Al cierre de agosto de 2026, el sistema financiero dominicano mantenía RD$ 28,312 millones en fondos embargados, RD$ 12,872 millones a nombre de clientes fallecidos, RD$ 12,269 millones en cuentas inactivas de tres a diez años y RD$ 322 millones en cuentas abandonadas por más de diez años. En total, RD$ 53,775 millones que figuran en el balance de los bancos, pero que sus dueños no pueden, no saben o no han podido mover. La suma representa apenas el 1.5 % de unas captaciones de RD$ 3,529,388 millones, pero se reparte en 2,320,969 instrumentos, el 15.6 % de todos los productos de captación del sistema. Dicho de otra forma: casi uno de cada seis instrumentos de depósito está retenido por un tribunal, olvidado por su titular o esperando a un heredero.
| Estatus | Balance (RD$ millones) | Instrumentos | Saldo promedio (RD$) | Var. interanual |
| Fondos embargados | 28,312 | 308,965 | 91,634 | -4.5 % |
| Clientes fallecidos | 12,872 | 162,016 | 79,451 | +13.6 % |
| Inactivas de 3 a 10 años | 12,269 | 1,682,799 | 7,291 | +10.0 % |
| Abandonadas por más de 10 años | 322 | 167,189 | 1,928 | -7.1 % |
| Subtotal | 53,775 | 2,320,969 | 23,169 | |
| Total del sistema | 3,529,388 | 14,872,378 | 237,312 | +10.4 % |
Fuente: Superintendencia de Bancos, resumen de captaciones por estatus, agosto 2026.
El dato más elocuente no es el volumen, sino el saldo promedio. Una cuenta inactiva tiene en promedio RD$ 7,291 y el 92.6 % de ese dinero está en cuentas de ahorro. Las inactivas son el 11.3 % de todos los instrumentos del sistema, pero apenas el 0.35 % del dinero. Es el retrato de la cuenta de nómina del empleo anterior, del ahorro escolar o de la libreta que se abrió para un préstamo y nunca se cerró. Las abandonadas tienen un promedio todavía menor, de RD$ 1,928.
Las inactivas crecieron 10.0 % en doce meses, prácticamente al mismo ritmo que el total de captaciones (10.4 %), lo que equivale a unos RD$ 1,100 millones adicionales. La inactividad no está retrocediendo, y eso indica que las gestiones de localización exigidas a las entidades no han logrado reducir el saldo acumulado. En cambio, las abandonadas bajaron 7.1 %, lo cual es coherente con el mecanismo legal: una vez cumplidos los diez años, la entidad publica la relación, espera seis meses y traslada los recursos al Banco Central, con lo que salen de su balance. Los RD$ 322 millones de agosto son, en esencia, el inventario pendiente de ese traslado.
El renglón que más me preocupa es el de clientes fallecidos. Creció 13.6 % en un año, tres puntos por encima del sistema, y su saldo promedio de RD$ 79,451 es casi once veces el de una cuenta inactiva.
Un tercio está en depósitos a plazo. No se trata de saldos olvidados, sino de patrimonio familiar detenido en el procedimiento sucesoral: determinación de herederos, declaración y pago del impuesto sucesoral ante la DGII bajo la Ley 2569, certificación de la DGII y, en muchos casos, acuerdo entre herederos. El banco no puede liberar los fondos sin esos documentos, y hace bien. Pero cuando el saldo crece más rápido que los depósitos, el costo y la duración del trámite están funcionando como una barrera, sobre todo para montos modestos en los que el proceso cuesta casi lo mismo que lo heredado.
Los fondos embargados suman RD$ 28,312 millones en 308,965 instrumentos, con un promedio de RD$ 91,634, y retrocedieron 4.5 %. Aquí conviven embargos retentivos de derecho común y embargos administrativos. El problema técnico que he visto desde la supervisión es la sobrerretención: cuando un mismo embargo se notifica a varias entidades, cada una puede inmovilizar fondos por el monto reclamado, y el deudor termina con más dinero retenido que la deuda, a veces incluida la cuenta donde recibe su salario. A esto se suma la lentitud del levantamiento una vez pagada la obligación o dictada la sentencia.
