El Gobierno dominicano estableció el 2026 como el año para determinar los recursos de tierras raras y 2027 para declarar las primeras reservas de la Reserva Fiscal Minera Ávila, en Pedernales.
No obstante, para los expertos consultados por Acento, 150 millones de toneladas describe un potencial geológico que todavía debe superar las pruebas técnicas, económicas y ambientales necesarias para convertirse en un proyecto minero.
El ingeniero especialista en minería, José Peralta, explicó que una estimación de recursos parte de información obtenida durante la exploración, mientras que una reserva exige un nivel mayor de conocimiento sobre el depósito y demostrar que su aprovechamiento es técnica y económicamente posible.
“Si realmente nosotros tuviésemos 50, 100, 150, 200 millones de toneladas de tierras raras, el país tendría una gran riqueza. Sí y solo si el impacto ambiental con el que se procese metalúrgicamente esa reserva permite que sean obtenibles y sean procesables”, explicó a Acento.
Para Peralta, no es solamente cuánto material hay, sino cuánto de ese material puede recuperarse y a qué costo. “No es lo mismo extraer tierras raras de fosfatos que de óxidos o de fluorocarbonatos. Son tecnologías metalúrgicas diferentes y todavía República Dominicana no tiene un proceso metalúrgico para extraer de esas monacitas”.
Alexander Medina, exdirector de Minería, coincide en que el volumen anunciado no debe confundirse con una mina. “No hay una mina de tierras raras todavía”.
El geólogo sostiene que Pedernales tiene un depósito de bauxita con contenido de tierras raras que merece ser investigado, pero “de la aspiración a la realidad hay mucho trecho”. De hecho, el Decreto 430-18 establece que la existencia de tierras raras en la provincia Pedernales fue confirmada por los muestreos realizados por el Banco Mundial en 2015.
Octavio López, ingeniero geólogo y de minas, plantea que antes de interpretar los 150 millones de toneladas como riqueza minera, hay que establecer qué representa exactamente ese tonelaje.
Puede tratarse de bauxita bruta, materiales lateríticos, suelo mineralizado, minerales portadores de tierras raras o una combinación de mineral y ganga. “Cada escenario implica concentraciones, métodos de recuperación y costos diferentes”.
“Mi opinión sería positiva desde el punto de vista exploratorio, pero prudente desde el punto de vista minero: hay una señal de potencial que merece investigación sistemática, no una reserva probada lista para explotación”.
López resumió la diferencia en cinco variables: ley, continuidad, mineralogía, recuperación y costo. Explicó que un volumen grande puede contener una concentración demasiado baja para ser procesado rentablemente. “También puede ocurrir que las tierras raras estén alojadas en minerales difíciles de procesar o en partículas muy finas, lo que obliga a utilizar tecnologías diferentes”, agregó.
Por eso, una declaración de reservas requiere aplicar los factores modificadores y demostrar mediante estudios de factibilidad que existe una operación económicamente justificable.



El agua y los residuos abren otra interrogante en Pedernales
La eventual explotación tampoco puede analizarse separada del territorio donde se encuentra el depósito. José Peralta planteó que antes de hablar de explotación deben conocerse el proceso metalúrgico, el volumen de agua requerido y los residuos que produciría la operación. “Tenemos que ser cautos al hablar de minería y de medioambiente”.
Su preocupación incluye la disponibilidad de agua para el procesamiento y la relación que esa demanda tendría con otros proyectos que se desarrollan en Pedernales.
“Si bien los países latinoamericanos han establecido marcos para la concesión de licencias y la regulación ambiental, aun hay margen de mejora en cuanto a la aplicación y el cumplimiento de las normas”, estableció el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), al desagregar que el país tiene problemas de contaminación de agua (9.0) y cambio climático (8.7), y las actividades de extracción de minería (8.9) y actividades industriales (8.5).
El experto en minería también consideró necesario determinar qué ocurriría con los residuos una vez terminado el proceso y cuáles serían los impactos que permanecerían después de la operación.
Octavio López añadió reactivos químicos, generación de residuos, estabilidad de depósitos, riesgos de inundaciones y huracanes y posible presencia de elementos radiactivos naturales asociados a determinados minerales portadores de tierras raras.
La discusión ambiental adquiere importancia en Pedernales por la presencia de ecosistemas, acuíferos y áreas protegidas. El análisis tendría que abarcar no solo la etapa de operación, sino también la construcción, el cierre y el postcierre de una eventual mina, agregaron los expertos.
El desafío está después de encontrar el mineral
En Pedernales, las tierras raras están asociadas a materiales de bauxita y el siguiente paso consiste en determinar cómo pueden concentrarse y separarse de los minerales, etapa que puede cambiar la viabilidad del proyecto.
