La insistencia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en que Groenlandia debería pasar a control estadounidense volvió a colocar al Ártico en el centro de la disputa geopolítica internacional.

Sus declaraciones de ayer miércoles durante la cumbre de la OTAN en Ankara provocaron una respuesta inmediata de Dinamarca, del Gobierno autónomo groenlandés y de varios aliados europeos, que defendieron la soberanía del territorio y el derecho de sus habitantes a decidir su futuro.

En las últimas horas, el primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, reiteró que la isla "no está en venta", mientras varios miembros de la Alianza Atlántica cerraron filas con Copenhague frente a las nuevas afirmaciones del mandatario estadounidense.

¿Por qué Groenlandia volvió al centro del debate?

Trump reavivó disputa por Groenlandia y tensó a la OTAN con nuevas presiones sobre el Ártico

Las declaraciones de Trump durante la cumbre de la OTAN reabrieron una controversia que parecía atenuada desde el inicio de su segundo mandato. El presidente estadounidense afirmó que Washington "nunca debió devolver" la isla a Dinamarca tras la Segunda Guerra Mundial, al sostener que resulta indispensable para la seguridad de Occidente.

La respuesta fue inmediata. El Gobierno danés reiteró que Groenlandia forma parte del Reino de Dinamarca y que su soberanía no está en discusión.

Paralelamente, el primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, afirmó que ninguna presión externa modificará la posición de Nuuk: el futuro político de la isla corresponde únicamente a su población.

El valor estratégico del Ártico. Una posición militar clave

Con apenas unos 56 mil habitantes, Groenlandia ocupa una ubicación determinante entre América del Norte y Europa. La isla integra la denominada brecha GIUK (Groenlandia-Islandia-Reino Unido), uno de los corredores marítimos más sensibles para el monitoreo de la actividad naval rusa en el Atlántico Norte.

Estados Unidos mantiene allí la Base Espacial Pituffik, pieza fundamental de sus sistemas de alerta temprana, vigilancia espacial y defensa antimisiles, gracias a acuerdos de defensa vigentes con Dinamarca desde 1951.

El deshielo acelera la competencia

La reducción del hielo ártico incrementa el interés internacional por la región. La apertura gradual de nuevas rutas marítimas podría modificar el comercio mundial durante las próximas décadas y facilitar el acceso a importantes reservas de minerales estratégicos, tierras raras e hidrocarburos, esenciales para la industria tecnológica, la transición energética y la producción militar.

Rusia, China y la competencia por el Ártico

Trump ha justificado sus aspiraciones argumentando que Rusia y China aumentan su presencia en la región. Si bien especialistas cuestionan algunas de sus afirmaciones sobre una supuesta actividad militar inmediata frente a Groenlandia, coinciden en que ambas potencias han reforzado su estrategia ártica en los últimos años.

Rusia ha ampliado bases militares y capacidades navales en el norte, mientras China impulsa desde 2018 la denominada Ruta de la Seda Polar para expandir su influencia económica y logística en el Ártico.

Una anexión con escaso beneficio estratégico

Aunque Trump sostiene que Washington necesita controlar directamente Groenlandia, numerosos expertos en defensa consideran que Estados Unidos ya dispone de prácticamente todas las ventajas estratégicas que busca.

Los acuerdos bilaterales con Dinamarca permiten el funcionamiento de instalaciones militares estadounidenses y garantizan acceso operativo a infraestructura crítica sin necesidad de modificar la soberanía del territorio.

Analistas advierten, además, que un intento de anexión podría poner en riesgo precisamente esa cooperación y deteriorar la cohesión interna de la OTAN.

El interés de Estados Unidos por Groenlandia no comenzó con Trump. En 1946, el presidente Harry Truman intentó comprar la isla a Dinamarca. Décadas después, Trump recuperó esa idea durante su primer mandato y la convirtió nuevamente en un eje de su política exterior.

Groenlandia goza de un amplio régimen de autonomía desde 1979, aunque continúa formando parte del Reino de Dinamarca. Cerca del 80 % de su superficie permanece cubierta por hielo, pero el cambio climático ha elevado exponencialmente su importancia geopolítica al abrir nuevas posibilidades de navegación, explotación de recursos y despliegue militar.

¿La amenaza rusa y china justifica el giro de Washington?

Xi Jinping, presidente de la República Popular China, y Vladímir Putin, presidente de la Federación Rusa.

