Fue notable el no cumplimiento de horarios estándar de servicios, muchos al momento de la visita inicial, ya se encontraban cerrados.
Para la organización independiente ADESA (Alianza por el Derecho a la Salud (ADESA) resultó dramático la gran acumulación de recursos que se concentran en las denominadas «acciones comunes». Prácticamente, un 98.4% de las asignaciones al Primer Nivel de Atención son administrados de forma directa por la «dirección y coordinación» del programa. Lo anterior estaría indicando que apenas un 1.6% del monto total previsto para los años 2019, 2020 y 2021 que se transfiere directamente a las nueve (9) regionales de salud del SNS en el territorio.
Los 1,348 centros de atención primaria más del 70% no tienen condiciones físicas para operar; apenas 826 (61.2) tienen área destinada para la vacunación, cuando se sabe que el programa ampliado de inmunizaciones (PAI) para niños y adultos, es una de las herramientas centrales de la APS.
Se sabe que hoy más del 30% de los CPN no tienen acceso identificado de agua potable y aquellos que lo tiene la calidad del agua no resulta adecuada para la higienización de pacientes y materiales. Se destaca que el registro formal de personal de salud llegaba a 9,124 recursos humanos de los cuales apenas estaban activos 5,501 recursos humanos. De este total de centros con recursos efectivos de 5,501, arroja 4 personas por centro y apenas 1 médico cada 12.8 centros.
La Atención Primaria (APS) es la estrategia para controlar en la comunidad y las viviendas, las causas determinantes del daño a la salud. Para impedir que cientos de factores adversos iniciales, se transformen en graves enfermedades. Así está acordado desde que, en 1978, la Organización Mundial (OMS), lo pactó en Alma Ata, hoy ciudad de Kazajistán, una nación independiente para que antes formaba parte de la URSS.
En 2028 se cumplen 50 años de este pacto universal. República Dominicana puede alinear y efectuar en dos años, lo más crítico que tenemos pendiente. Más aún, cuando hemos logrado rescatar varios órganos de la seguridad social que estaban en manos de carteles de economía pecuniaria, como vía corrupta de acumulación de capitales.
En 1978, República Dominicana inició por lo alto, a cumplir esta estrategia. El gobierno del presidente Antonio Guzmán (1978-1982) y su ministro José Rodríguez Soldevilla, llenaron el país de clínicas rurales en un momento donde más del 70% de la población residía en el campo.
Se masificaron las vacunaciones de niños y mujeres, fortaleciéndose el Programa Ampliado de Inmunizaciones (PAI). El control prenatal se vigorizó para reducir mortalidades del embarazo. Igualmente surgieron nuevos y efectivos recursos humanos: supervisor, promotor y dirigente comunitario en salud.
Los sociólogos dominicanos, Dagoberto Tejeda, Magaly Pineda y otros pensadores, elevaron la teorización del abordaje de la medicina, para incluir la medicina social con nombre propio en universidades, especialmente en la PUCMM y la UASD. Juan César García, Jaime Breihl, Edmundo Granda y Asa Cristina Laurell, entre muchos otros, encabezaron una nueva escuela de la atención médica con la gente adentro, en América Latina.
Tenemos potencialidades para nueva vez, desplegar exitosamente, la atención primaria. El órgano rector, el Ministerio de Salud Pública (MSP), debiera ser apoyado para que vuelva a ocuparse del despliegue masivo de esta estrategia, en cientos de barrios y comunidades. Si se apoya al ministerio, SENASA y SNS, se alinean en esta orientación, tal como aconteció para controlar efectivamente, la pandemia COVID.
El Estado debiera garantizar que 1,348 centros de primer nivel estudiados en el plan estratégico sean resolutivos frente a los problemas de las enfermedades no transmisibles. Hay que lograr que 100% de estas unidades, tengan condiciones físicas, tecnológicas y presupuestarias.
Ocuparse realmente de promotores y supervisores para que se reduquen en las universidades. Se integren casa por casa y monitoreen la salud de la gente, que reside en 3.6 millones de viviendas. Podríamos conseguir que la atención primaria, sea el proyecto más generador de felicidad popular para el año 2028.
Las soluciones las aportaremos en la próxima colaboración.
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