El economista y consultor Julio Santana advirtió que las hostilidades entre Estados Unidos, Israel e Irán han comenzado a generar efectos tangibles que podrían derivar en una crisis sistémica.
La suspensión del tránsito de petroleros por el estrecho de Ormuz confirma que el conflicto ha dejado de ser una amenaza hipotética para el comercio mundial.
Por esta vía marítima circula aproximadamente el 20 % del suministro mundial de petróleo y gas, lo que otorga una relevancia crítica a la seguridad de la zona.
Grandes corporaciones navieras como Maersk, Hapag-Lloyd, CMA CGM y Nippon Yusen ya han anunciado desvíos y cancelaciones en sus rutas estratégicas.
Estas alteraciones logísticas provocan un incremento inmediato en los costos de transporte y una elevación en las primas de seguro internacionales.
El precio del barril de petróleo, que recientemente cotizó en 73 dólares, podría escalar hasta superar la barrera de los 100 dólares si la inestabilidad persiste.
Un shock energético de esta magnitud generaría un efecto inflacionario global que obligaría a los bancos centrales a endurecer sus políticas monetarias.
Ante la incertidumbre, el oro se ha posicionado nuevamente como el principal activo refugio para los inversionistas frente a la volatilidad de los mercados.
Existe una preocupación latente sobre la integridad de las plantas desalinizadoras en el Golfo Pérsico, cuya afectación desencadenaría una crisis humanitaria regional.
La posible interrupción en las exportaciones iraníes de fertilizantes impactaría directamente en el costo de los alimentos y aumentaría la presión social en países vulnerables.
En el ámbito financiero, una reducción del comercio energético en divisas estadounidenses podría acelerar un proceso de fragmentación monetaria internacional.
La República Dominicana presenta una vulnerabilidad crítica ante este escenario debido a su dependencia estructural de la importación de hidrocarburos.
Un aumento sostenido en el valor del crudo encarecería la factura petrolera dominicana y presionaría negativamente la balanza de pagos.
La economía nacional enfrenta este choque externo con un déficit presupuestario de gran calado y un nivel de endeudamiento público significativo.
El actual espacio fiscal del Estado dominicano es reducido, lo que limitaría las opciones para absorber el impacto de los precios energéticos elevados.
La deuda cuasi fiscal del Banco Central representa un factor de riesgo adicional ante posibles episodios de volatilidad cambiaria o salida de capitales.
Una eventual desaceleración en Estados Unidos y Europa afectaría los flujos de turismo y el envío de remesas hacia el país.
Para garantizar la estabilidad nacional, la prudencia fiscal y la diversificación energética deben ser consideradas como imperativos de planificación estratégica.
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