La literatura de la planificación económica y del bienestar social enfoca las metas de un país a largo plazo, precisamente para encauzar los hilos productivos hacia objetivos que ameritan la evolución de las matrices productivas, la reconstrucción de plataformas y el delineamiento del talento humano, entre otros aspectos que reconfiguran el futuro de una nación.

Es por eso que cuando el presidente de la República DominicanaLuis Abinader, anunció al país que le escuchaba con atención el Día de la Patria —el pasado 27 de febrero— que desde Oviedo, municipio de la provincia de Pedernales (a 305 kilómetros de Santo Domingo), antes de mayo de 2028 se lanzarán cohetes con fines comerciales en acuerdo con la LOD Holdings, colocó su profesión de economista en sintonía con esta corriente.

Pero, además, selló la entrada dominicana a la carrera espacial, 69 años después de que la comenzara Rusia con el lanzamiento del Sputnik 1… y casi cuatro décadas después de que lo hiciera el primer país de América LatinaArgentina, con la creación de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE).

Sí, debe profundizarse en la entrada del país en la economía espacial. Pero ojalá que también demostremos la madurez de una nación que mira al porvenir con la certeza de que en cada paso se construye el país pensado en 1844.

Críticas, opiniones y quizás hasta dudas burlescas ha provocado el anuncio. Pero lo cierto es que logra instalar un imaginario simbólico que deberá acelerar —y este es otro término propio de los enfoques económicos desarrollistas— los sistemas eléctricos, educativosmedioambientales y turísticos, que andan en un letargo existencial por idealizar que se tiene todo bajo control.

Así, a 182 años de alcanzada la independencia dominicana, se acrisola la meta de una conquista que trasciende la atmósfera local. Y esto, sin dudas, debe provocar una introspección de toda la ciudadanía sobre lo que se necesita mejorar en consenso, lo que urge por cambiar… y lo que necesita urgentemente evolucionar.

Pero, además, se trata de un mensaje geopolítico. Amplio, tal como idealizaron los Trinitarios y las Comunicadas de la nación dominicana. Ante la "Ruta de la Seda espacial" que China ha trazado desde América Latina, el convenio con LOD Holdings se trata de una declaración de intenciones que el país debe aprovechar para entrar por una puerta ancha a la carrera económica por la carrera especial y de colocación de satélites, que crece y seguirá creciendo con el paso de los años.

Pensar en grande siempre traerá contrarios, tal como le pasó a Ángel Miolán cuando en los años sesenta señaló que el país sería una potencia turística —lo llegaron a ridiculizar con el mote de "el loco del turismo"—. Hoy se gesta con empeño y se tienen los indicadores que precisan que no estaba equivocado.

Sí, debe profundizarse en la entrada del país en la economía espacial. Pero ojalá que también demostremos la madurez de una nación que mira al porvenir con la certeza de que en cada paso se construye el país pensado en 1844.