El próximo viernes, 27 de febrero, el presidente de la República, Luis Abinader, comparece ante el Congreso Nacional para dar inicio a la primera legislatura ordinaria del 2026, presentar las memorias de los ministerios y rendir cuentas de su administración del año anterior, de acuerdo con el mandato de la Constitución de la República.
Es una presentación que ocurre cada 27 de febrero, fecha que se tiene como aniversario de la República, proclamada el mismo mes, mismo día del año 1844.
Cada presidente ha utilizado esa presentación de memorias con fines distintos. Unas veces para explicar su gestión, otras para justificar decisiones, otras para atacar a los adversarios, otras para promover aspiraciones de continuidad y otras para hablar del futuro.
El presidente Luis Abinader tiene la oportunidad, además de entregar las memorias de los ministerios y de su gobierno, de ofrecer un discurso que afiance el criterio de la institucionalidad. No sería la primera vez que lo haga; sin embargo, en esta ocasión se inicia su segundo año hacia el final de su mandato, y es ocasión para comenzar a recoger los que pudiera denominar resultados de dos cuatrienios que han fortalecido el ejercicio de las libertades, el respeto de la institucionalidad democrática y la vocación de cesar las eternas aspiraciones de los presidentes a continuar gobernando.
El presidente Hipólito Mejía ganó las elecciones del año 2000 y en el 2003 cambió la Constitución y se postuló para la reelección en el 2004, dejando como resultado una derrota electoral que pudo evitar.
El cambio hacia una reelección lo aprovechó Leonel Fernández para postularse en el 2008 e intentar postularse en el 2012, lo que no fue posible, pese a interpretaciones atrevidas sobre la renovada Constitución del 2010.
Danilo Medina ganó las elecciones a Hipólito Mejía en el 2012, pero la Constitución establecía un sólo período, y la modificó en el 2015 para ser candidato a la reelección en 2016, cosa que logró. Ganó las elecciones a Luis Abinader, y ejerció 8 años de gobierno, pero hizo intentos para continuar, lo que le resultó imposible por influencias externas y presiones, muchas, internas.
Luis Abinader ha sido el único presidente que modificó la Constitución de la República para evitar el continuismo, limitó los poderes del Poder Ejecutivo y concedió más libertades al Poder Judicial y al Ministerio Público, como entes que no responden a las pretensiones políticas de los partidos.
Los miembros del Poder Judicial han sido personas vinculadas partidariamente, y lo mismo ocurría con los procuradores generales. El presidente Abinader ha roto la tradición del aprovechamiento de la mayoría, a veces con retorcidos mecanismos, para cambiar la Constitución a favor de los gobernantes de turno.
En ese sentido es mucho lo que puede reflexionar el presidente sobre su decisión de establecer cláusulas pétreas en la Constitución Dominicana para detener los cambios a conveniencias en la Constitución Dominicana. Se ha cambiado en concepto invisible de perpetuidad en el poder que han ejercido los presidentes de este siglo, y del pasado, y se está iniciando un período una posible generación de presidentes que no pueda intentar nuevamente cambiar la constitución para su propio y particular beneficio.
Muchos otros temas, como parte del informe, son posibles, pero este que hemos señalado sigue siendo una cuestión central, porque es un hecho irrepetible, y que jamás habíamos tenido en un presidente en el siglo XXI, salvo las excepciones ocurridas con Juan Bosch en 1963, que realizó una asamblea constituyente y dejó establecida la mejor Constitución del país, para ser derrocado unos meses después, y los ejercicios de Antonio Guzmán Fernández y Salvador Jorge Blanco, que no intentaron la reelección, ni tocar la Constitución, pese a que se permitía la reelección.
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