La partida del escritor, periodista cultural y defensor del patrimonio histórico nacional Luis Martín Gómez ha impactado al ambiente intelectual dominicano, tanto por lo sorpresivo de su fallecimiento como por las características de su labor profesional y las dotes personales que distinguieron su existencia.
Luis Martín Gómez era una de las mejores personas del universo cultural dominicano.
Fue un excelente cuentista, de imaginación desbordante y temática muchas veces irreverente. Como autor de cuentos infantiles, supo transmitir el valor de la ternura, así como importantes valores ciudadanos y ambientales.
Fue también un efectivo reivindicador de los valores de la historia y la Patria.
Dotado de un humor exquisito y de una visión creativa, fue un ser íntegro, tranquilo y feliz, cuya manera de relacionarse con los demás estuvo marcada por la cordialidad, la generosidad y el respeto.
Luis Martín Gómez, nacido en 1962, fue un ejemplo de profesionalidad, servicio y humildad. En todos los frentes laborales y creativos en los que tuvo incidencia dejó una impronta: desde su obra narrativa, dirigida tanto a niños como a adultos, hasta su producción audiovisual y su liderazgo en la Asociación Profesional de Directores de Comunicación de la República Dominicana (ASODIRCOM), entidad que impulsó mediante importantes programas e iniciativas de incidencia pública.
Como director de Comunicación del Banco Central de la República Dominicana, posición que dejó por voluntad propia en 2024 para dedicarse a la literatura y a la gestión cultural, fomentó excelentes relaciones con los medios de comunicación y sus profesionales. Su ejercicio estuvo caracterizado por la apertura, la colaboración y el respeto hacia los periodistas.
Honró la amistad con sus amigos. Fue solidario y generoso. No tuvo sentido de competencia frente a los éxitos de sus colegas. Nunca envidió los logros de otros y, por el contrario, impulsó proyectos culturales que beneficiaron a numerosos creadores.
Fue un defensor de la memoria histórica.
Como reivindicador de nuestra historia, Luis Martín Gómez fue una de las voces que contribuyeron a llamar la atención sobre el estado de abandono en que se encontraba el Instituto Duartiano, situación que se había prolongado desde 2013. Se apoyó en los medios de comunicación y motivó a periodistas y creadores de opinión pública a exponer la situación, hasta que el Gobierno asumió la necesidad de intervenir para restaurar y preservar las instalaciones de la institución dedicada a mantener viva la memoria de Juan Pablo Duarte.
Fue notable su compromiso con la historia dominicana, lo cual lo llevó a interesarse por el destino de los restos mortales de Rosa Duarte, hermana del Padre de la Patria. En el curso de sus investigaciones, Luis Martín Gómez entrevistó a la historiadora venezolana Cecilia Ayala Lafée, quien había investigado el destino de la sepultura de Rosa Duarte en el Cementerio General del Sur de Caracas.
La investigación permitió establecer que el área donde había sido sepultada había sido excavada y reutilizada para nuevas tumbas, por lo que los restos ya no podían ser individualizados ni recuperados. La sepultura había estado identificada como fosa número 1.428, segundo cuartel, sección 77, del Cementerio General del Sur, en Caracas.
La investigación de Cecilia Ayala Lafée quedó vinculada a sus estudios sobre la presencia de la familia Duarte-Díez en Venezuela y al destino de Rosa Duarte. Estos datos fueron fundamentales para comprender que la recuperación física de sus restos ya no era posible y que, en consecuencia, correspondía buscar una forma digna de preservar su memoria.
Ante esta realidad, Luis Martín Gómez asumió la tarea de promover que se levantara un cenotafio a Rosa Duarte en el Panteón de la Patria, como homenaje a una mujer cuyo papel fue fundamental en la preservación de la memoria y el legado de su hermano Juan Pablo Duarte.
Rosa Duarte fue, además, una figura esencial en la conservación de documentos y recuerdos relacionados con la vida del fundador de La Trinitaria. Entre los testimonios visuales que ayudó a preservar se encuentra la célebre fotografía de Duarte realizada en Caracas por el fotógrafo Próspero Rey.
La defensa de esta memoria no fue para Luis Martín Gómez un ejercicio académico distante. Fue una causa asumida con convicción, persistencia y sentido patriótico. El cenotafio de Rosa Duarte finalmente fue instalado en el Panteón de la Patria, como resultado de una labor sostenida y desinteresada en la que Gómez desempeñó un papel propulsor.
Así se entiende mejor una característica esencial de su personalidad: Luis Martín Gómez no se limitaba a estudiar la historia; procuraba que la sociedad reconociera, protegiera y honrara a quienes habían contribuido a construirla.
Acento expresa sus condolencias y extiende a sus familiares un abrazo solidario, respetuoso y en silencio ante la pérdida de un ser humano excepcional.
Luis Martín Gómez era el tipo de persona que deja huellas.
Era, para decirlo de la manera más sencilla y más justa: un hombre bueno.
Agradecemos que haya escogido Acento para la publicación de sus últimos artículos periodísticos, los cuales pueden leerse en este enlace.
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