La cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), realizada esta semana en Ankara, la capital de Turquía, fue una oportunidad para que el presidente de los Estados Unidos reiterara su enojo con sus aliados europeos y al mismo tiempo diera por terminado los esfuerzos para continuar un acuerdo de paz con Irán.
Donald Trump lucía enojado, visiblemente, y no solamente llegó tarde a la cumbre, sino que cuando le tocó hablar dedicó su discurso a atacar duramente a Irán y hablar de la forma en que los líderes iraníes habían entorpecido su proyecto de paz. De paso anunció allí mismo que Estados Unidos reiniciarla los ataques militares contra Irán, como que horas después se cumplió, y que disparó nuevamente las alarmas en los mercados comerciales y petroleros.
El disparo de los precios internacionales del petróleo, y la inquietud en las bolsas, es solo uno de los elementos a tomar en cuenta en este nuevo cuadro internacional. Pakistán hizo un grandioso esfuerzo para alcanzar acuerdos de paz entre Estados Unidos e Irán. Suiza se ofreció para la firma de un preliminar del acuerdo, con 14 puntos, que serían ratificados dos meses después. Como se temía, el acuerdo preliminar se ha roto y el mundo vuelve a una situación de desgarre en los precios internacionales de los hidrocarburos.
Irán mantiene el control del Estrecho de Ormuz, y sacrificará el 20 por ciento de petróleo que se mueve por mundo, a través del control del Estrecho de Ormuz, con lo cual entiende que coloca un pie sobre el cuello de los Estados Unidos, aumentando los precios, a sabiendas de que la presión interna es un factor importante que perjudica a Donald Trump y aq los republicanos en las elecciones de medio término del próximo mes de noviembre.
Claro, con eso quedan sacrificados todos los países consumidores de combustibles, y también se perjudican los países productores. Tan pronto Estados Unidos reinició los ataques militares contra objetivos de Irán, la Guardia Revolucionaria de Irán retomó sus ataques contra varios países aliados de Estados Unidos en el Golfo Pérsico.
Para Donald Trump la cumbre de la OTAN fue una oportunidad para llamar “inútiles” a sus aliados europeos, a quienes cuestionó por no haberle ofrecido apoyo frente a Irán, cuando lo solicitó hace varias semanas. La cumbre de Ankara fue preparada con muchos detalles para satisfacer el ego de Donald Trump, y Mark Rutte, el secretario general de la OTAN, y Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía, hicieron todo cuanto fue posible para engalanar y limar asperezas con Donald Trump.
Trump encaró a España, contra quien tiene quejas profundas desde la pasada cumbre de la OTAN en Países Bajos. Dijo que cancelará todo el comercio de Estados Unidos con España, porque ese país es “una causa perdida” y está gobernada por gente mala, y reiteró que Estados Unidos necesita a Groenlandia, y que desea anexarla para la propia defensa norteamericana.
Este cuadro representa serios problemas para el mundo, para la economía de países como la República Dominicana, que aparte de estar sancionada con un arancel del 10 por ciento por el presidente Trump, tiene que cargar con los altos precios del transporte internacional de mercancías y debe soportar los altos precios de los hidrocarburos.
La otra cosa es que República Dominicana no ha logrado ningún acuerdo con Estados Unidos para la eliminación del arancel del 10 por ciento, como lo hicieron algunos países de la región, como Guatemala. Y nada ha sido posible pese a la obsecuencia del gobierno dominicano acompañando y complaciendo en todo a lo que el gobierno americano ha solicitado. También se mantiene el arancel pese a que la Corte Suprema de los Estados Unidos lo declaró ilegal, porque debió ser aprobado por el Congreso.
El país debe prepararse para momentos difíciles. La incertidumbre del cuadro internacional no se compensa con el éxito del turismo dominicano, ni siquiera con un aumento de las exportaciones. Nuestra desventaja en la balanza comercial con Estados Unidos sigue siendo muy alta. Las remesas de los dominicanos, otro respeto para la economía nuestra, también está sancionada por un impuesto dispuesto directamente por el presidente norteamericano.
La reforma fiscal que aquí se aprobó y se promulgó no es suficiente en ingresos para hacer frente a los desafíos que presenta este cuadro internacional. Algunos economistas han dicho que hace falta una reforma más profunda. El gobierno no está dispuesto a dar un paso adicional en esa dirección.
La responsabilidad para la mejoría de las finanzas públicas quedará en manos de una nueva administración, a partir del 2028. Si eso ocurriera, el gobierno dominicano tendrá que continuar sosteniendo la estabilidad por la vía del crédito externo, lo que aumenta seriamente nuestro endeudamiento y el compromiso de las nuevas generaciones para pagar la deuda.
Habría que pensar en opciones inmediatas, desde el gobierno y el sector privado, para hacer frente a un escenario de grandes desafíos y serio contexto internacional con movimientos políticos e institucionales parecidos a los terremotos en Venezuela.
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