Cuando pensamos en los Padres de la Patria, solemos imaginarlos como tres estatuas de bronce inseparables. Sin embargo, Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella tenían personalidades, clases sociales y visiones tácticas muy distintas.
El éxito del 27 de febrero de 1844 no se debió a que pensaran exactamente igual, sino a cómo sus perfiles se complementaron en el momento de mayor crisis de nuestra historia.
Juan Pablo Duarte
Duarte era el intelectual, el joven cosmopolita de clase media-alta que había viajado a Europa en pleno auge del romanticismo liberal. Su mayor aporte no fue militar, a pesar de serlo; fue conceptual.
Antes de Duarte, la élite dominicana no creía que el país pudiera sobrevivir solo. Los hateros y comerciantes solo debatían a qué potencia anexarse (España, Francia o Inglaterra) para buscar protección. Duarte fue el primero en concebir y convencer a un núcleo de jóvenes de que una República Dominicana libre y absolutamente soberana era viable. Diseñó el nombre del país, la bandera y el andamiaje ideológico (La Trinitaria).
Francisco del Rosario Sánchez
Cuando Duarte fue descubierto y forzado al exilio en 1843, el proyecto independentista estuvo a punto de colapsar. Fue Sánchez, un abogado mulato de origen más humilde y brillante orador, quien asumió el liderazgo absoluto en el terreno.
Sánchez es el símbolo del pragmatismo. Entendió que los Trinitarios no tenían las armas ni el dinero para hacer la revolución solos. Fue él quien negoció la difícil alianza con los conservadores (el sector de Tomás Bobadilla), unificando fuerzas para el golpe del 27 de febrero. Esa noche, fue Sánchez quien presidió la primera Junta Central Gubernativa y quien izó la primera bandera.
Ramón Matías Mella
Si Duarte era la mente y Sánchez la política, Mella era la audacia. Era el hombre de acción, el estratega militar y el temperamento impulsivo que la revolución necesitaba con urgencia.
La noche del 27 de febrero, en la Puerta de la Misericordia, muchos conjurados dudaron al ver que no llegaban los refuerzos prometidos. El proyecto estuvo a segundos de abortarse. Mella, rompiendo la parálisis por análisis, disparó su legendario trabucazo al aire exclamando que ya no había vuelta atrás. Ese disparo forzó la marcha hacia el Conde y detonó la independencia. Años más tarde, Mella sería el genio militar detrás de la guerra de Restauración, creando el primer manual de guerra de guerrillas del país.
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