Ya se ha dicho que la realidad es más rica que cualquier tratado o escrito, por muy importante que este sea. La vida cotidiana nos muestra, de manera práctica, concreta y viva, situaciones y aspectos que alimentan las reflexiones de quienes nos hemos dispuesto a analizar fenómenos y relaciones sociales y políticas de cierta profundidad.

Diariamente, los medios de comunicación nos hablan de las labores de proselitismo interno que se viven en los partidos que ejercen un papel dominante en el sistema político dominicano.

Para todos es conocida la lucha interna que se desarrolla en el PRM en la búsqueda de definir su candidatura presidencial. Ya nos hemos hecho eco de cómo se desarrolla la disputa por la candidatura presidencial de ese partido mediante la búsqueda de adhesiones, los amarres entre diversas fracciones partidarias y el uso de las instancias estatales al servicio de determinadas candidaturas para lograr consensos y crear relatos propicios para sus incumbentes, destacando sus logros como funcionarios en determinadas áreas del sector público. No hay confrontación de ideas, de proyectos, de enfoques, sino el tira y jala para demostrar quién es más fuerte. Una muestra más de lo que podríamos llamar utilitarismo político, al margen de las propuestas y proyectos para encarar los graves problemas que aquejan a la mayoría de los dominicanos y dominicanas.

En el caso de la FP, la cosa es diferente en muchos planos, pero, al fin y al cabo, igual en sus resultados en relación al tema que tratamos en este artículo. En este caso, es de suponer que la candidatura presidencial está definida y que recaerá en el presidente de dicha organización, aunque hay un impasse relacionado con la figura del senador fupista del Distrito Nacional, quien, según las encuestas, tiene mayor proyección hacia afuera. La cuestión es que aquí tampoco se pone el énfasis en proyectar una propuesta política más allá de la vocería periódica a la que estamos acostumbrados.

El PLD presenta un escenario complejo: hay una lucha por la candidatura presidencial en medio del control político y organizativo que ejerce la presidencia de dicho partido, la cual, según muchas opiniones, tiene preferencias claras por un candidato presidencial concreto. Más allá de esa situación, la suspensión de la famosa consulta para escoger al candidato presidencial, que fue defendida por la dirección partidaria, es un golpe político que incide en el estado de ánimo interno y en la proyección hacia afuera de esa organización. Aquí también la lucha es por lograr apoyos al margen de un debate que establezca claramente el perfil político de sus candidatos y permita identificarlos de acuerdo con sus ideas políticas y sus posturas ideológicas.

Lo común a todas esas organizaciones políticas y a los procesos que todas llevan a cabo actualmente es que, mientras estas élites políticas desarrollan sus actividades con absoluta normalidad, según las encuestas, un porcentaje amplio de personas se aleja de la política o se muestra apático a ella. He aquí una muestra clara de lo que se ha llamado la crisis de representación política. Esto implica que hay un desajuste pronunciado entre las agendas de los partidos y las expectativas, los problemas y las demandas de la gente.

Recientemente, la prensa difundió los resultados del Informe de Latinobarómetro 2026, en el cual el 68 % de los ciudadanos manifiesta no sentirse representado por su Congreso Nacional, así como que la confianza en los partidos se sitúa en un 20 % de los encuestados.

Por su parte, en la encuesta de AC Media de este mes, la proporción de dominicanos que afirma que no votaría si las elecciones presidenciales fueran hoy aumentó del 10 % en agosto al 13,7 % en octubre. Este dato expresa la distancia que existe entre la gente y la política.

Por otro lado, la distancia respecto de las organizaciones políticas sigue siendo considerable: el 59,9 % asegura que no simpatiza con ningún partido, una proporción apenas inferior al 60,6 % registrado en agosto. El descontento con la situación nacional resulta más marcado. Las opiniones negativas aumentan del 49,5 % al 57 %, mientras las positivas descienden del 48,7 % al 40,6 %. Así, el equilibrio observado en agosto da paso a una diferencia de 16,4 puntos a favor de las valoraciones desfavorables.

Estos datos nos muestran un escenario contradictorio: por un lado, mientras las principales organizaciones políticas desarrollan sus actividades internas de cara a las elecciones de 2028, una parte considerable de la ciudadanía expresa su distanciamiento de los partidos y cuestiona su capacidad de representación. Los procesos internos de los partidos se desarrollan al margen de los problemas que afectan a la gente, a la cual tampoco le interesa lo que allí sucede porque entiende que no impactará en sus condiciones de vida.

La competencia interna de los partidos es una dimensión legítima, pero se deslegitima cuando se hace únicamente para ganar candidaturas y de espaldas a la necesidad de construir proyectos políticos capaces de enfrentar los problemas cruciales que agobian a la gente.

La indiferencia hacia la política, el descontento ciudadano con las instituciones políticas, y, finalmente, el crecimiento de la abstención electoral nos revela la distancia entre la política que se desarrolla desde las estructuras partidarias y las preocupaciones, expectativas y demandas de amplios sectores sociales.

Cuando la actividad de los partidos se concentra fundamentalmente en la conquista y conservación del poder, pero sus vínculos con la ciudadanía se debilitan, la política se convierte en un privilegio exclusivo de unos pocos, en un asunto cada vez más distante de quienes deberían ser sus actores principales.

Esta situación nos evidencia que el desapego hacia la política, los políticos y los partidos ya no es una cuestión simplemente de dejar de asistir a los colegios electorales el día de la votación, sino algo más profundo que cuestiona directamente la calidad de la representación política que tenemos hoy en día.

Luis Salazar

Luis Salazar es analista e investigador social. Sus trabajos abordan los procesos de transformación de la sociedad dominicana, el sistema de partidos, los liderazgos políticos y los movimientos sociales. Actualmente es dirigente de Alianza País.

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