Domingo Abréu Collado es conocido en la República Dominicana como arqueólogo, espeleólogo y ambientalista. Durante más de cuatro décadas ha explorado cuevas, estudiado el arte rupestre y defendido el patrimonio natural del país. Ahora, suma una nueva faceta a su trayectoria: la de novelista. Conversamos con él sobre Maguacochíos, su primera incursión en la narrativa de largo aliento.

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Domingo Abréu Collado, autor de la novela MAGUACOCHÍOS.

-Usted es ampliamente conocido por su labor científica y ambiental. ¿Cómo surge la necesidad de convertirse también en escritor?

No fue una decisión planificada. Surgió de la necesidad de comunicar. Durante años entendí que mis hallazgos arqueológicos y rupestrológicos debían llegar a la población, pero en un lenguaje que pudiera comprenderse fácilmente. La escritura pública se convirtió en el puente.

En 1991 convencí a Radamés Gómez Pepín, entonces director del vespertino El Nacional, para que me permitiera publicar mis experiencias, descubrimientos y denuncias ambientales. Me pidió tres trabajos de muestra. Los publicó en tres fines de semana consecutivos, y a partir de ahí continué durante 16 años. Escribí más de 600 artículos bajo el encabezado “País Bajo Tierra”, desde 1991 hasta 2007.

-¿Cuál era el propósito de esos artículos?

Explicar con verbo llano la importancia cultural, geológica, hidrológica y ambiental de nuestras cuevas y cavernas. No solo las de la República Dominicana, sino también las que conocí en otros países. Cada viaje aportaba información que podía enriquecer el conocimiento local.

Mi objetivo siempre fue educativo: que la gente comprendiera el valor de ese patrimonio y se involucrara en su protección.

-Ahora da un paso más allá con la novela Maguacochíos. ¿Por qué elegir la ficción como vehículo?

Porque los textos técnicos de arqueología y antropología no siempre logran llegar al gran público. La novela permite algo distinto: informar con propiedad, pero desde la emoción y la narrativa.

Con Maguacochíos quiero explicar cómo vivían las primeras culturas del Caribe y cómo supieron que llegarían hombres de otras tierras que los esclavizarían y provocarían su desaparición como pueblo y cultura. La ficción me permite recrear su cotidianidad, su cosmovisión y su relación con el entorno de una manera más cercana.

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Conjunto pictográfico en el que aparece el quipu, instrumento de cuerdas de algodón usado por los incas. Cueva Hoyo de Sanabe.

-¿Qué aspectos de esas culturas desea destacar en la novela?

Su forma de vida armónica con la naturaleza. La singular comunicación que tenían con su entorno. El papel central de las cuevas y cavernas en su espiritualidad y organización social. También el recurso de la magia entre los pueblos arawacos para interactuar con las fuerzas naturales.

Quiero mostrar que no eran sociedades primitivas en el sentido peyorativo del término, sino comunidades con sistemas de pensamiento complejos, profundamente vinculados a los bienes de la tierra.

-¿Está dirigida especialmente a un público joven?

Sí. Uno de los propósitos es motivar a la población joven a dejarse seducir por la lectura. Si logramos que un lector joven se interese por nuestra historia aborigen a través de una novela, habremos avanzado mucho.

-En la novela aparecen personajes mayas y se menciona la presencia o influencia inca en la isla. ¿Es un recurso puramente ficticio o tiene base histórica?

No es un recurso gratuito. Existen evidencias rupestres en varias cuevas de la República Dominicana que apuntan a la presencia o, al menos, a una influencia cultural maya e inca entre nuestros aborígenes.

En las cuevas 1, 2 y 4 de El Pomier, por ejemplo, se identifican representaciones asociadas a las peripecias de los héroes mayas Ixbalanqué y Hunahpú. Asimismo, ciertas tradiciones registradas entre nuestros pueblos originarios, como el Atheabenequen —la práctica de enterrar vivas a mujeres preferidas de un cacique al momento de su muerte—, tienen paralelos documentados en el mundo inca y aparecen descritas por cronistas como Pedro Cieza de León.

También el mito arawaco sobre la creación de la mujer, presente en diversas Antillas, se encuentra representado en la llamada Cueva del Símbolo, en El Pomier. Estas y otras evidencias sugieren vínculos culturales más amplios entre pueblos del Caribe y civilizaciones continentales. En la novela, por tanto, la ficción se apoya en indicios arqueológicos y tradiciones documentadas.

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Pictografía de un jaguar negro en la Cueva Hoyo de Sanabe.

-La publicación también tiene un componente social.

Así es. Maguacochíos busca contribuir con la recaudación de fondos para que la Fundación Futuro Cierto continúe su proyecto nacional de construcción de viviendas para familias de escasos recursos en la República Dominicana. La literatura puede y debe tener también un impacto social concreto.

-Háblenos del proceso editorial.

La edición estuvo a cargo de Soraya Pina y la editora Cinco Hormigas Caribe. El diseño interior es de José Miguel Pérez N., mientras que la portada y las solapas fueron realizadas por Ana María López y MUEVE FLORE Estudio. La impresión se hizo en los talleres de Amigo del Hogar en 2025.

La novela tiene 305 páginas, además de un listado de personajes y un glosario del vocabulario indo-antillano de Cayetano Coll y Toste, que ayuda al lector a familiarizarse con los términos propios de nuestra herencia cultural.

-Después de tantos años bajo tierra, explorando cavernas, ¿qué significa ahora explorar la ficción?

En el fondo, es la misma búsqueda. Antes descendía físicamente a las cuevas; ahora desciendo en la memoria histórica y cultural de nuestro pueblo. Ambas exploraciones persiguen lo mismo: iluminar lo que ha permanecido oculto y hacerlo comprensible para todos.
Con Maguacochíos intento que el lector no solo conozca su pasado, sino que lo sienta y lo valore.

Elsa Peña Nadal

Periodista

Elsa Peña Nadal, socióloga y periodista.

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