Alexander Medina señaló que existen procesos experimentales para separar tierras raras de distintos materiales, pero advierte sobre la diferencia entre conseguir una separación en laboratorio y desarrollar una tecnología capaz de funcionar de manera continua y rentable a escala industrial.
“No existe un proceso comercial que tú puedas extraer tierra rara a partir de mineral de bauxita. Eso está en pañales”. Por eso calculó que, aun si los estudios avanzan favorablemente, podrían faltar entre seis y 10 años para que el proyecto llegue a convertirse en una operación comercial.
Su planteamiento coincide con el proyecto Serra Verde en Brasil, que en 2010 comenzó la solicitud de exploración; en 2023 recibió la licencia ambiental de operación y en 2024 su producción comercial, de acuerdo con la Agencia Nacional de Minería brasileña. En este año, informaron que recibieron un financiamiento de US$ 565 millones de la Corporación de Desarrollo Internacional de Estados Unidos.
En septiembre, el Gobierno dominicano informó que se habían analizado 5,000 resultados de muestras y que la primera estimación de recursos estaba prevista para noviembre, mientras las primeras reservas se proyectaban para el primer semestre de 2027.
Además, el titular del Ministerio de Energía y Minas, Joel Santos, reveló a Acento que ya se habían destinado US$ 40 millones y prevé otros US$ 40 millones para el 2027.
Una mina exigiría mucho más que abrir un yacimiento
Incluso si los estudios confirman que existe un recurso económicamente aprovechable, la explotación demandaría una infraestructura que todavía no existe para ese propósito.
La operación necesitaría:
- Caminos y vías de transporte;
- Energía eléctrica confiable y agua;
- Laboratorios;
- Instalaciones para reactivos;
- Sistemas para el manejo de residuos;
- Infraestructura para transportar y comercializar el producto.
También habría que determinar dónde estaría ubicada una eventual planta de procesamiento y cómo se conectaría con el yacimiento y con las demás infraestructuras de la provincia.
Invest Chile destacó, por ejemplo, que en 2016 estaba en trámites de licencias ambientales para el proyecto de Modulo Penco, en la región de Biobío.
La empresa en 2023 realizó un piloto para validar y obtener tierras raras para pruebas posteriores de separación. De acuerdo con el Grupo Aclara se estima una inversión de US$ 130 millones para iniciar sus operaciones en 2027.
El reto no termina en la mina: ¿Qué quedaría en República Dominicana?
Para Luis Caraballo, geólogo y profesor del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec), el proyecto también plantea qué capacidades nacionales podría generar una eventual explotación.
Consideró que República Dominicana podría necesitar empresas extranjeras para acceder a tecnologías y conocimientos especializados. Sin embargo, planteó que esa participación debería ir acompañada de formación de profesionales dominicanos.
“No sería solamente subcontratar, tenemos que también tener un equipo de profesionales dominicanos en esa mina que esté todo el tiempo pendiente de las operaciones para que vayan aprendiendo y esa semilla se quede local”, dijo a Acento.
Su planteamiento es que el eventual proyecto no se limite a extraer y exportar material, sino que genere conocimiento, empleos especializados y capacidades técnicas en el país, y desarrollar una cadena de valor.
Entre los componentes que deberían evaluarse menciona:
- Formación de personal dominicano;
- Laboratorios nacionales acreditados;
- Participación de universidades;
- Transparencia de contratos y resultados;
- Compras locales con estándares de calidad;
- Fondos para cierre y restauración;
- Mecanismos de distribución de beneficios en Pedernales;
- Protección de las actividades turísticas, pesqueras y agrícolas.
El mayor valor puede estar después de extraer
El artículo 19 de la Ley 146-71 establece que “cualquier explotación minera dentro de una zona de reserva fiscal, será otorgada mediante licitación pública y subsiguiente celebración de contratos especiales con el Estado”.
Artículo 2 del Decreto 430-18 establece un período de vigencia para la Reserva Fiscal Minera Ávila de 10 años.
La Agencia Internacional de Energía señaló que en 2024 China concentró alrededor del 60 % de la producción minera mundial de tierras raras utilizadas en imanes, pero su participación llegó al 91 % en la producción refinada y al 94 % en la fabricación de imanes permanentes sinterizados.
La Irena detalló que la región puede movilizar US$ 185,000 millones en valor económico para 2035. De este, una quinta parte provenga del refinado, ya que la mayor parte del material extraído se exporta para su procesamiento en el extranjero.
La organización internacional ejemplificó que, si se ampliara la capacidad de refinación local, el beneficio ascendería a US$ 220,000 millones en 2035.
Para Octavio López, esa es una de las oportunidades que tendría que discutirse desde ahora, “no asumir que el desarrollo de tierras raras significa simplemente abrir una mina”.
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