Decir la palabra álbum o álbumes resulta obsoleto, ya que se trata de un artefacto de la antigüedad.
Recuerdo en una ocasión que mi hijo iba a ser padrino de bautizo del hijo de uno de sus amigos, él me consultó sobre qué regalarle, quería darle una bicicleta, yo me escandalicé, lo consideré casi un sacrilegio, pues lo veía muy apartado de la solemnidad del momento y le sugerí le regalara un álbum. Yo misma me encargué de buscarlo, no fue fácil, pero di con uno hermosísimo luego de recorrer todas las librerías católicas, hasta dar con el que más se acercara a la tradición religiosa. No creo que causó el impacto que pensé, pues parece que dijeron que eso ya no se usa.
Tuvieron razón, la época de andar con una buena cámara con rollos para captar los mejores momentos para luego ir a revelarlos a establecimientos específicos, pasó.
En mi época de maestra o bibliotecaria de un colegio creé un boletín al que llamé “Serafín presente”; en él recogía todas las ocurrencias, noticias y cuantas cosas se me ocurrieran del personal, pero no solo de lo que ocurría en el plantel, sino que llegaba hasta la intimidad de las casas, por lo que era esperado diariamente por todos y todas. Pensé era la mejor manera de mantenernos unidos y que el diario vivir fuera más llevadero.
Recuerdo de esa época en que se buscaban y me reclamaban si no les mencionaba. Uno de mis seguidores más fieles fue Ramón, el esposo de Martha Baldallaque, una de las maestras del colegio.
Siempre tenía una cámara para poder captar los mejores momentos de cada cual. Cuando teníamos paseos iba como buena reportera retratando en las mejores poses a todo el mundo; nunca tomé una fotografía en poses desagradables, por lo que luego podía repartirlas cuando eran reveladas.
En estos días me he sentido muy nostálgica; “mi Nenecita creció”, se va para España a hacer un post grado.
Desde que nació la adopté como mi nieta, aunque es la nieta mayor de mi hermana Araceli.
Mis hijos y yo andábamos para arriba y para abajo con ella. Yo con cámara en mano retrataba hasta sus suspiros, por lo que fui preparando muchísimos álbumes de fotos. Los conservaba en mi casa, pensaba regalárselos el día en que se casara, pero al ella partir pronto para España, he pensado dárselos porque ahí está toda la historia de su niñez y no sé si el día en que decida casarse estaré presente.
Organizando fotos he sacado duplicados para tenerlas. En el trajín me encontré con fotografías de muchas de mis excompañeras y he aprovechado para retratarlas con la moda actual, “un celular” y enviarles a muchas, también con la moda actual de WhatApp, para que recuerden esos momentos tan importantes de sus vidas.
La modernidad ha cambiado hasta la forma de plasmar los momentos. En el día de hoy se usan los celulares y luego se va por ahí enseñando en ellos las fotos.
Cada uno guarda en sus aparatos electrónicos sus álbumes de fotografías. A mí que nadie me venga a enseñar esas fotos, no me gusta ese sistema.
Si hay algo emocionante en la vida es el reunirse en familia hojear algún álbum e ir recordando a los que ya se fueron, los que crecieron, comentar lo diferente que se está en la actualidad y revivir esos momentos que son parte de nuestra historia.
Las cámaras no pueden ser sustituidas por los celulares, así como las fotos físicas por las electrónicas, ni los libros en que se pueden manosear, rayar y disfrutar de su olor por esos virtuales que resultan tan impersonales.
Disfrutemos de lo antiguo que nos alegra el corazón.
Compartir esta nota