Si usted cuida su tarjeta bancaria, protege su PIN y desconfía cuando le solicitan datos financieros, vale la pena hacerse una pregunta incómoda: ¿por qué entrega su carnet de seguro médico sin ninguna precaución? Ambos documentos contienen información capaz de generarle pérdidas. La diferencia es que el fraude médico suele descubrirse tarde, cuando el daño ya está hecho. En salud, como en finanzas, la prevención no es exageración: es defensa propia.
El carnet de seguro médico se ha normalizado como un simple documento operativo. Se entrega en la secretaría del médico sin mayor cuestionamiento, se fotocopia en clínicas y centros diagnósticos, se envía por WhatsApp para “adelantar autorizaciones” o se deja sobre un mostrador mientras se llena un formulario. Pocas personas se detienen a pensar que ese pequeño plástico concentra información sensible capaz de abrir la puerta a fraudes médicos y financieros que, en la mayoría de los casos, el afiliado descubre cuando ya es demasiado tarde.
El carnet de seguro médico contiene datos críticos: nombre completo, número de afiliación, ARS, plan contratado y, en muchos casos, número de cédula u otros identificadores personales. Con solo esa información es posible suplantar al titular, registrar consultas inexistentes, autorizar estudios, reclamar medicamentos o facturar servicios médicos nunca realizados. Todo ello impacta directamente al afiliado, a la aseguradora y al sistema de salud en su conjunto.
Uno de los aspectos más delicados y menos discutidos es que esta información, una vez entregada a terceros, puede ser copiada, almacenada y vendida. Secretarías médicas, personal administrativo, digitadores, mensajeros o colaboradores temporales pueden convertirse, voluntaria o involuntariamente, en puntos de fuga de datos. En entornos donde no existen controles internos robustos, esa información termina circulando en mercados informales y siendo utilizada de forma repetida y sistemática para cometer fraude con carnets ajenos.
Las consecuencias para el afiliado no son menores. Un historial médico contaminado con atenciones falsas puede provocar agotamiento de coberturas, rechazos de servicios futuros, inconsistencias clínicas y conflictos con su ARS. Muchos usuarios se enteran del problema cuando una autorización es denegada o cuando aparecen consumos que no reconocen. En escenarios más graves, los datos del carné pueden combinarse con otra información personal y derivar en suplantación de identidad o fraudes financieros más amplios.
Cuidar el carnet de seguro médico debe asumirse como una práctica básica de educación financiera y de autoprotección. No debe enviarse por mensajería instantánea salvo que sea estrictamente necesario, ni permitirse su copia indiscriminada. El afiliado tiene derecho a preguntar para qué se usará su información, a exigir verificación de identidad al momento de recibir servicios y a revisar periódicamente los reportes de consumo que emiten muy pocas ARS. La pasividad del usuario facilita el fraude; la vigilancia lo dificulta.
Del lado de clínicas, consultorios y prestadores de servicios de salud, la responsabilidad es aún mayor. Manejar datos de afiliados implica un deber ético y legal: limitar accesos, capacitar al personal, establecer controles internos y entender que una filtración de información no es un simple “error administrativo”, sino una vulneración directa a la confianza del paciente y al equilibrio financiero del sistema.
En un país donde el gasto en salud y el uso de seguros médicos continúan creciendo, la confianza es un activo estratégico. Cuidar el carnet de seguro médico no es paranoia ni exageración; es una medida preventiva frente a un fraude silencioso que drena recursos, castiga al afiliado honesto y encarece el sistema para todos.
En esa misma línea, resulta impostergable que la Sisalril y las ARS evolucionen hacia un esquema de mayor transparencia y control para el afiliado, enviando estados mensuales detallados de consumo de servicios médicos, tal como hacen los bancos con las cuentas bancarias y las tarjetas de crédito. Si el ciudadano puede vigilar cada peso que se mueve en su cuenta financiera, ¿por qué no cada servicio que se factura a su nombre en salud? Esa rendición periódica permitiría detectar consumos irregulares, servicios no recibidos y patrones de abuso por parte de prestadores.
Asimismo, el sistema debería migrar hacia un carnet sin contacto, con información encriptada, donde el afiliado autorice directamente cada servicio mediante un lector o verifón, reduciendo al mínimo la intermediación humana y evitando que datos sensibles queden en manos de secretarias, mensajeros o terceros que pueden vender esa información al mejor postor.
Cuando el afiliado no recibe un estado de cuenta de su consumo médico, queda ciego frente al fraude. El caso de Senasa ha puesto el tema sobre la mesa, pero la pregunta incómoda sigue siendo válida: ¿está ocurriendo esto solo en el sector público o también en la parte privada del sistema?
Tu Consultorio Financiero es una columna desarrollada por Jesús Geraldo Martínez sobre finanzas personales, para orientar a las personas con conocimientos básicos en finanzas y economía a mejorar su entendimiento. Para consultar con el autor puede escribir al correo abogadojesus@icloud.com, o en Instagram @Jesusgeraldomartinez.
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