La vicepresidenta argentina, Victoria Villarruel, quedó en el centro de una nueva disputa dentro del Gobierno de Javier Milei después de expresar públicamente su preocupación por el estado de la salud mental del presidente.

La reacción de funcionarios oficialistas ha sido reclamarle que dé un paso al costado, pese a que Villarruel llegó a la Vicepresidencia mediante el voto popular como integrante de la fórmula que ganó las elecciones presidenciales de 2023.

En la segunda vuelta electoral del 19 de noviembre de 2023, la fórmula integrada por Milei y Villarruel obtuvo 14.554.560 votos, equivalentes al 55,65 % de los sufragios. La Asamblea Legislativa proclamó posteriormente a ambos como presidente y vicepresidenta de la Nación.

La situación plantea una particular paradoja institucional: una vicepresidenta elegida por millones de argentinos cuestiona el estado del presidente y la respuesta de integrantes del Gobierno consiste en pedir la salida de ella, no la del mandatario cuya capacidad está siendo cuestionada.

Villarruel habló de preocupación por Milei

El origen de la nueva confrontación está en declaraciones realizadas por Villarruel: manifestó que le preocupaba que Milei «replique insensateces e inventos» y posteriormente escribió que tenía una «genuina preocupación por su estado y por las persecuciones imaginarias» que, según afirmó, el presidente reproduce tanto en Argentina como en el exterior.

Villarruel no presentó un diagnóstico médico formal del mandatario. Sus declaraciones constituyen una valoración política y personal sobre el comportamiento y el estado del presidente, por lo que no se trata de la confirmación de una enfermedad mental.

Sin embargo, sus palabras introdujeron de manera explícita la salud mental y la capacidad del jefe de Estado en la disputa política.

Quirno y Santilli reclaman que se aparte

Funcionarios del Gobierno responden con pedidos de renuncia

El canciller Pablo Quirno fue uno de los últimos funcionarios en reclamar públicamente que Villarruel abandone el cargo.

Durante una entrevista con A24, calificó de «muy desafortunadas» sus expresiones y sostuvo que, si la vicepresidenta considera que Milei no tiene las capacidades mentales para dirigir el país, debería «dar un paso al costado».

Quirno acusó además a Villarruel de intentar generar desestabilización desde el comienzo del Gobierno y afirmó que realiza este tipo de cuestionamientos de manera recurrente.

El jefe de Gabinete, Diego Santilli, ya había formulado un reclamo similar. A finales de julio sostuvo que Villarruel debía apartarse si no estaba de acuerdo con el rumbo de la administración y le planteó que desarrollara su propio proyecto político.

La diferencia institucional entre los protagonistas es evidente. Villarruel ocupa la Vicepresidencia porque fue elegida por los ciudadanos como integrante de la fórmula presidencial. Quirno, en cambio, ejerce como canciller por designación del Poder Ejecutivo. Santilli, aunque cuenta con trayectoria electoral propia, ocupa actualmente la Jefatura de Gabinete por designación presidencial.

La pregunta que queda planteada

Si el problema es la capacidad presidencial, ¿por qué debe renunciar Villarruel?

La controversia deja abierta una cuestión que trasciende la pelea personal entre Milei y Villarruel.

Si las declaraciones de la vicepresidenta son interpretadas como una duda sobre la capacidad del presidente para ejercer sus funciones, la respuesta política del Gobierno ha consistido en cuestionar a quien formula la advertencia y exigirle que abandone el cargo.

No se ha anunciado, a partir de esas declaraciones, una evaluación médica oficial del presidente ni se ha reconocido institucionalmente que Milei esté incapacitado para gobernar.

Por eso, el conflicto debe distinguirse de un diagnóstico médico. No existe, en la información pública disponible, una certificación clínica oficial que permita afirmar que Milei padece una enfermedad mental que le impida ejercer  cargo.

Lo que sí existe es una disputa política abierta en la que la salud y el comportamiento del mandatario han pasado a formar parte de los argumentos utilizados por una integrante de su propia fórmula presidencial.

Una fractura que comenzó desde el Gobierno

La relación entre Milei y Villarruel se ha deteriorado progresivamente desde que ambos llegaron al poder. Las diferencias han abarcado cuestiones políticas, legislativas e institucionales y se han hecho cada vez más visibles.

La vicepresidenta preside además el Senado, lo que le otorga una posición institucional propia dentro del Estado argentino. Por ello, su enfrentamiento con el presidente no puede reducirse a una disputa entre dirigentes de un mismo partido.

La ruptura también ha generado respuestas dentro del propio oficialismo.

El presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala, salió en defensa de Villarruel y cuestionó los pedidos de renuncia formulados por Santilli y Quirno. La reacción evidencia que el enfrentamiento ya produce posiciones diferentes dentro del espacio gobernante.

Un mandato obtenido en las urnas

La condición electoral de Villarruel es uno de los elementos centrales de la controversia.

Los argentinos eligieron en 2023 una fórmula presidencial integrada por Milei y Villarruel. No se trató de un nombramiento posterior ni de una designación administrativa: ambos llegaron a sus cargos mediante una elección nacional.

Por eso, aunque un ministro, un jefe de Gabinete o cualquier dirigente político puede reclamar públicamente su renuncia, un pedido político no equivale a la remoción de una vicepresidenta elegida constitucionalmente.

La Constitución argentina establece mecanismos específicos para la eventual destitución del presidente o del vicepresidente, entre ellos el juicio político, por las causales y procedimientos previstos constitucionalmente.

La discusión actual, por tanto, no es simplemente si Villarruel debe o no renunciar. También pone sobre la mesa quién tiene legitimidad para reclamarlo, bajo qué circunstancias y qué ocurre cuando una integrante elegida de la fórmula presidencial cuestiona públicamente la capacidad del presidente con quien llegó al poder.

Una disputa que coloca la salud mental en el centro

El episodio vuelve a colocar la salud mental de Milei en el debate público, pero también expone los límites de utilizar diagnósticos o apreciaciones psiquiátricas como armas dentro de una confrontación política.

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