Distinto es el caso de los RD$ 101,096 millones afectados en garantía. Con un promedio cercano a RD$ 1 millón y 98.9 % en depósitos a plazo, son certificados que respaldan préstamos por decisión del propio cliente. No es dinero dormido, sino colateral, y su crecimiento de 16.5 % refleja el dinamismo del crédito garantizado.
La Ley Monetaria y Financiera y su normativa complementaria establecen tres hitos. A los tres años sin movimientos la cuenta es inactiva: no puede generar cargos ni comisiones, sigue devengando los intereses pactados y se reactiva con cualquier operación. A los diez años es abandonada: se publica, se esperan seis meses y los fondos pasan a custodia del Banco Central por otros diez años, durante los cuales el titular o sus herederos pueden reclamarlos. A los veinte años, lo no reclamado ingresa al Fondo de Contingencia y deja de ser recuperable. En la práctica, el sistema convierte ahorros privados olvidados en fuente de financiamiento de la garantía de depósitos.
Hay además un ángulo de riesgo que no siempre se menciona. Las cuentas dormidas son un vector conocido de fraude y lavado: una cuenta reactivada por un tercero que suplanta al titular puede servir para recibir fondos ilícitos con un historial que parece limpio. Bajo la Ley 155-17, la reactivación debe tratarse como un evento de debida diligencia reforzada, no como un simple trámite operativo.
Lo que recomendaría
· A la Superintendencia de Bancos: publicar estas series por entidad, por rango de saldo y por antigüedad. Saber cuánto se concentra en saldos menores de RD$ 5,000 o qué entidades acumulan más inactividad permitiría medir si las gestiones de localización funcionan.
· A la Junta Monetaria y la DGII: crear un procedimiento sucesoral simplificado para saldos bajo un umbral, con certificación electrónica de la DGII y validación con la Junta Central Electoral. Varias jurisdicciones permiten entregar montos pequeños a los herederos con un acto de notoriedad, sin un proceso completo.
· Al sistema en su conjunto: cruzar periódicamente las bases de clientes con el registro de defunciones de la JCE, para que la entidad contacte a los herederos y no espere a que estos descubran la cuenta por casualidad.
· Sobre los embargos: un registro electrónico centralizado de notificaciones y levantamientos, con liberación automática del exceso retenido una vez cubierto el monto, y protección efectiva de la porción inembargable del salario.
· Sobre la reactivación: validación biométrica contra la JCE y alerta inmediata al titular, sin penalidades ni cargos.
· Al usuario: consultar la herramienta gratuita de ProUsuario con su cédula, pasaporte o RNC; si los fondos ya están en el Banco Central, gestionar cita con el Departamento de Tesorería al 809-221-9111, extensiones 3535 y 3413; y mantener un inventario financiero familiar que indique dónde existen cuentas, certificados, seguros e inversiones, sin necesidad de compartir claves.
Los RD$ 53,775 millones no son dinero perdido, pero tampoco son dinero disponible. Cada peso tiene un dueño identificable, y la regulación le concede tiempo para reclamarlo. Lo que corresponde ahora es que ese tiempo no se consuma en trámites, notificaciones dispersas y falta de información. La eficiencia de un sistema financiero también se mide por la facilidad con que el ciudadano recupera lo que es suyo.
La columna “La Banca Dominicana por Dentro”, es desarrollada por Jesús Geraldo Martínez, en el interés de aportar al fortalecimiento del Sistema Financiero Dominicano desde una perspectiva analítica y práctica orientada a la formación de conocimientos y divulgación de informaciones exclusivas de dicho sector. Para contactar con el autor. Email jesusgeraldomartinez@icloud.com, o seguir a @Jesusgeraldomartinez en Instagram.
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