El próximo torneo electoral representa, sin duda alguna, un punto de inflexión respecto al ciclo dominado por presidentes apoyados por el prestigio partidario, con una evidente excepción: los períodos del Dr. Balaguer; en la actualidad, el símbolo partidario resulta una mancha lejana en nuestra historia política electoral, dando paso así a la persona-política como marca electoral. En ese sentido, la apuesta y diferenciación de la oferta electoral ya no aguanta el simple cacareo del cambio y la honestidad como atractivo: llegó el momento histórico del compromiso social (y jamás promesa electoral) respecto a una propuesta ejecutable para superar temas sociales fundamentales en el sostenimiento de nuestra supervivencia como una nación más del mapa mundial.

En cuyo caso, los diferentes aspirantes no deberían diferenciarse en el Qué hacer, sino en el Cómo hacerlo a partir de la utilización del arma financiera disponible: La Ley General de Presupuesto y Gastos Públicos de la Nación; los desafíos o retos sociales a superar para apuntalar hacia el desarrollo siguen visibles y, sostenidamente olvidados como una verdad molesta que oprime los sentidos: (i) educación, tomando en cuenta la necesidad de entrenar la creatividad humana, para lo cual la comprensión lectora representa un pilar clave, (ii) el refuerzo del sentido de asociatividad y cooperación social como un componente crucial en la vida  y la senda hacia el desarrollo económico, (iii) el respeto a la diferencia y la diversidad como componentes del tejido, (iv) evitar la idea del consenso como evento motivador en la inversión pública, dado que tal práctica no es prueba de una verdad o de una necesidad social con efecto en el desarrollo social, (v) entrenar en salud como mecanismo eficiente para realizar inversiones en ese sector, lo cual reduce el gasto en atender en enfermedades (puesto que el valor de la salud se mide por la ausencia de enfermedades) y, una población saludable y educada siempre será más productiva en cualquier sector económico, (vi) la consolidación de nuestra frontera nacional, puesto que sin la existencia real de una frontera, entonces no existe nación y, (vii) educar en el respeto y mejoramiento del medio ambiente (dado que nuestra estructura genética responde a la medio ambiente).

Evidentemente, a la fecha, no se conocen las ideas y propuestas realizables, desde el punto de vista de la ejecución presupuestaria (pues de lo contrario, sólo seguirán siendo ideas) que rondan en los EGOS turbulentos que suelen adornar la estructura neuronal de los miembros de nuestra “clase” política; ya los partidos históricamente más emblemáticos han tenido representantes al frente del Poder Ejecutivo, así que todo parece indicar que ya es tiempo (y no necesariamente del tipo “a lo Fucker”) de asumir responsabilidades nacionales como reto político y dejar atrás las agendas del “YO” interno que, como fuego interior, suele quemar cualquier idea o pensamiento orientado hacia el “todo”. Sin el TODO, no somos nada en ese flujo del espacio-tiempo que nos determina.

Como estamos en un punto de inflexión en nuestra historia política, marcada por el ascenso de una nueva generación, resulta pertinente recordarles la eficacia mostrada por el método usual utilizado por los mejores talentos del ajedrez, al momento de poner en marcha una determinada estrategia: mirar hacia adelante lo que se quiere conseguir (la consolidación de una nación que protege a los menos afortunados) y pensar hacia atrás (una forma de punto de partida y cuantificación de recursos disponibles) sobre cómo alcanzar ese resultado deseado (en cuyo caso, nuestro referente histórico sigue siendo la figura de Duarte, ese que apenas se menciona en las escuelas y en los idearios políticos actuales).

A nuestro modo de ver, ese debería ser el proceso mental a seguir para arribar a una nación que ya ha logrado una historia de éxitos impecables; en efecto, la defensa de invasiones de piratas ingleses y franceses, superar los embates de dos intervenciones norteamericanas y los recientes éxitos en el campo deportivo (Félix Sánchez, Marileidy Paulino) nos avalan como una comunidad talentosa y que ha sabido encontrar la vía de la superación en situaciones difíciles. Y, como ya nos dibujara la pluma de don Pedro Mir, ese apoyo en la brisa nos hace más ligero y florido para un largo viaje por la ruta de la historia:

“Hay un país en el mundo

Colocado en el mismo trayecto del sol.

