El presidente Donald Trump generó una nueva controversia durante un mitin en Grand Island, Nebraska, al referirse al impacto de la guerra con Irán y a los elevados precios de combustibles y otros productos, un precio pequeño frente al objetivo de mantener la seguridad de Estados Unidos, dijo y añadió que Irán podría destruir una ciudad, y mencionó expresamente a Los Ángeles y San Diego.
La declaración provocó una rápida reacción de dirigentes californianos que interpretaron las palabras como una referencia inaceptable a la posibilidad de que ciudades estadounidenses fueran atacadas.
El episodio ocurrió a menos de un mes de las elecciones legislativas de medio mandato del 3 de noviembre, en un momento en que Trump participa activamente en actos para respaldar a candidatos republicanos.
Los Ángeles y San Diego, además, no son ciudades elegidas al azar dentro del debate. San Diego concentra importantes instalaciones militares estadounidenses, mientras que Los Ángeles alberga infraestructura estratégica vinculada con la industria aeroespacial y la defensa.
Newsom ordena supervisar posibles amenazas
El gobernador de California, Gavin Newsom, calificó los comentarios de Trump de peligrosos y afirmó que no los tomaría a la ligera.
Newsom anunció que había ordenado al Centro Estatal de Evaluación de Amenazas mantener una vigilancia activa ante la posibilidad de que actores extranjeros pudieran interpretar las palabras del presidente como una invitación a atacar el estado.
El gobernador mantiene desde hace años un enfrentamiento político con Trump, que se intensificó durante las protestas registradas en Los Ángeles en 2025 y el posterior despliegue de fuerzas federales y de la Guardia Nacional.
Alcaldes de Los Ángeles y San Diego también reaccionan
La alcaldesa de Los Ángeles, Karen Bass, sostuvo que el presidente tiene la responsabilidad de proteger a los estadounidenses y no de utilizar un lenguaje que pueda poner en riesgo sus vidas.
El alcalde de San Diego, Todd Gloria, rechazó igualmente la idea de que su ciudad pudiera ser considerada un daño colateral o un costo aceptable de la guerra.
La reacción también alcanzó a algunos republicanos. Varios dirigentes de ese partido se distanciaron de las declaraciones, aunque el rechazo más contundente provino de funcionarios demócratas de California.
La Casa Blanca ofrece otra interpretación
La Casa Blanca rechazó que Trump estuviera proponiendo un ataque contra Los Ángeles o San Diego.
El director de comunicaciones de la Casa Blanca, Steven Cheung, sostuvo que el presidente se refería al peligro que, según su argumento, habría representado un Irán con armas nucleares si Estados Unidos no hubiera intervenido para impedir esa capacidad.
La controversia, no obstante, se mantiene porque Trump sí mencionó explícitamente a las dos ciudades al hablar de un posible costo de la guerra.
Una guerra que también tiene un costo político
La polémica se produce mientras la guerra con Irán continúa afectando los mercados energéticos estadounidenses. El conflicto ha contribuido al aumento de los precios de los combustibles, una cuestión políticamente sensible para la Casa Blanca cuando se aproximan las elecciones de medio mandato.
Trump ha insistido en que la guerra terminará pronto, pero hasta el momento no ha presentado públicamente una salida concreta que permita cerrar el conflicto.
La tensión alrededor del estrecho de Ormuz, una vía fundamental para el transporte mundial de petróleo, continúa siendo uno de los principales factores de presión sobre los mercados energéticos.
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