El éxito (o fracaso) de la próxima oferta pública inicial (OPI) de Anthropic dependerá de cuál de estos dos temores sea más fuerte: el miedo a perderse la oportunidad o el miedo a meter la pata.
Un veterano financiero me explicó muy bien el primero de estos temores. Cuando le dije que me costaba entender cómo una compañía que había perdido 81.000 millones de dólares en el primer semestre del año podía alcanzar objetivamente una valoración de 1,75 billones de dólares, me respondió que era irrelevante lo que pensaran los observadores. Lo único que importaba era si el mercado estaba dispuesto a aceptar esa valoración.
Anthropic fijará un precio para sus acciones y los inversionistas decidirán si las compran o no. Y él predijo que la mayoría de los gestores de fondos no querrán perderse la oportunidad de tener una pequeña participación en una de las compañías más extraordinarias de la historia, sin importar el precio.
La publicación esta semana del prospecto de la OPI de Anthropic sin duda resalta lo extraordinaria que es esta compañía de inteligencia artificial (IA). Con apenas cinco años de antigüedad, ya ha lanzado algunos de los modelos de IA más potentes y populares del mundo, ha recaudado 141.100 millones de dólares en financiamiento y ha registrado, posiblemente, el crecimiento de ingresos más rápido del que se tenga constancia entre todas las compañías. Anthropic generó 16.300 millones de dólares en ingresos durante el primer semestre de 2026, más de 12 veces lo registrado en el mismo período del año anterior. Sus 250 clientes más importantes pagaron cada uno más de 10 millones de dólares por sus herramientas Claude durante el último año.
La compañía sostiene que el valor de la IA sigue una curva «exponencial» y que Anthropic está bien posicionada para captar una parte importante de ese valor. Sus modelos de IA prometen contribuir al avance de la ciencia, a la cura de enfermedades y al impulso del crecimiento económico.
«El arcoíris no tiene fin. Solo existe el arcoíris», me dijo Dario Amodei, cofundador y director ejecutivo de Anthropic, refiriéndose a las perspectivas de la compañía.
Para evitar que los inversionistas se dejen llevar por el entusiasmo, el prospecto de Anthropic también revela sus propios temores sobre las muchas formas en que las cosas podrían salir drásticamente mal, con factores de riesgo que ocupan 94 páginas del documento de 335 páginas.
El prospecto señala que es una corporación de beneficio público con un propósito que va más allá de la maximización de las ganancias y que ha otorgado a sus siete fundadores un control férreo. Sigue en conflicto con el Gobierno de EE. UU. y ha sido declarada un «riesgo para la cadena de suministro». Advierte que sus sistemas de IA podrían salirse de control y causar daños graves que podrían generar cuantiosas obligaciones legales y financieras. Y señala de manera casual que, sin las salvaguardas adecuadas, la IA podría incluso representar riesgos «catastróficos o existenciales» para la humanidad.
La mayoría de estos riesgos son imposibles de cuantificar. Pero al menos ningún inversionista podría quejarse de que no se le había advertido si Anthropic acabara con la humanidad, aunque para entonces ya no importaría mucho.
La preocupación más inmediata de los inversionistas se centrará en la sección del prospecto dedicada a los compromisos de gasto futuros, que aún está incompleta. La compañía ha firmado varios acuerdos plurianuales de compra no cancelables para servicios e infraestructura de IA. Si los ingresos futuros no cubren estos compromisos, estas obligaciones podrían provocar impagos y graves problemas de liquidez.
Calcular cuánta capacidad de centros de datos necesitará la compañía en el futuro es una tarea endiablada. Una capacidad insuficiente podría dejar a Anthropic rezagada en el desarrollo de modelos de vanguardia e impedirle satisfacer la demanda de sus clientes; un exceso de capacidad, en cambio, podría dejarla sin fondos. Por ahora, ha dejado en blanco su calendario de pagos. De manera inquietante, están apareciendo grietas en el mercado de los centros de datos, ya que los inversionistas se preocupan por la magnitud de la inversión y los usuarios cuestionan el costo y el valor de los modelos de IA de vanguardia.
Ben Thompson, autor del boletín Stratechery, sostiene que, siempre y cuando Anthropic cumpla con sus proyecciones de ingresos, los inversionistas podrían concluir que representa «una opción de compra razonable con un potencial de revalorización aparentemente ilimitado».
Ese es precisamente el tipo de apuesta que los inversionistas de capital de riesgo buscan hacer, lo que explica cómo Anthropic ha llegado hasta donde está hoy. Pero los gestores de fondos institucionales podrían ser más cautelosos. Incluso una compañía extraordinaria, con una tecnología extraordinaria, no siempre constituye una inversión extraordinaria cuando sale a bolsa con una valoración tan elevada y sus riesgos asociados son tan difíciles de medir.
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