Más de seis décadas han transcurrido del triple crimen cometido por Ranfis Trujillo, horas antes de su partida del país el 5 de junio de 1961.
Tiempo en que ha reinado la impunidad y la indolencia de los gobiernos que han transcurrido desde esa fecha que marcó a Víctor Martínez, hijo del Tte. José Manuel Núñez y hermano de los sargentos del Ejército Nacional Wenceslao Taveras (Martín) y Jorge Taveras, quienes eran custodios del general Román Fernández, implicado en el magnicidio del 30 de mayo de 1961 contra el dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina.
Impunidad e indolencia que no han sido vencidas por el olvido de sus familiares, encabezados por Víctor Martínez, quien desde que se despidió por última vez de su padre, aquel lúgubre 5 de junio, no ha dejado de reclamar a los gobiernos de turno y a la justicia dominicana que abran una investigación que permita conocer, finalmente, dónde fueron arrojados los cadáveres de sus seres queridos y quiénes fueron los verdugos que ejecutaron el crimen por órdenes de Ranfis Trujillo. Al último de los gobiernos al que le ha solicitado esa investigación es al del presidente Luis Abinader, sin obtener una respuesta que pueda esclarecer las tantas versiones que le han llegado desde aquel imborrable 5 de junio, cuando por última vez vio a su padre y hermanos.
En ese largo viacrucis, Martínez sintió un hálito de esperanza ante su incertidumbre al ver, el pasado 20 de febrero de 2014, en la portada de la revista «La Venda Transparente», dirigida por el fotógrafo Raifi Genao, la imagen de tres cadáveres desnudos arrojados por las olas del mar Caribe en un lugar desconocido.
Para su desgracia, al contactar al editor de la referida revista y narrarle la triste historia de sus parientes y su presunción de que los tres cadáveres publicados en su revista eran sus parientes, Genao le dijo que esa foto la había localizado en el archivo de prensa de la Presidencia de la República, durante el gobierno del expresidente Antonio Guzmán Fernández, cuando trabajaba en el Departamento de Prensa.
De este modo, según Martínez, tras concluir la conversación, Genao se mostró solidario e interesado en contribuir con el esclarecimiento del triple asesinato. Empero, después de este encuentro, jamás le tomó el teléfono.
Martínez, quien fue un combatiente de la guerra constitucionalista del 24 de abril, que tiene más de 50 años residiendo en Rhode Island, EE. UU., donde durante largos años viene trabajando como activista social en defensa de sus compatriotas, cosechando, junto a otros líderes de la comunidad dominicana, obras importantes, como la construcción, por el cabildo local, de una plaza en honor al Padre de la Patria Juan Pablo Duarte.
Lugar venerado por los criollos y punto de encuentro donde celebran actividades sociales y patrióticas.
Por su ejemplar comportamiento y servicios comunitarios, Víctor Martínez ha recibido reconocimientos del cabildo local.
Su trabajo comunitario lo inició en su país, en el barrio de Villa Consuelo, donde con la ayuda de otros criollos compró un solar donde edificó una escuela, donada por el empresario George Brugal y la oficina de la ex primera dama de la República, Margarita Cedeño.
En esa vivienda impartieron clases gratuitas decenas de niños pobres de la referida barriada. Iniciativa que no consiguió el apoyo de las autoridades de Educación, viéndose abocada al cierre.
Empero, en su afán por servirle a la comunidad del barrio que lo vio nacer, Martínez no se da por vencido y ahora quiere que el Ministerio de Salud instale en ese local una Unidad Nacional de Atención Primaria (UNAP) en beneficio de los pobladores de Villa Consuelo y sus vecindades. Pero, hasta ahora, no se ha producido ninguna respuesta por parte del Servicio Nacional de Salud (SNS), unidad responsable de esas instalaciones.
En estos 65 años del triple asesinato de su padre y sus hermanos, desde esa isla de los EE. UU., sigue clamando justicia y el fin de la impunidad que ha tenido que sufrir desde el 5 de junio de 1961, último día que vio a su padre y sus hermanos.
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