En el mapa económico de la República Dominicana, Europa no ocupa hoy una posición central. Las remesas provienen mayoritariamente de Estados Unidos, el grueso del turismo sigue siendo norteamericano y canadiense, y el comercio exterior continúa orientado principalmente hacia el continente americano. Incluso la inversión extranjera directa, aunque más diversificada, mantiene a Europa en un segundo plano frente a otros actores.
Y, sin embargo, precisamente en un contexto de tensiones geopolíticas, fragmentación del comercio global y búsqueda de nuevas alianzas, Europa comienza a perfilarse no tanto como un socio dominante, sino como un socio alternativo estratégico. En ese escenario, la introducción del euro digital no es un detalle técnico, sino un elemento que puede reforzar esa relación potencial.
Europa hoy: un socio relevante, pero no decisivo
Los datos son claros. Más del 85 % de las remesas que recibe la República Dominicana proviene de Estados Unidos, mientras que Europa representa apenas entre un 10 y un 12 % del total. Algo similar ocurre con el comercio exterior: las exportaciones hacia la Unión Europea (UE) rondan también ese porcentaje, lejos del peso de los mercados norteamericanos. En turismo, pese a los esfuerzos promocionales del Estado dominicano y empresas dominicanas en ferias como FITUR en Madrid, IFTM en París o ITB en Berlín, la llegada de visitantes europeos sigue siendo limitada en comparación con otros mercados.
La inversión extranjera directa presenta un panorama algo distinto. En algunos años, Europa ha llegado a representar entre un 20 y un 30 % de los flujos de inversión, especialmente en sectores como turismo, energía y servicios. Aun así, Europa no puede considerarse, en términos agregados, el principal motor externo de la economía dominicana.
Reconocer esta realidad no debilita el análisis; lo fortalece.
Un mundo en transición: por qué Europa vuelve a ser relevante
Lo que ha cambiado no es tanto el peso actual de Europa, sino el contexto global. La creciente rivalidad entre Estados Unidos y China, la reconfiguración de las cadenas de suministro, las tensiones comerciales y la búsqueda de mayor autonomía estratégica están empujando a la Unión Europea a diversificar sus relaciones económicas fuera de sus socios tradicionales. Y si lees este artículo, quizá se esté firmando el acuerdo entre la UE y Mercosur.
Para países como la República Dominicana, con estabilidad macroeconómica, acuerdos comerciales vigentes con la UE y una ubicación estratégica, este proceso abre una ventana de oportunidad. No se trata de sustituir a Estados Unidos como socio principal, algo poco realista, sino de reducir dependencias excesivas y ampliar el margen de maniobra económico en un mercado con más de 450 millones de personas – unos 100 millones más que los Estados Unidos.
El euro digital como infraestructura, no como promesa
En este contexto, el euro digital debe entenderse menos como una innovación futurista y más como una infraestructura financiera estratégica. Como moneda digital emitida por el Banco Central Europeo, no busca competir con las criptomonedas ni transformar radicalmente el sistema financiero, sino garantizar pagos eficientes, seguros y soberanos en una economía cada vez más digitalizada. Para la UE, este proyecto responde además a una preocupación central: la elevada dependencia de infraestructuras de pago controladas por actores privados y, en muchos casos, extracomunitarios. El euro digital pretende reducir esa vulnerabilidad, reforzar la soberanía financiera europea y ofrecer una alternativa pública creíble dentro de un mercado dominado por plataformas privadas.
Para la República Dominicana, el impacto directo del euro digital será, previsiblemente, limitado en el corto plazo. Europa no es hoy el principal origen de remesas ni de transacciones cotidianas. Sin embargo, a medio y largo plazo, una infraestructura europea de pagos más integrada puede facilitar el comercio, la inversión y la cooperación financiera dentro del marco de los acuerdos existentes entre la UE y el país.
Fintech, comercio e inversión: donde puede estar el verdadero impacto
El mayor potencial no está en el volumen actual, sino en la dirección del cambio. La República Dominicana cuenta con un ecosistema fintech en crecimiento, orientado principalmente al mercado local y regional. La evolución de sistemas europeos de pago digital puede ofrecer estándares, tecnología y oportunidades de interoperabilidad para empresas dominicanas que miren más allá de su entorno inmediato.
En comercio e inversión, una Europa más activa en América Latina y el Caribe podría encontrar en el euro digital una herramienta para reducir costos, mejorar la trazabilidad de pagos y facilitar operaciones transfronterizas. Para un país que busca atraer inversión de calidad y diversificar mercados de exportación, estas mejoras estructurales son más relevantes que cualquier aumento puntual de flujos.
No una apuesta, sino una opción estratégica
Europa no es hoy el socio económico más importante de la República Dominicana, y probablemente no lo será en el corto plazo. Pero en un mundo menos predecible, contar con alternativas sólidas es una ventaja estratégica. El euro digital, integrado en un marco más amplio de cooperación económica y tecnológica, puede contribuir a que esa alternativa europea sea más tangible y operativa.
La clave no está en sobrestimar el presente, sino en prepararse para un futuro más multipolar, donde la resiliencia económica dependerá de la capacidad de diversificar alianzas, infraestructuras y flujos financieros.
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