Al salir de presenciar el musical RENT (Jonathan Larson, autor, 1994; director RD Waddy Jáquez, 2026), son muchas y profundas las sensaciones que nos invaden y nos inspiran. El arte tiene infinitos efectos, y uno de ellos es su capacidad de sanar.
El acto creativo puede recorrer los cuerpos, impactar el alma, encandilar la mirada y ser homenaje de armonías auditivas y al mejoramiento del concepto vital. Pero, en su fin último, el menos mencionado, es la capacidad de sanar.
El arte permite una "limpieza" emocional. Al observar o crear, proyectamos nuestras angustias en la obra. Esto nos permite experimentar emociones intensas (tristeza, miedo, ira) en un entorno seguro y controlado, permitiendo que el alma "descargue" esas tensiones sin los riesgos de las situaciones reales.
Cuando una obra de arte (un cuadro, un monólogo, una pieza musical) refleja nuestro propio dolor o alegría, nos sentimos menos solos. El arte nos confirma que nuestra experiencia humana, por muy singular que sea, es compartida y legítima. Tras ver RENT, el acontecimiento fue encuentro de sensibilidades, validación del arte cuando las rutas civilizadas de la sociedad hacia la diversidad y el respeto se pierden. Fue la ratificación del amor, incluyendo aquella forma que, como dice
"Hablo del amor que no osa mencionar su nombre". Oscar Wilde
¿Qué he sentido, en mi experiencia como cronista de las artes escénicas, ante un montaje de efecto disruptivo y transformador especial en el público más allá de la mera apreciación estética? Vi RENT dos veces.
Todos los talentos son artísticos
La crítica tradicional aplica, al momento de analizar un espectáculo, la diferenciación entre talentos artísticos y equipo técnico, pero nos parece que unos y otros son todos artistas, cada cual en su área.
El viernes 8 habrá oportunidad de ver RENT. Una función a petición.
Unos artistas trabajan frente al público y otros detrás. Pero todos han construido el concepto tras meses de ensayos, sudores y pruebas de resistencia. La diferencia es que los focos de la atención del público y medios están en los actuantes, mientras que el éxito de los artistas técnicos es que nadie repare en que están allí, trabajando en el silencio para que todo salga bien.
RENT ha sido una experiencia que corona el talento dominicano en un género demandante, extenuante al extremo, exigente al más cruel de los límites que marcan la aridez de un medio que parece insensible a estos enfoques.
Los productores Javier Grullón y Karla Fatule logran enfrentar un millón de esquirlas para lograr un montaje no complaciente, no utilitario, inspirador, comprometido y valiente.

Talentos visibles

Los talentos actuantes lo dieron todo y más. Su entrega en canto, actuación y, sobre todo, canto en masas corales y unos solos electrizantes, erizaron la piel.
- Javier Grullón (Mark), a quien comenzamos a disfrutar con La Pinky siendo un niño, se ha desarrollado sobre la plataforma del esfuerzo y la disciplina. Personaje que es hilo de conducción de la historia, se entrega con más que sentido de cumplir su representación. Gracioso, agudo, expositivo. Fue de mucho deleite disfrutarlo.
- Karla Fatule (Mimi) se expresa con sensualidad y notable sentido humano. Ella es trascendencia que aporta y personaje que es símbolo de un enorme mensaje.
- Héctor Aníbal (Roger) es un monstruo en escena, ya tierno, ya intenso. Múltiple en sus solos, es un deleite que lo llena todo.
- Techy Fatule (Maureen), personaje central, es un caballo de furia y fuerza en procura de máxima interpretación. Llegó al límite inimaginado.
- Tony Almont (Tom Collins) lo llena todo. Su estatura, su voz de bajo, afinada y arrebatadora, hace sus solos y parlamentos para deleite de un público que lo aspiraría por horas en esas tablas.
- Guille Martín (Ángel) es una soprano que se maneja en el escenario como en espacio propio. Ella da nombre al gesto artístico en su punto más alto.
- Nico Clínico (Benny) es un intérprete que nos bendijo al hacernos reparar en su presencia; una de las voces masculinas de mejor asimilación.

- Laura Rivera (Joanne). Era para ella fundamental romper la imagen de la vocalista de Tribu del Sol con el resonante Por ti como melodía parásita, y el pelo ensortijado de las fotos de prensa. Es la mejor reconversión histriónica en escena. Personalidad relanzada. Una soprano que aprovecha su experiencia en el pop para expresarse a otro nivel. Además, la imagen concretada la reinventa. Adorable.
- JJ Sánchez, cuyo aporte formado con Alina Abreu, desde personaje de soporte, lo inscribe como principalísimo. Polivalente, él es validación de lo que el arte puede transmitir.
- Carolina Jiménez. Pese a la juventud, es una de las trayectorias más cultivadas y de más extenso recorrido. ¿Cómo es posible tanto peso esencial en un cuerpo tan estilizado?
- Claudia González. Solo se nos ocurre decir: electrizante. Electrizante. Todo lo demás sobra.
- Josué Hirujo. Gracia y expresividad hechas persona. Su baile fue el más sensual e incidente. Un joven director que encarna el futuro inmediato de nuestro teatro.
- Natacha Hernández. El atrevimiento forjado en arte. Los directores teatrales, a partir de esta actuación, debería verla de nueva forma.

