Tres investigadores y conocedores de la historia local se reunieron en el Politécnico Librado Eugenio Belliard para debatir una pregunta que, aunque incómoda para la historiografía oficial, lleva décadas circulando en la provincia: ¿fue el general Santiago Rodríguez Masagó el verdadero padre de la Restauración de la Independencia dominicana? La mesa redonda, celebrada en el marco de la quinta Feria Multisectorial Santiago Rodríguez 2026 y organizada por la Cámara de Comercio y Producción de la provincia, no llegó a un veredicto único, pero sí dejó sobre la mesa evidencias documentales, contradicciones en los registros históricos y una demanda compartida: que el Estado reconozca lo que los archivos, según los panelistas, ya demuestran.
¿Por qué se discute todavía quién fue el padre de la Restauración?
El debate no es nuevo, pero sigue sin resolverse institucionalmente. Ricardo González, uno de los tres panelistas, fue el más directo: afirmó que Santiago Rodríguez Masagó "debe ser reconocido como el padre de la Restauración de la Independencia de la República Dominicana", una distinción que la narrativa histórica dominante ha reservado para otros protagonistas del Grito de Capotillo del 16 de agosto de 1863.
González argumentó que el levantamiento del 5 de marzo —previo al Grito de Capotillo— fue el acontecimiento que preparó el terreno para todo lo que vino después. "Sin esa fecha, difícilmente habría ocurrido el movimiento del día siguiente", sostuvo, comparando ese episodio con otras instancias históricas en las que una derrota aparente terminó impulsando un proceso victorioso.
El moderador del encuentro fue el periodista Néstor Estévez. Las palabras de apertura estuvieron a cargo de Darío Lantigua, presidente de la Cámara de Comercio y Producción de Santiago Rodríguez.
¿Qué dicen los documentos históricos sobre Santiago Rodríguez?
Uno de los ejes más técnicos del debate giró en torno a la confiabilidad de los registros de la época. Papo Fernández llamó la atención sobre las distintas denominaciones que se usaban para los cargos públicos en el siglo XIX —juez de paz, alcalde constitucional, síndico— y advirtió que los cambios en la nomenclatura institucional no deben llevar a excluir a sus ocupantes de los registros históricos.
Fernández citó una resolución gubernamental de 1863 que establecía nombramientos municipales en Guayubín, en la que Santiago Rodríguez aparece como juez de paz y alcalde constitucional, mientras Ambrosio Chavarría ejercía como síndico. Subrayó que las fuentes primarias son indispensables para evitar conclusiones basadas en versiones posteriores y potencialmente distorsionadas.
Miguel Díaz, por su parte, abordó las discrepancias entre actas civiles y religiosas de la época. Explicó que una misma persona podía aparecer con fechas distintas de fallecimiento según el registro —civil o eclesiástico— en que fue inscrita, y que esas diferencias no invalidan los hechos documentados. También mencionó una carta en la que, según relató, el propio Santiago Rodríguez se describía como "lisiado de guerra" y reclamaba al Estado el pago de recursos que le adeudaba, lo que, a su juicio, revela las condiciones de precariedad en que vivió el prócer sus últimos años.
¿Cuándo se llamó San Ignacio de Sabaneta y qué implica ese nombre?
Díaz también aportó un dato que abre otra arista del debate identitario local: aseguró que existen resoluciones y documentos oficiales en los que el nombre "San Ignacio de Sabaneta" aparece utilizado hasta el año 1936, lo que sugiere que la denominación actual de la ciudad es más reciente de lo que suele asumirse.
Este tipo de precisiones, señalaron los panelistas, son relevantes no solo para la historia académica, sino para la construcción de una identidad provincial sólida y documentada.
¿Qué propuestas concretas surgieron del debate?
Más allá del análisis histórico, la mesa redonda derivó en una serie de propuestas para honrar la memoria del general. Miguel Díaz planteó:
- La construcción de un Museo de la Restauración en Sabaneta, destinado a conservar documentos, objetos y testimonios vinculados a la gesta restauradora.
- El levantamiento de una estatua ecuestre del general Santiago Rodríguez con las cuatro patas del caballo apoyadas en el suelo —representación simbólica de que murió fuera del campo de batalla, aunque afectado por las secuelas de la guerra.
- Mayor reconocimiento institucional a fechas clave de la historia provincial: el 1 de enero (elevación a provincia), el 21 de febrero (Sublevación de Sabaneta), el 6 de marzo (Convención de Los Almácigos), el 9 de marzo (categoría municipal de Sabaneta), el 25 de julio (natalicio del general), el 16 de agosto (Grito de Capotillo) y el 20 de agosto (enfrentamiento que, según Díaz, frenó el avance español).
Ricardo González, en tanto, hizo un llamado a investigadores, historiadores y ciudadanos a superar diferencias personales para construir "un relato común" que permita reconocer adecuadamente los aportes de la provincia a la historia nacional. Como ejemplo de lo que puede perderse sin esa unidad, recordó las gestiones que debieron realizarse para recuperar el nombre de la calle Restauración, luego de que fuera sustituido.
¿Por qué importa este debate más allá de Sabaneta?
La discusión sobre el papel de Santiago Rodríguez en la Restauración no es un asunto puramente local. Toca una pregunta más amplia sobre cómo la República Dominicana construye su memoria histórica y qué voces —y qué provincias— quedan fuera del relato oficial.
Los tres panelistas coincidieron en que la figura del general ha sido históricamente subestimada y que esa deuda no es solo académica: tiene consecuencias sobre la identidad, el orgullo provincial y la educación de las nuevas generaciones. "Las investigaciones deben ser utilizadas para educar a las generaciones presentes y futuras", planteó Díaz al cierre de su intervención.
La mesa redonda no resolvió el debate, pero lo documentó. Y en historia, documentar es el primer paso para reivindicar.
(Redactado con datos de Juan Pablo Bourdierd)
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