Cada año, el último domingo de mayo, las familias de República Dominicana se reúnen para celebrar el Día de las Madres, una de las fechas más emotivas y significativas del calendario nacional. Sin embargo, mientras gran parte del mundo lo celebra el segundo domingo de mayo, los dominicanos mantienen una tradición distina, ¿por qué?

El mundo celebra en el segundo domingo ¿por qué nosotros no?

La tradición moderna del Día de las Madres nació en Estados Unidos. Fue Anna Jarvis quien, en 1908, comenzó a conmemorar la fecha en honor a su madre, la activista social Ann Marie Jarvis, fallecida precisamente un segundo domingo de mayo de 1905.

Años después, en 1914, el presidente Woodrow Wilson declaró oficialmente la festividad nacional en Estados Unidos, consolidando el segundo domingo de mayo como fecha oficial. Ese modelo luego se extendió por gran parte del mundo.

Pero República Dominicana decidió no seguir ese camino, cuando en 1926 se discutió instituir el Día de las Madres en el país, la iniciativa no surgió como una simple adaptación extranjera. Nació desde Santiago de los Caballeros, impulsada por mujeres dominicanas que buscaban darle al país una celebración propia.

La fecha elegida inicialmente fue el 30 de mayo de 1926, día que cayó martes. Con el tiempo, la celebración se trasladó al último domingo de mayo para facilitar que las familias pudieran reunirse y participar en los homenajes.

Así nació una diferencia que, casi cien años después, sigue distinguiendo al calendario dominicano del resto del continente.

Ercilia Pepín, la maestra detrás de la fecha

La figura más vinculada al origen del Día de las Madres en República Dominicana es Ercilia Pepín.

Nacida en Santiago el 9 de diciembre de 1886, Pepín fue maestra normal, escritora, sufragista y una de las voces intelectuales y cívicas más influyentes del Cibao durante las primeras décadas del siglo XX.

Fue ella quien organizó el Comité Pro-Día de las Madres en Santiago, convocando instituciones educativas y representantes de la sociedad civil para darle carácter oficial a la celebración.

La iniciativa tenía además un significado simbólico importante: el país acababa de salir de la ocupación militar estadounidense ocurrida entre 1916 y 1924, por lo que crear festividades nacionales propias también representaba un acto de identidad cultural.

En su texto Invocación en el Día de las Madres, Ercilia Pepín escribió que las madres eran guía de las generaciones y que la fecha debía rendir homenaje a la madre viva y a la madre muerta, a la madre propia y a la madre ajena.

Pepín falleció en 1939, trece años antes de que las mujeres dominicanas conquistaran el derecho al voto. Sin embargo, la fecha que ayudó a crear continúa viva cada último domingo de mayo.

¿Por qué los dominicanos celebramos el Día de las Madres el último domingo de mayo?

El decreto de 1926 y el rol de Trina de Moya

El 30 de mayo de 1926, durante el gobierno del presidente Horacio Vásquez, el Día de las Madres quedó establecido oficialmente como festividad nacional.

Junto a Ercilia Pepín, otra figura importante fue Trina de Moya de Vásquez, poetisa y esposa del mandatario.

Su aporte fue literario y simbólico: escribió el Himno a las Madres Dominicanas, estrenado durante aquella primera celebración y cuyos versos todavía se interpretan en escuelas del país.

El Comité Pro-Día de las Madres también definió los símbolos de aquella primera festividad:

  • Clavel rojo para quienes tenían a su madre viva.
  • Azucena o nardo blanco para quienes ya la habían perdido.

Con el paso del tiempo, esas tradiciones evolucionaron hacia los regalos, reuniones familiares, almuerzos y flores, aunque el sentido original de homenaje y gratitud permanece intacto.

¿Por qué los dominicanos celebramos el Día de las Madres el último domingo de mayo?

Dato curioso: ¿sabías que las impulsoras del Día de las Madres en RD nunca tuvieron hijos?

Existe un detalle curioso detrás del origen de esta celebración: ni Ercilia Pepín ni Trina de Moya tuvieron hijos biológicos.

Trina de Moya resumió esa realidad en una frase que se hizo célebre: “El buen Dios nos quitó nuestras hijas para darnos por hijos un Pueblo”.

Por su parte, Ercilia Pepín dedicó su vida a la educación de generaciones de dominicanos, dirigiendo escuelas y formando maestras en distintas regiones del país.

Fueron precisamente dos mujeres sin hijos propios quienes ayudaron a darle a República Dominicana una de sus celebraciones familiares más importantes.

Ayer conmemoramos el Día Nacional de las Sufragistas, justo es recordar que tanto Ercilia Pepín como Trina de Moya integran esa memorable genealogía de quienes nos legaron la ciudadanía; y con esta acción concretaron una acción afirmativa.

Halley Antigua

Periodista apasionada por temas tecnológicos, salud y sociales; me gusta ponerle rostro a los datos. Disfrutar de la cultura y el turismo ecológico.

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