El mundo que conocíamos antes del 28 de febrero de este año ha desaparecido. Vivimos en una nueva era, con fuerte predominio de las tensiones dictatoriales, personalistas, con las ideas y posiciones democráticas, que a la humanidad costaron millones de vidas, extraordinarios sacrificios y dotes de tolerancia mayúscula, para alcanzar un período de paz duradera, en el que se extendieran las muchas por los derechos humanos, culturales y se cerraran las posiciones más arbitrarias y obtusas.

Pareciera que estamos frente a una balanza, que una vez se inclina por las posturas pacifistas y democráticas y otras se inclina por las posiciones autoritarias. Pese a experiencias trágicas y dolorosas como el fascismo alemán, la segunda guerra mundial y los crímenes contra los judíos, que costaron decenas de millones de muertos, el mundo ha retomado una era de prevalencia y búsqueda de empoderamiento de las posiciones extremistas, de la ultraderecha, de deshumanización y negación de derechos, de represión de las comunidades migrantes, de los derechos culturales y políticos, hasta la negación de los avances en equidad de género y derechos sexuales y reproductivos.

Hay, sin embargo, luces en el camino. Posiciones de gobernantes y de pueblos que nos indican un rápido retorno a las posiciones democráticas y pacifistas. Hay que reconocer la valentía del presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez, que inició con la negativa a aumentar hasta un 5 por ciento el gasto militar a los países miembros de la OTAN, y que trajo como consecuencias duras amenazas de Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, a España.

Ahora muchas de esas cosas están en dudas, porque han surgido poderes emergentes

Siguieron las posiciones de Italia, Francia y Reino Unido, y después de ellos los demás miembros de la Unión Europea, a negarse al uso de sus territorios por parte de los Estados Unidos para iniciar y mantener una guerra irracional con Israel contra Irán. Las descalificaciones y amenazas, y agravios contra la OTAN y los países europeos, han sido cada día más incendiarias. Ningún país europeo quiere participar en las aventuras militares de los Estados Unidos en Irán ni en el intento de control del Estrecho de Ormuz.

El fracaso de las conversaciones entre Irán y Estados Unidos, mediadas por Pakistán, se veía venir, Irán tiene sus llamadas líneas rojas, y Estados Unidos quiere seguir decidiendo el destino de los países que les son adversos. Benjamin Netanyahu ha tenido éxito en imponer la guerra en El Líbano y en seguir destruyendo parte de ese país, y conquistar una gran parte de su territorio. Estados Unidos sigue recorriendo el camino trazado por Israel, y con ello sigue sembrando incertidumbre en la economía y en los precios de los combustibles y los alimentos.

Un aliado importante de Vladimir Putin, dentro de la OTAN y de la Unión Europea, el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, quien llevaba 16 años gobernando con posiciones de la ultraderecha, proclamado aliado y socio de los Estados Unidos, acaba de ser derrotado en las elecciones húngaras, y de mala forma, por su ex aliado, el conservador Péter Magyar, europeísta, quien ha prometido restablecer los vínculos con Europa y con la OTAN, respetar la legalidad y los acuerdos de su país. No necesita alianzas para gobernar, porque tiene el control absoluto del poder legislativo. Esa es una mala noticia para la ultraderecha global.

Pero volveremos a los zigzagueos de la guerra en el golfo y a las amenazas, y a las privaciones en el uso del Estrecho de Ormuz, y a la subida de los precios del petróleo, y a las tensiones internas en los Estados Unidos, donde hay una gran batalla política, previa a un programa electoral que dentro de 6 meses tendrá que ofrecer un resultado y romper el control que tiene MAGA y el presidente Donald Trump sobre mecanismos relevantes de la democracia número uno del mundo.

Se espera que comiencen a ocurrir cambios que contribuyan con el restablecimiento de un orden más plausible, multilateralista, con las Naciones Unidas con más protagonismo y con mayor presencia, en donde los dictados del país que era ejemplo se puedan volver a retomar, reconocimiento su poder militar, cultura, político y económico. Ahora muchas de esas cosas están en dudas, porque han surgido poderes emergentes, como China, que pudieran asumir una responsabilidad más grande, como hermanos mayores y más comprometidos con un mundo respetuoso de los derechos de los pueblos.

Aspiramos a un mundo más dispuesto a resolver sus diferencias con el diálogo, con las conversaciones, sin las muy habituales amenazas de estos tiempos, que ante cualquier eventual respuesta de algún país ya se ha dicho desde el frente que recibirá aranceles del 50 por ciento de por encima de los ya existentes. De lo que hablamos es de la responsabilidad de un liderazgo moderado, equilibrado, inteligente, que entienda que gobernar para por un espacio de información y madurez, que supera la rabia y los odios personales, y dispone el interés colectivo por encima del interés personal e individual.