La recensión, definida como subgénero del ensayo y que analiza sumariamente una obra literaria, científica o cultural, es una especie en vías de extinción en la República Dominicana. Ello se debe a la desaparición de los suplementos de la prensa escrita, la escasez de revistas especializadas en muchos campos del conocimiento y las artes, el ocaso del oficio del crítico y el perverso y habitual ninguneo tan bien conceptuado por Octavio Paz.
El lugar de la reseña ha venido a ser ocupado por el prólogo, escrito por un invitado del autor de la obra y que, al decir de Jesús Millán Muñoz, es un subgénero que se encuentra a medio camino entre la crítica y la teoría y el homenaje al autor y a su libro. El prólogo florece porque cada libro lo requiere, al ser carta de presentación del autor y su obra. Es más, como bien ha advertido el jurista alemán Peter Häberle, se puede decir que el prólogo es una bella, auténtica y consolidada tradición académica hispanoamericana.
Por eso me alegró saber que el gran historiador nacional, Frank Moya Pons, fue convencido por algunos de sus amigos, de publicar una antología de los prólogos, presentaciones, introducciones y reseñas que ha escrito sobre diferentes obras de historia dominicana, intitulada Lecturas históricas dominicanas y auspiciada por la Academia Dominicana de la Historia.
Como afirma Miguel Reyes Sánchez, en su presentación de esta obra, en ella Moya Pons “examina los libros con respeto al esfuerzo ajeno, pero sin renunciar al juicio crítico”. Logra así el autor estimular al lector a “aprender a pensar históricamente”, adentrándose en la lectura y análisis de un variado número de profundos estudios históricos.
La obra quiere ser un ejemplo para los nuevos historiadores, lo dice Moya Pons en la introducción de estas Lecturas, a fin de que se aboquen a “analizar obras históricas y redactar reseñas sobre estas intentando escribirlas con imparcialidad, objetividad, ecuanimidad y generosidad”, pues “la crítica académica, para ser buena, no tiene que ser negativa ni destructiva”.
He disfrutado muchísimo la presentación de Moya Pons de La Constitución de San Cristóbal de 1844 de don Emilio Rodríguez Demorizi; la de La cuestión racial y el proyecto de anexión a Estados Unidos de Bernardo Vega; la de Mito y cultura en la Era de Trujillo de Andrés L. Mateo; la de los gigantescos 3 volúmenes de Política económica y economía política (2009-2023) de Andy Dauhjare; y el prefacio de La República Dominicana: una ficción, de Juan Isidro Jiménez Grullón; por solo citar algunas de las lecturas que he tenido chance de leer siguiendo la recomendación de Reyes Sánchez de emprender la “lectura reposada” de obras históricas como esta magnífica colección de ensayos.
Leer la historia dominicana con los espejuelos del maestro Moya Pons nos permite también recorrer el camino -en el sentido de Heidegger- del autor, en su vida de académico e historiador, cómo le impactaron las obras reseñadas y su aproximación a los grandes debates de esta “disciplina infinita” que es la historia según De Quincey citado por Borges en su célebre prólogo a Gibbon. En palabras de Moya Pons respecto al ensayo de Mateo, sus superbas Lecturas provocan “el deseo de saber más” de nuestra compleja y apasionante historia.
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