Los artistas técnicos
El éxito técnico es que nadie los eche en falta porque no han incurrido en fallas o errores, similarmente a cuanto ocurre con los dispositivos de seguridad personal: si no te das cuenta de que hay agentes de seguridad, es porque son muy buenos en su labor. Si hay un error, uno solo —que puede pasar—, entonces se soltarán los tiempos grises del invierno traumático desde el público y la crítica.
En RENT, el aporte técnico, por invisible, por no dejarse ver en incorrecciones, resulta impecable, por lo cual es deber identificarles para honrarles con la mención de su labor:

- Waddy Jáquez. (director general y coreógrafo) Piedra angular del trabajo de montaje. Experimentado y accesible, es un talento que facilita procesos. Su labor en el arte requeriría un libro.
- Junior Basurto Lomba (director musical): la orquesta al fondo, poca gente la percibió, pero estuvo ahí marcando el respaldo armónico de todo.
- Fidel López (escenografía): nos metió en aquel espacio fabril habilitado como apartamento, con sus texturas, sus varios niveles. Uno de los máximos exponentes de creación de espacios para la escena y el único que ha editado un libro de arte sobre sus escenografías.
- Paola González, maestra soprano, que dejó sentir su trabajo de horas agotadoras en el armónico resultado vocal. Un coro vivo, estremeciente, afinado. Uno de los dones inolvidables de RENT.
- Estefany Pina (regiduría de escena): un papel fundamental escasamente acreditado, pero crucial para mantener ritmo y forma.
- Marcos Melespín (vestuarista): un artista que se expresa por la selección adecuada del atuendo de cada personaje, que nos ubica en época y sentidos con la decisión inteligente sobre qué ponerle a cada quien. En esta oportunidad, como en otras, se luce.
- Erick Roque (coreógrafo invitado – Santa Fe, Te cubriré y Contacto): descarga su capacidad nacional e internacional (miembro de Da Republik Dance Crew), mostrando el poder de la danza contemporánea adscrita a un tema tan humano y sensible.
- Ariel Ramos (LuzxART, sonido): responsable de que música, parlamentos, coros y efectos lleguen auditivamente con impacto y limpieza, tal cual se logró.
- Enmanuel Ferry (iluminación): logra que el público haya podido disfrutar visualmente del movimiento en escena. Intensidad y los tonos auditivos precisos en cada giro escénico. Desde su rincón (técnico) al final de la sala, hizo el milagro.
Ya antes, hubo RENT
El primer montaje dominicano de RENT se produjo en 2011, en la Sala Máximo Avilés Blonda del Palacio de Bellas Artes, producción de Escénica LC Producciones, S.R.L. (Carolina Rivas y Luichy Guzmán), que fue igualmente un suceso artístico, dirigido por María Castillo, con un elenco que en algunos personajes se repitió ahora. Actuaron entonces: Javier Grullón, Héctor Aníbal Estrella, Techy Fatule y Tony Almont, todos interpretando los papeles que asumieron en 2026. Tuvo la dirección vocal de Nadia Nicola y coreografía de Carolina Rivas y Sandra Familia.
Pero en 2026, lo que se alcanza no es una “segunda parte”. El significado ahora es otro. Eran condiciones distintas a las de ahora, cuando se verifica un avance tan notable de las oleadas de derecha y la aspiración del pensamiento único, todo lo cual otorga a esta versión un valor oportuno y socialmente estratégico.
Los apoyos
Consignar que esta entrega, de costos millonarios en la sala Máximo Avilés Blonda (nuestro profesor de teatro), fue posible gracias a patrocinadores que dijeron “sí”: Banco Popular Dominicano, Brugal, La Colonial, Alcaldía del Distrito Nacional (Carolina Mejía), RD Vial (511), Caribbean Cinemas, Academia de Ballet Alina Abreu, Jochi Fersobe, Hotel Marriott Santo Domingo Piantini.

El origen
En 1994, Jonathan Larson —joven escritor y director de musicales, premiadísimo en este plano— se sintió marcado por la agresividad social sobre los sectores juveniles alternativos, enmarcados por lo marginal del momento: enfermos de SIDA y portadores de VIH, Gays (LGBTQ+), inmigrantes (de preferencia indocumentados), consumidores de sustancias y toda la colectividad marginada.
Larson era un artista de la escena y las letras, frente a una sociedad matizada por la intolerancia y enfrascada en el autoritarismo del pensamiento único, y se decidió a escribir un musical que reflejara todo el panorama, para lo cual ubica a sus personajes marginales como malvivientes de un edificio industrial abandonado (no un apartamento con perfumado ambiente de clase media neoyorquina).
Logra letras y ritmos inspirados, estimulantes, denunciantes y poéticos y, en 1996, con todo listo para el estreno, muere un mes antes de ver su obra montada. Summum en el cual se cruzan vida e imaginación.
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