Cada 30 de junio, desde aquel lejano 1939, la República Dominicana se rinde en homenaje a una de sus figuras más trascendentales: el maestro. Este es un día consagrado a honrar, felicitar y conmemorar a quienes, desde las aulas, moldean el alma de nuestra nación.
Al mirar en retrospectiva, recuerdo mis propios inicios en el magisterio allá por septiembre de 1971. Aún atesoro en la memoria el cariño sincero de mis estudiantes y el respeto profundo de sus padres. En aquel entonces, el maestro no solo era una autoridad incuestionable; era reverenciado como un “segundo padre”. Resultaba impensable que un progenitor acudiera a la escuela a cuestionar a quien, con vocación y firmeza, corregía a su hijo para forjarle un mejor destino.
Es innegable que los tiempos han cambiado, pero la esencia permanece inalterable: el verdadero maestro, el que abraza esta vocación con el alma, profesa un amor infinito por sus alumnos. Es por ellos, niños, jóvenes y adultos, y por el porvenir de la República Dominicana, que hoy levanto mi voz. Aprovecho esta solemne ocasión para reafirmar que, amparados en el decreto 309-26 emitido por el ciudadano presidente de la República, estamos impulsando la más profunda transformación de nuestro sistema educativo.
Hablamos de una metamorfosis legislativa y curricular que trasciende las agendas gubernamentales para erigirse como un auténtico imperativo patriótico. Nuestro norte es alcanzar una educación de excelencia que dote a cada dominicano de la capacidad vital para aprender, desaprender y reaprender. En este colosal esfuerzo, los maestros son, indiscutiblemente, los protagonistas estelares.
Por ello, mi mensaje en este día va dirigido al corazón de cada docente:
“Maestro dominicano, tú eres el faro y la esperanza de la Patria; el estímulo vital que enciende la chispa en cada estudiante. Marchemos juntos para librar esta cruzada contra el atraso. Coloquemos a nuestro país en la vanguardia de la Cuarta Revolución Industrial. Logremos, con inquebrantable esfuerzo, disposición, autocrítica y sacrificio, que el pueblo dominicano sea el gran beneficiario, y jamás la víctima, de esta nueva era de revolución científica.”
Las maestras y los maestros debemos asumir nuestro lugar en la primera línea de esta vanguardia. Esta transformación no solo busca formar ciudadanos preparados para los desafíos de toda una vida, sino también entrenar y capacitar al capital humano necesario para duplicar el tamaño de nuestra economía de cara al año 2036.
Visualizamos una nueva Ley de Educación y un sistema renovado: una educación verdaderamente inclusiva y universal, capaz de regionalizar el currículo para abrazar nuestras realidades. Una educación que integre a todos los sectores de la sociedad, que no deje a nadie rezagado, y en la que los maestros vuelvan a ser venerados con la misma devoción que en el pasado.
¡Feliz Día del Maestro! ¡Que viva la República Dominicana!
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