Después de proclamada la República, el 27 de febrero, con apenas transcurridas las dos primeras semanas, el 10 de marzo el presidente haitiano Charles Rivière-Hérard ordenó la movilización nacional y convocó un ejército de 30 mil soldados divididos en tres cuerpos de a 10 mil, para marchar sobre la parte este de la isla recién liberada del dominio haitiano por 22 años.

Dos ejércitos penetraron por la frontera sur, uno al mando del propio Hérard, el otro por el general Alphonse Souffrant, y un tercero por la frontera norte, al mando del general Jean-Louis Pierrot.

Los ejércitos que penetraron por la frontera sur lo hicieron: uno por lo que hoy es Jimaní, siguiendo por Neiba, bajo el mando de Souffrant; el otro por lo que hoy es Elías Piña, tomando la ruta de San Juan de la Maguana bajo el mando del propio presidente Hérard, que confluirían en la ciudad de Azua en ruta hacia Santo Domingo, sede del Gobierno independentista.

El 13 de marzo de 1844, en lo que hoy es el municipio de Galván de la provincia de Bahoruco, las tropas de Souffrant fueron repelidas por tropas dominicanas, lideradas por Fernando Tavera, Vicente Noble y Dionisio Reyes, en la batalla de la Fuente del Rodeo, considerado el primer enfrentamiento armado tras la independencia.

Esta batalla ralentizó el avance del ejército haitiano liderado por Souffrant, permitiendo que el recién creado ejército dominicano, con escasa formación militar, mal equipado y superado decenas de veces por el ejército invasor, pudiera organizarse mejor para la decisiva batalla del día 19 de marzo, en Azua, evitando que ambos ejércitos confluyeran simultáneamente en dicha ciudad.

Mientras la columna de Souffrant fue retrasada, Hérard avanzó hacia Azua y el 18, en la tarde, llegó a Los Jobillos, donde fue detenido brevemente por Lucas Díaz.

Estos combates y emboscadas fueron las acciones libradas por las fuerzas dominicanas de avanzada como parte de la defensa adoptada por el coronel Antonio Duvergé desde Azua, encargado de la defensa de todo el sur, cuyo objetivo era desgastar y dilatar las fuerzas enemigas en su avance, mediante acciones móviles, cediendo terreno, aminorar la marcha e impedir que la división de Souffrant llegara a tiempo para participar en la batalla librada el 19 de marzo, lo que pudo lograrse por el arrojo, la valentía y el ingenio táctico del llamado Centinela de la Frontera, Antonio Duvergé Duval.

Mientras el grueso de las tropas invasoras se reagrupaba para concentrarse en Azua y seguir su marcha a Santo Domingo, dice el padre de la historiografía nacional José Gabriel García: «El coronel Duvergé, el hombre activo, en su papel de jefe de la línea, se movía incansablemente a lo largo de todo el perímetro de la defensa, mientras que Santana tenía su cuartel general en la retaguardia junto a Buenaventura Báez, Felipe Alfau y Lorenzo Santamaría».

Agregando:

«Cuando el segundo y sexto regimientos del ejército haitiano avanzaban por el camino del Barro, se encontraron de frente con los azuanos comandados por Duvergé, quienes, apoyados por los fusileros de Nicolás Mañón, irrumpieron en las filas haitianas en un heroico asalto a machetes, sembrando el terror y la muerte en el ejército de Hérard, quien ordenó la retirada total de sus tropas».

Pese a esa resonante victoria, el general Santana decidió retirarse a Sabana Buey en Baní, dejando la defensa de la ciudad de Azua y la retaguardia de su ejército a cargo de las tropas que dirigía Duvergé.

El abandono de Azua del grueso de las tropas dominicanas, que se replegaron con Santana la misma noche del 19 de marzo, más la llegada del general Souffrant dos días después, permitió que Hérard recuperara la plaza en que horas antes habían sido derrotados, teniendo Duvergé que retirarse y mantener el hostigamiento mediante la guerra de movimiento.

Acantonadas en Azua, donde permanecieron 47 días, las tropas haitianas al mando del presidente Charles Rivière-Hérard vieron frustrado el propósito de tomar la ciudad de Santo Domingo.

En ese tiempo, todo intento de salir de Azua fue frustrado por Duvergé en la batalla de El Memiso, librada el 13 de abril de 1844, logrando que las tropas haitianas no salieran del perímetro de Azua.

Derrocado el 3 de mayo por el general Philippe Guerrier, y contenido por Duvergé por 52 días, Charles Rivière-Hérard, al ver frustrada su intención de reconquistar la parte este de la isla, comenzó la evacuación definitiva el 7 de mayo de 1844, no sin antes ordenar el incendio de la ciudad de Azua, sin que Santana participara en ningún combate en la primera prueba de fuego de nuestra recién proclamada República.

Antonio Duvergé, coronel del naciente ejército dominicano, junto a Fernando Tavera, Vicente Noble, Dionisio Reyes y Nicolás Mañón, cargaron con el mayor peso en la primera gran batalla por el afianzamiento de nuestra independencia.

A ese verdadero héroe de la primera gran batalla en defensa de la creación de la nación dominicana, héroe de las batallas de La Estrelleta y Cachimán en 1845, cuando el presidente haitiano Jean-Louis Pierrot intentó recuperar la parte este de la isla, catalogada por este como simples rebeldes, y de la batalla del Número, en 1849, cuando el proclamado emperador Faustino Soulouque intentó nuevamente malograr la independencia del pueblo dominicano, fue que por no plegarse a sus planes dictatoriales Santana le hizo fusilar.

Es a ese héroe de la patria, llamado «El Centinela de la Frontera», fue al que el déspota Pedro Santana ordenó fusilar y presenció el fusilamiento junto a su hijo Alcides, de 23 años, el 11 de abril de 1855 en la común de El Seibo.

En el 182.º aniversario de la batalla del 19 de marzo, ¡viva la memoria del general Duvergé y los verdaderos héroes!

Es hora de reivindicar al general Antonio Duvergé Duval, ordenando que los restos de su asesino sean exhumados del Panteón Nacional.

Los restos de Santana no pueden estar junto a los de sus víctimas, en el Panteón de los Inmortales.