En un ecosistema mediático cada vez más saturado de inmediatez, superficialidad y ruido informativo, la permanencia de Acento durante quince años constituye un hecho digno de reconocimiento público. No se trata únicamente de la longevidad de un medio digital, sino de la consistencia de una apuesta editorial que ha privilegiado el periodismo independiente, el análisis con sustancia y la apertura al debate plural en la República Dominicana.
Mantenerse durante tres lustros en el cambiante y volátil mundo de la comunicación no es fruto del azar. La continuidad con calidad suele ser el resultado de una combinación exigente de liderazgo visionario, talento profesional, disciplina organizacional y trabajo en equipo. En el caso de Acento, esa ecuación ha permitido consolidar un espacio informativo que ha sabido adaptarse a las transformaciones tecnológicas sin renunciar a la densidad de sus contenidos ni a su compromiso con la verdad. Al observar de manera directa el trabajo del equipo de Acento se constata un ambiente de pasión, profesionalidad, respeto y alta motivación por lo que hacen.
Desde sus inicios, Acento se inscribió en la primera ola de experimentación del periodismo digital en el país, contribuyendo a abrir camino a nuevas formas de producción y circulación de la información. En aquel momento, apostar por un medio nativamente digital implicaba riesgos considerables en términos de sostenibilidad, credibilidad y posicionamiento. Quince años después, la trayectoria del medio confirma que aquella apuesta no solo fue pertinente, sino visionaria.
En la trayectoria más amplia del periodismo dominicano, Acento representa el paso desde la hegemonía de los medios tradicionales hacia un ecosistema digital más abierto, interactivo y plural. Su experiencia se conecta con la evolución histórica de la prensa nacional, desde las tribunas impresas del siglo XIX hasta las actuales plataformas multimedia, contribuyendo a legitimar el periodismo nativo digital como actor relevante en la formación de la opinión pública.
Uno de los aportes más relevantes de Acento ha sido su contribución al fortalecimiento de la democracia dominicana. Lo ha hecho al ofrecer una plataforma abierta a la pluralidad de voces, al escrutinio del poder público y privado, y al debate informado sobre los grandes temas nacionales. En un contexto donde con frecuencia predomina la comunicación vaciada de contenido, Acento ha defendido una comunicación con contenido, es decir, una práctica periodística que no se limita a reproducir hechos, sino que los contextualiza, los interroga y los somete al juicio crítico de la ciudadanía.
Otro rasgo distintivo del medio ha sido su capacidad para trascender la cultura monotemática que con frecuencia domina la comunicación contemporánea. Frente a la tendencia a reducir la agenda pública a ciclos de coyuntura efímera, Acento ha mantenido una cobertura amplia que integra política, economía, cultura, sociedad y pensamiento crítico, favoreciendo una comprensión más compleja de la realidad nacional.
No debe subestimarse la dificultad de sostener este tipo de proyecto en un entorno marcado por la volatilidad tecnológica, la fragmentación de audiencias y las presiones económicas que afectan al periodismo en todo el mundo. Que Acento haya logrado consolidarse como referencia informativa en este contexto habla de una institucionalidad editorial que ha sabido combinar adaptación e identidad, innovación y coherencia.
Al cumplir quince años, Acento no solo celebra su propia historia. También interpela al conjunto del sistema mediático y a la sociedad dominicana sobre el tipo de comunicación que necesitamos para los tiempos presentes. Una democracia de mayor calidad exige información de mayor calidad. Exige medios que eduquen, que incomoden cuando sea necesario, que abran puertas al pluralismo y que resistan la tentación de la trivialidad.
Ha sido señalado en ocasiones como prohaitiano, de izquierda o asociado a la llamada cultura woke. Sin embargo, lo que verdaderamente caracteriza a Acento es su vocación de apertura a la diversidad y a la pluralidad de miradas sobre la realidad. Esa es la sustancia de la vida democrática. Lo que resulta incómodo para ciertas sensibilidades no es el medio en sí, sino la persistencia de un espacio comunicacional que se resiste a la lógica autoritaria y antidemocrática basada en la negación de lo diferente.
Por ello, este aniversario merece ser valorado no solo como un hito institucional, sino como el resultado de un esfuerzo colectivo sostenido que ha contribuido a dignificar el oficio periodístico en el país. En tiempos de incertidumbre global y de transformaciones aceleradas, la experiencia de Acento confirma que el periodismo con contenido, con rigor y con vocación pública sigue siendo no solo posible, sino indispensable para la salud de la democracia.
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