"Hemos liberado a Hungría", exclamó Péter Magyar el domingo 12 de abril tras la amplia victoria electoral de su partido, Tisza, sobre el Fidesz del primer ministro saliente, Viktor Orbán.

La prensa internacional también destacaba el "fin de una era" tras estas elecciones legislativas, que han sido seguidas con gran interés desde Moscú hasta Washington, pasando por Bruselas.

El ultraderechista, populista y autoritario Viktor Orbán pierde efectivamente el poder tras haber reinado sin oposición en Hungría durante 16 años. Pero su rival victorioso, Péter Magyar, quizá se precipita un poco al proclamar que Hungría queda así "liberada" de la noche a la mañana del sistema Orbán.

Una Hungría "orbanizada"

No es un capítulo que pueda cerrarse tan fácilmente. "En su discurso tras la victoria, Péter Magyar hizo ambiciosas promesas de restaurar el Estado de derecho y reparar las relaciones (de Hungría) con la Unión Europea y la OTAN. Serán muy difíciles de cumplir", profetiza Zsuzsanna Szelényi, exdiputada húngara y opositora a Viktor Orbán, en un artículo de opinión publicado por 'The Guardian'.

Efectivamente, Péter Magyar se enfrenta a un obstáculo de gran envergadura: una Hungría "orbanizada".

En 16 años, Viktor Orbán ha construido "un Estado-partido con características de Estado mafioso (clientelismo, corrupción, culto al líder)" que no se va a dejar desmantelar así como así, asegura Umut Korkut, investigador en política internacional y especialista en Hungría de la Universidad de Glasgow.

El primer ministro saliente y su partido han puesto todo el aparato del Estado a su servicio a lo largo de los años, "hasta los alcaldes de los pueblos más pequeños, que también han sido integrados en este sistema político piramidal con Viktor Orbán en la cúspide", explica Sherrill Stroschein, especialista en cuestiones de democracia y autoritarismo en Europa Central en el University College de Londres.

El Fidesz también "ha puesto a los medios de comunicación bajo su control, para luego atacar la libertad académica en las universidades, antes de acabar con cualquier espacio en el que pudiera expresarse una crítica al poder establecido", prosigue esta investigadora, que ha estudiado el giro autoritario de Hungría bajo el mandato de Viktor Orbán.

La "desorbanización" del Estado representa, por tanto, una prioridad indiscutible para el nuevo hombre fuerte del país, según estiman los expertos consultados.

Péter Magyar parece, por otra parte, ser consciente de ello: ya el 12 de abril por la noche pidió al presidente húngaro Tamas Sulyok —un aliado de Viktor Orbán— que dimitiera. A continuación, reiteró su llamamiento, ampliándolo a aquellos a quienes califica de "marionetas" del poder saliente.

En este sentido, existe un escenario optimista para el ganador de las elecciones: privado de su líder, "el Estado mafioso puede empezar a desmoronarse por sí solo", señala Umut Korkut.

El Fidesz no tiene un sucesor designado para Viktor Orbán y, si este se marcha, "al partido le costará mantener su influencia, ya que era lo único que lo mantenía unido", añade Eszter Simon, especialista en Hungría y relaciones internacionales de la Universidad de Nottingham Trent (Reino Unido).

La mayoría calificada al rescate

De hecho, están empezando a aparecer signos concretos de fisuras en la arquitectura del Estado-partido del Fidesz.

"Varias personas, principalmente procedentes de los servicios de inteligencia, la policía y el Ejército, han concedido entrevistas en las que denuncian el sistema de Orbán", señala Krisztina Lajosi-Moore, especialista en nacionalismo en Hungría y Europa Central de la Universidad de Ámsterdam.

Pero, en su opinión, tampoco hay que dar por vencido a Viktor Orbán demasiado pronto. En su discurso de concesión, "en lugar de dimitir, reconoció la derrota, al tiempo que dejó claro que seguiría luchando", subraya esta experta.

En otras palabras, Péter Magyar corre el riesgo de tener que actuar como director de recursos humanos sin piedad. Por suerte para él, "su partido ha obtenido la mayoría calificada, es decir, una mayoría de dos tercios en la Asamblea, tras las elecciones, lo que le facilitará mucho la tarea", asegura Krisztina Lajosi-Moore.

"Le permitirá cambiar rápidamente todas las leyes que quiera modificar y destituir a muchos partidarios de Viktor Orbán. Sin esta mayoría de dos tercios, la tarea habría sido mucho más complicada, si no imposible", precisa Eszter Simon.

Para Umut Korkut, esta amplia victoria electoral era esencial "para poder cambiar la Constitución, lo cual es un paso indispensable para iniciar la 'desorbanización' del país".

Este proceso también debe ponerse en marcha muy rápidamente. Si Péter Magyar tarda en actuar, "la disciplina del partido Tisza —que se formó inicialmente para expulsar a Orbán del poder— corre el riesgo de resquebrajarse a medida que los debates aborden temas controvertidos como Europa, Ucrania o las reformas económicas", prosigue Umut Korkut.

Y sin el apoyo inquebrantable de su coalición, al nuevo hombre fuerte húngaro le resultará mucho más difícil desmantelar el Estado-Fidesz.

Péter Magyar contra los oligarcas

Ese Estado-partido no se limita a los fieles del primer ministro saliente puestos en cargos estratégicos. "El sistema Orbán se ha infiltrado en los medios de comunicación, la cultura o incluso el tejido económico", denuncia Zsuzsanna Szelényi.

Así, la batalla entre Péter Magyar y los oligarcas que se han beneficiado del reinado de Viktor Orbán se perfila como crucial para evaluar la capacidad de resistencia del antiguo régimen. "Péter Magyar ha expresado explícitamente su voluntad de ir a por aquellos que, a su juicio, han robado al Estado", subraya Sherrill Stroschein.

En marzo, el 'Financial Times' publicó una investigación sobre 13 empresarios húngaros, algunos de los cuales han multiplicado su fortuna por 15 gracias a su cercanía a Viktor Orbán. Es posible que estos no quieran que se cierre el capítulo de Orbán tan fácilmente.

"Péter Magyar parece decidido a luchar contra la corrupción y, en particular, ha anunciado su intención de colaborar con la Fiscalía Europea, cuya labor principal es precisamente esa", destaca Krisztina Lajosi-Moore.

Pero, por otro lado, "¿realmente va a 'iniciar procesos por corrupción contra ellos'? Porque la situación podría tensarse rápidamente", se pregunta Eszter Simon.

Sin embargo, la "desorbanización" representa "una condición fundamental para desbloquear los fondos europeos necesarios para financiar las reformas futuras", asegura Umut Korkut.

Cuatro años —la duración del mandato del primer ministro— podrían no ser suficientes para "liberar" a Hungría del sistema Orbán, estiman los expertos entrevistados por France 24.

Pero entre la amplia mayoría obtenida, el perfil conciliador de Péter Magyar y la batalla interna que se avecina en el Fidesz para ajustar cuentas por la derrota de Viktor Orbán, las condiciones difícilmente podrían ser mejores para lograrlo.

Adaptado de su versión original en francés

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