La inauguración el 23 de octubre y la apertura al público el 28 de octubre del Centro Cultural Rainieri en Punta Cana, provincia La Altagracia, son propicias para resaltar la importancia de la inversión en el desarrollo y fortalecimiento de las labores de la cultura.
Crear este centro cultural es un acierto de la familia Rainieri. Antes dio este paso el grupo empresarial León Jimenes, con el Centro Cultural Eduardo León Jimenes o Centro León, en Santiago, inaugurado en octubre de 2003 y convertido en uno de los centros culturales privados más importantes del Caribe, con sus salas Signos de Identidad, Génesis y Trayectoria, su mediateca, su auditorio, más el fortalecimiento del Concurso de Arte que data de 1964.
Otro tanto hizo la familia Perelló en Baní, propietaria de Industrias Banilejas (Induban), con el Centro Cultural Perelló, creado el 16 de septiembre de 2011, para promover el desarrollo integral de las comunidades de la provincia Peravia a través del arte, con exposiciones, teatro, cine, música y danza.
Por otro lado, el Banco Popular hizo un invaluable aporte con la creación del Museo Taíno, con la más importante colección de arte y objetos de la etapa precolombina, y el permanente apoyo a diversas actividades culturales.
Es relevante el caso del Banco de Reservas, porque si bien es estatal, opera y compite con eficiencia entre sus pares privados. El Banco de Reservas ha aportado su importante Centro Cultural en la Ciudad Colonial de Santo Domingo y su nuevo Centro Cultural Santiago, inaugurado el 29 de noviembre de 2025 en el rescatado Hotel Mercedes. En ambos, además de las colecciones y exhibiciones permanentes, se brinda espacio para artistas plásticos, músicos, escritores y editores, con una agenda que cubre todo el año, además de la publicación de su revista especializada.
No se trata de que el sector privado sustituya al Estado en sus responsabilidades hacia el sector cultural: una iniciativa complementa y fortalece a la otra.
Un aporte significativo es el de la familia Bellapart, con el Museo Bellapart, fundado en 1999. Posee una valiosa colección de unas 2,000 obras. Hablamos de un tesoro que muestra la evolución del arte dominicano desde finales del siglo XIX hasta el siglo XX.
Ojalá que otros empresarios emulen estos ejemplos. A la ciudad capital de República Dominicana le hace falta un gran centro cultural privado, que bien pudiera asumir una de las tradicionales familias de empresarios capitaleños; de igual manera faltan iniciativas parecidas en La Romana, San Francisco de Macorís, La Vega, San Pedro de Macorís, Puerto Plata, San Cristóbal, entre otras demarcaciones que cuentan con importantes familias y grupos corporativos.
Y no se trata de que el sector privado sustituya al Estado en sus responsabilidades hacia el sector cultural: una iniciativa complementa y fortalece a la otra.
Invertir en la cultura es importante y al mismo tiempo rentable para la sociedad en su conjunto. Un país que ofrece a sus niños y jóvenes la posibilidad de canalizar sus potencialidades artísticas y creativas avanza mejor en la formación en valores, en la educación y en la formación profesional de su población, y crea empleos de calidad, lo que impacta en su camino hacia el desarrollo económico.
Entidades tan importantes como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) han ponderado los aportes de la llamada economía naranja o economía creativa.
Más allá de los aportes concebidos como parte de la responsabilidad social y los valores corporativos, es negocio invertir en la economía naranja, ya que impulsa la prosperidad, y un país más próspero conviene a todos, y de manera particular al sector empresarial.
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