El argumento central de Donald Trump es que Groenlandia dejó de ser únicamente una pieza de la defensa estadounidense para convertirse en el principal frente de la competencia estratégica con Rusia y China en el Ártico.

Esa premisa tiene una base real, aunque los hechos muestran una situación más compleja de lo que plantea el mandatario: tanto Moscú como Pekín han incrementado significativamente su actividad en la región durante la última década, pero no existe evidencia pública de que alguna de las dos potencias esté en condiciones de disputar el control inmediato de Groenlandia.

Rusia: una expansión militar sostenida

Desde 2014, y especialmente tras la invasión de Ucrania en 2022, Rusia ha acelerado la militarización de su fachada ártica.

Moscú ha reabierto más de medio centenar de instalaciones militares heredadas de la Unión Soviética, modernizado aeródromos, construido nuevos puertos de aguas profundas y desplegado sistemas de defensa antiaérea S-400 y radares de largo alcance.

La Flota del Norte, con base en Severomorsk, concentra buena parte de los submarinos nucleares estratégicos rusos y constituye uno de los pilares de su capacidad de disuasión.

Además, Rusia ha incrementado las patrullas de submarinos bajo el hielo del océano Ártico y ha realizado ejercicios militares de gran escala para proteger la Ruta Marítima del Norte, un corredor que el Kremlin considera vital para el transporte de hidrocarburos y mercancías entre Europa y Asia.

La respuesta de la OTAN ha sido reforzar la vigilancia precisamente en la brecha GIUK —el corredor entre Groenlandia, Islandia y el Reino Unido— por donde inevitablemente deben transitar los submarinos rusos para acceder al Atlántico Norte.

China: una estrategia económica de largo plazo

La presencia china es muy diferente. Pekín no dispone de bases militares en el Ártico ni mantiene tropas permanentes en la región. Su estrategia se apoya en inversiones, investigación científica, infraestructura y acceso futuro a materias primas.

En 2018, el Gobierno chino publicó su primer Libro Blanco sobre el Ártico y se autodefinió como un "Estado cercano al Ártico", una categoría que no reconoce el derecho internacional pero que refleja sus aspiraciones geopolíticas. Ese mismo documento presentó la llamada Ruta de la Seda Polar como una extensión de la Iniciativa de la Franja y la Ruta.

Desde entonces, empresas estatales chinas han intentado participar en proyectos mineros en Groenlandia —especialmente vinculados a tierras raras y uranio—, manifestaron interés en financiar aeropuertos y puertos de aguas profundas y aumentaron la cooperación científica mediante estaciones de investigación polar y rompehielos especializados.

Aunque varios de esos proyectos fueron bloqueados por las autoridades groenlandesas o por presión de Dinamarca y Estados Unidos, Washington considera que la estrategia china busca construir influencia política antes que presencia militar.

Los minerales críticos: el verdadero tablero

Tierras raras, minerales estratégicos.

El elemento que une las preocupaciones sobre Rusia y China son los minerales estratégicos.

Groenlandia posee importantes reservas de tierras raras, grafito, litio, níquel, cobalto y otros minerales indispensables para fabricar semiconductores, baterías, turbinas eólicas, vehículos eléctricos, sistemas de inteligencia artificial y equipamiento militar avanzado.

Actualmente China domina buena parte del procesamiento mundial de tierras raras, lo que Occidente considera una vulnerabilidad estratégica.

Estados Unidos y la Unión Europea impulsan desde hace varios años una política de diversificación del suministro, y Groenlandia aparece como una de las pocas alternativas fuera de la esfera de influencia china.

Aldo Rodríguez Villouta

Radicado en República Dominicana desde 2017, donde trabaja en Acento (www.acento.com.do) y dirige la oficina dominicana de GlobeArt de Chile, su país natal. Previamente, corresponsal de Inter Press Service (IPS), Agencia EFE, Latin American New Service (Lans, EEUU), Associated Press (AP) y BBC en Ecuador, Brasil, Italia y Venezuela. Paralelamente, corresponsal en Venezuela y Ecuador de Monitor de Radio Red de México y colaborador de la Agencia France Press (AFP) y en varios medios de prensa nacionales de esos y otros países, entre ellos Ecuadoradio y Diario Meridiano, de Ecuador, y Gazeta Mercantil, versión Mercosul en Río de Janeiro.

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