Oriundo de la noche.

Colocado en un inverosímil archipiélago

de azúcar y de alcohol.

Sencillamente liviano,

como un ala de murciélago

apoyado en la brisa…”

Así pues, el compromiso social de la emergente clase política, parece orientarse hacia la recuperación de esa “ala de murciélago que se apoya en la brisa” y nos rescata del miedo y la incertidumbre del futuro; por tanto, la apuesta debe estar del lado de la consolidación de un Estado enfocado en reducir la incertidumbre, lo cual requiere una mayor agilidad administrativa, eficacia en asignación de recursos financieros para ejecutar proyectos prioritarios. seguridad en el tránsito y la protección del talento humano desde la infancia. No basta con listar nuestras debilidades y retos sociales: el tiempo es ahora para la identificación de soluciones, sin importar quien asumirá el mando del Poder Ejecutivo; y, con un rango de mayor importancia: asumir propuestas factibles en la superación de ciertas situaciones, aunque provengan de mentalidades adversas en el plano político.

La democracia se fundó con un sólo objetivo: evitar las dictaduras de izquierda o derecha; en el tiempo de la sociedad de la información, la hoja de ruta de la democracia y de la política tiene que enfocarse y sustentarse más en las capacidades de las mentes humanas más brillantes y menos en los adeptos provenientes del signo partidario; estamos justos en medio de un nuevo renacimiento: el florecimiento de las competencias como expresión del talento humano: arma indispensable en el fortalecimiento económico, la defensa de nuestra soberanía y para mantener una relación amigable con nuestro medio ambiente como la base sustantiva y elemento indispensable para la puesta en marcha de cualquier estrategia de desarrollo.

En función de lo anterior, y tomando en consideración la abrumadora abstención del proceso electoral anterior, el candidato con la capacidad y el arrojo para liberar ciertas verdades de la opresión discursiva del pasado reciente tendrá ciertas ventajas de apoyo; entre esas verdades destacan: (i) la educación es la base del desarrollo, (ii) nuestra dimensión geográfica no es un obstáculo para el desarrollo, (iii) la mano de obra haitiana no es una fuente de desarrollo y sólo se ubica en sectores productivos que utilizan un bajo stock de capital humano (conocimientos) y, (iv) el gasto en salud es una falacia porque su centro de atención se dirige a la creación de nuevas infraestructuras para cuidar enfermos y no a evitar enfermedades. De hecho, no necesitamos más hospitales sino que funcionen según lo previsto y nos orientemos por una apuesta a favor de la salud desde el mismo acto del nacimiento de la persona; algo parecido puede estar ocurriendo en el sector educativo: urge un mayor grado de utilización de las tecnologías para los programas del bachillerato, educar en valores en la etapa inicial, con un sentido de identificación del talento natural de los infantes, a partir de la aplicación de la teoría de las inteligencias múltiples del Dr. Howard Gardner.

La suerte no será la clave para salir airoso en el proceso electoral del 2028; tampoco lo será el despilfarro de dinero, sino la sinceridad y el coraje para ganar la simpatía de esa masa de abstencionistas del pasado torneo electoral del 2024; y eso requiere dejar atrás las poses de promesas vacías y acudir hacia la masa de votantes con propuestas sinceras, coherentes y ejecutables financieramente en el período de gobierno establecido.

Fausto J. Hernández

Economista INTEC 1987. Doctorado en Economía, Bilbao 1995. Postgrado Matemáticas Puras, INTEC 2002. Máster Neurosicologia Educativa, CEUPE 2022. Profesor Economía Matemática INTEC 2009. Director Regulación y Defensa de la Competencia, Indotel 2005-2010.

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