Desde agosto de 2004, cuando asumió por segunda vez la gobernación en medio de la peor crisis financiera de nuestra historia, la economía dominicana ha registrado un crecimiento real promedio anual en torno al 5.0 por ciento, con un acumulado cercano al 180 por ciento. Dicho en términos llanos: descontando la inflación, la producción real de bienes y servicios del país casi se triplicó, al multiplicarse por 2.8 veces. Medido en dólares corrientes, el salto es todavía más elocuente: el producto nominal pasó de unos 22 mil millones de dólares en 2004 a 127,861 millones al cierre de 2025, y ya supera los 140,700 millones a junio de 2026, según cifras oficiales del Ministerio de Hacienda y Economía. Es decir, en poco más de dos décadas la economía dominicana sextuplicó su tamaño en dólares, consolidándose como la séptima economía de América Latina y una de las de mayor dinamismo sostenido de la región.

Ese desempeño no fue lineal ni estuvo exento de choques. En el camino hubo una crisis financiera global, una crisis de precios de alimentos y petróleo, una pandemia que paralizó al mundo y un episodio inflacionario internacional sin precedentes en cuarenta años. Que el promedio de crecimiento se haya mantenido en torno al potencial a pesar de todo ello habla de una gestión monetaria que supo ser contracíclica cuando tocaba estimular y disciplinada cuando tocaba retirar.

El mayor legado institucional de esta gestión ha sido la adopción y consolidación del esquema de metas de inflación a partir de 2012. Ese marco, con una meta de 4.0 por ciento con más menos 1.0 punto porcentual, profesionalizó la toma de decisiones a través de la Tasa de Política Monetaria, ancló las expectativas de los agentes económicos y dotó al Banco Central de una credibilidad que hoy es su activo más valioso. La inflación promedio del período completo ronda el 4.8 por ciento anual, y desde la vigencia del esquema de metas se ha ubicado dentro del rango meta en la gran mayoría de los años. El 2024 cerró en 3.35 por ciento y el 2025 se mantuvo igualmente dentro de la meta, en un contexto internacional todavía complejo.

Tres pruebas de fuego superadas por el Gobernador del Banco Central:

La primera prueba fue la reconstrucción de 2004. Quienes vivimos aquellos días desde adentro recordamos una inflación que superó el 50 por ciento, un tipo de cambio desbordado y una confianza pulverizada por las quiebras bancarias. En tiempo récord, la nueva administración monetaria estabilizó el mercado cambiario, recompuso las reservas internacionales y devolvió el ancla nominal a la economía. Fue, probablemente, la desinflación más exitosa de nuestra historia económica.

La segunda fue la respuesta a la pandemia. El Banco Central liberó recursos por más de 215 mil millones de pesos, en torno al 5 por ciento del producto, mediante liberación de encaje legal y facilidades de liquidez que llegaron a los hogares, a las mipymes y a los sectores productivos a tasas de interés no mayores al 9 por ciento anual. Esa inyección oportuna explica en buena medida el crecimiento histórico de 12.3 por ciento en 2021, uno de los más vigorosos del mundo.

La tercera prueba fue el retiro del estímulo. Cuando la inflación pospandemia alcanzó niveles cercanos al 10 por ciento, la autoridad monetaria no tembló: elevó la Tasa de Política Monetaria hasta 8.50 por ciento y logró una de las desinflaciones más rápidas de América Latina, retornando al rango meta antes que la mayoría de nuestros pares y abriendo luego espacio para una normalización gradual de las condiciones financieras.

En el frente externo, la gestión exhibe una depreciación gradual y ordenada del peso, con episodios incluso de apreciación, como el observado recientemente, y un mercado cambiario profundo que absorbe choques sin sobresaltos. Las reservas internacionales, que en 2004 apenas cubrían necesidades inmediatas, superan hoy los 13 mil millones de dólares, equivalentes a más del 10 por ciento del producto y a cerca de cinco meses de importaciones, por encima de los umbrales recomendados por el Fondo Monetario Internacional. A ello se suma un sistema financiero solvente, rentable y con morosidad históricamente baja, reflejo de una coordinación efectiva entre la política monetaria y la supervisión prudencial.

Los resultados no han pasado desapercibidos. La revista Global Finance ha situado a Valdez Albizu entre los mejores gobernadores de bancos centrales del mundo en sus Central Banker Report Cards, con calificación de A menos, junto a figuras como Jerome Powell y Christine Lagarde, y Pan Finance lo ha distinguido como Gobernador de Banco Central del Año para Latinoamérica. Que un banco central de una economía emergente del Caribe compita en esas ligas es, en sí mismo, un logro país.

Hay quienes cuestionan la extraordinaria permanencia de un mismo gobernador. Es un debate legítimo que la institucionalidad dominicana deberá dar en su momento. Pero conviene no perder de vista lo esencial: cuatro presidentes de partidos distintos, con temperamentos y visiones diferentes, han llegado a la misma conclusión. La confianza es el bien más escaso y más difícil de construir en la banca central, y Valdez Albizu la ha convertido en política de Estado. Su ratificación es un ancla de expectativas para los mercados, para los organismos multilaterales y para los inversionistas, en un momento en que la economía transita hacia la recuperación de su crecimiento potencial.

Quedan tareas pendientes, desde luego, y la más importante de ellas es completar la recapitalización del Banco Central para cerrar definitivamente el capítulo del déficit cuasifiscal heredado de la crisis de 2003. Pero esa agenda se enfrenta mejor desde la credibilidad acumulada que desde la incertidumbre de un relevo improvisado.

Desde esta columna, mi enhorabuena al gobernador Héctor Valdez Albizu por esta decimoquinta designación, y mi reconocimiento al equipo técnico del Banco Central, esa cantera silenciosa de profesionales que hace posible, día tras día, la estabilidad que los dominicanos ya damos por sentada y que, como bien sabemos los que hemos trabajado en ella, hay que trabajarla día a día con esfuerzo y sacrificio.

La columna “La Banca Dominicana por Dentro”, es desarrollada por Jesús Geraldo Martínez, en el interés de aportar al fortalecimiento del Sistema Financiero Dominicano desde una perspectiva analítica y práctica orientada a la formación de conocimientos y divulgación de informaciones exclusivas de dicho sector. Para contactar con el autor. Email jesusgeraldomartinez@icloud.com, o seguir a @Jesusgeraldomartinez en Instagram

Jesús Geraldo Martínez

Economista

Dominicano, consultor, con amplia experiencia profesional en regulación y supervisión del sector financiero, destacado por sus conocimientos en gerencia, finanzas bancarias, gestión de riesgos, administración y optimización de portafolios, investigación económica, planificación estratégica, análisis de riesgos financieros y sectoriales, análisis y estructuración de bases de datos, econometría, estadística, diseño y aplicación de modelos de pruebas de estrés.

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