"Juntos estamos en condiciones de (…) poner fin a décadas de sufrimiento, detener generaciones de odio y derramamiento de sangre, y forjar una paz hermosa, duradera y gloriosa para esa región [Medio Oriente] y para el mundo entero".
Esta fue la ambiciosa promesa del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al presentar su nueva Junta de Paz en el escenario principal del Foro Económico de Davos esta semana.
El mundo, plagado de tanto sufrimiento y conflicto, desea fervientemente creerle.
Pero para muchos observadores y funcionarios en capitales de todo el mundo, esto es una prueba más del empeño de Trump por desmantelar la arquitectura internacional de la posguerra y reemplazarla con nuevas instituciones, dominadas por él.
"No permitiremos que nadie juegue con nosotros", advirtió tajantemente el primer ministro de Polonia, Donald Tusk, en las redes sociales.
La idea surgió el año pasado para poner fin a la guerra en Gaza y ahora tiene una finalidad mucho mayor, más ambiciosa y de alcance global.
Pero de parte del mayor partidario de Trump en Europa, Viktor Orbán, llegaron elogios efusivos: "Si gana Trump, habrá paz".
¿Qué hará exactamente esta junta internacional, presidida de forma permanente por el propio Trump?
¿Podría ser esto un intento de crear una pequeña versión personal de la Organización de Naciones Unidas?
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