La República Dominicana ha sido, durante buena parte de la última década, una de las economías de más alto crecimiento en América Latina y el Caribe. Sin embargo, las proyecciones de expansión del 4.5 % para el 2026 en el contexto de debilidad económica global requieren una lectura crítica y fundamentada. Especialmente cuando los datos oficiales y las estimaciones más recientes del Banco Central de la República Dominicana (BCRD) muestran una desaceleración evidente en 2025, con expectativas de crecimiento que rondan el 2.5 %–3.0 % para cerrar el año.
Los indicadores disponibles hasta la fecha pintan un cuadro más moderado que el optimismo implícito en algunas proyecciones oficiales y de organismos internacionales. Según datos del BCRD, la economía dominicana acumulaba un crecimiento de 2.1 % entre enero y noviembre de 2025, y se estima que cerrará el año alrededor del 2.5 %. Este ritmo contrasta fuertemente con el desempeño observado en años recientes por ejemplo, en 2024 la economía creció cerca de 5.0 % según informes macroeconómicos oficiales, evidenciando una pérdida de dinamismo en el contexto de un entorno externo adverso y de moderación interna de la demanda.
Más aún, la Encuesta de Expectativas Macroeconómicas del Banco Central indica que las estimaciones de crecimiento para 2025 han sido revisadas a la baja en varios levantamientos, con una mediana que llega a situarse en torno al 3.0 %, el nivel más bajo registrado en los últimos meses. Esta moderación confirma que incluso los propios agentes económicos están ajustando sus expectativas ante un escenario de menor impulso interno y presiones externas persistentes.
Para entender por qué una aceleración hacia 4.5 % en 2026 resulta difícil de sostener, es necesario considerar las condiciones tanto externas como internas. En el plano global, la actividad económica mantiene un ritmo inferior al observado en la expansión pospandemia, con estimaciones regionales que sitúan el crecimiento de América Latina y el Caribe alrededor de 2.3 %–2.6 % para los próximos años, un entorno claramente menos favorable que el de ciclos anteriores. En este contexto de menor dinamismo del comercio internacional, mayores riesgos geopolíticos y volatilidad de flujos financieros, las economías emergentes incluida República Dominicana enfrentan restricciones que reducen la probabilidad de aceleraciones abruptas.
Internamente, varios factores contribuyen a matizar las proyecciones de alto crecimiento. El consumo privado, aunque resiliente, muestra señales de moderación ante tasas de interés aún relevantes y un crédito que, a pesar de cierta recuperación, no ha experimentado el dinamismo suficiente para impulsar una expansión sostenida de la demanda interna. La inversión privada, pieza clave para el crecimiento potencial, enfrenta un entorno de incertidumbre que lleva a postergar decisiones de expansión de capacidad productiva. Por su parte, la inversión pública se ha mantenido bajo estrictos límites fiscales para preservar la sostenibilidad de las cuentas públicas y cumplir con la disciplina de la ley de responsabilidad fiscal, lo que limita su potencial contracíclico.
El flujo de remesas ha sido un componente importante de la resiliencia de la economía dominicana. En 2025, se reportaron ingresos por remesas que superan los US$ 11,866 millones, con un crecimiento interanual de alrededor del 10.3 %, contribuyendo a sostener el consumo y la estabilidad del tipo de cambio. Sin embargo, incluso con este impulso, las remesas representan un avance más de nivel que de aceleración: su impacto tiende a estabilizar el consumo familiar más que a generar saltos estructurales en la producción interna.
El sector externo medido a través de exportaciones y turismo sigue aportando divisas, pero enfrenta su propia dinámica de moderación en un contexto global de menor crecimiento. Aunque el turismo continua siendo una fuente clave de ingresos, su tasa de expansión ha dejado de ser extraordinaria y tiende a converger hacia niveles más sostenibles. Estos sectores aportan estabilidad, pero por sí solos no bastan para poner en marcha una aceleración significativa del crecimiento económico agregado.
Es cierto que algunas proyecciones oficiales y de organismos internacionales siguen situando el crecimiento dominicano para 2026 en el rango de 4.0 % a 5.0 %, e incluso fuentes como el Fondo Monetario Internacional (FMI) proyectan una expansión cercana al 4.5 % para el próximo año. Sin embargo, estas cifras suelen presentar escenarios bastante favorables, que asumen condiciones externas benignas y una recuperación sólida de la inversión que aún no se ha materializado con claridad en los datos recientes.
Tomar estas proyecciones como inevitables puede llevar a una visión demasiado optimista de la economía, desligada de la realidad de los datos actuales y de los riesgos que enfrenta una economía abierta y altamente integrada al exterior.
La República Dominicana tiene fundamentos macroeconómicos sólidos incluida una inflación que se ha mantenido dentro del rango objetivo y niveles de deuda pública manejables pero confiar en que la economía dará un salto inesperado de casi dos puntos en un solo año, sin un cambio estructural profundo o un shock externo altamente positivo, no se sostiene fácilmente ante los datos disponibles.
Tu Consultorio Financiero es una columna desarrollada por Jesús Geraldo Martínez sobre finanzas personales, para orientar a las personas con conocimientos básicos en finanzas y economía a mejorar su entendimiento. Para consultar con el autor puede escribir al correo abogadojesus@icloud.com, o en Instagram @Jesusgeraldomartinez.
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