Pocos temas en materia de gobernanza global han dado lugar a una proporción tan estratosféricamente alta entre palabras y acciones como: "¿Qué hacer con la OMC?". EE. UU. paralizó el proceso de solución de diferencias al congelar el Órgano de Apelación de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2019. India comenzó a bloquear las negociaciones a su antojo, incluso aquellas en las que en realidad no estaba involucrada. Pero incluso antes de eso, los miembros de la organización ya tenían dificultades para establecer normas para su gama de economías tremendamente dispares, en particular para abordar el asombroso ascenso de China.

La más reciente versión de este esfuerzo tendrá lugar este fin de semana en Yaundé, Camerún, durante la reunión bienal de ministros de la OMC. Es poco probable que se produzca un avance sustancial. Los ministros debatirán las propuestas de reforma presentadas por el enérgico Petter Ølberg, el embajador noruego que encabeza el proceso de reforma, pero, probablemente, un plan para el trabajo futuro sea lo máximo que puedan lograr.

EE. UU. ha estado complicando la situación enviando listas de quejas a la OMC y exigiendo cambios. Otros miembros, tal como escribí a principios de esta semana, imprudentemente están cometiendo el error de tomar esto como propuestas de buena fe, y están tratando de participar.

Sin embargo, resulta sorprendente que, aunque la OMC como institución lleva tiempo atravesando dificultades, los ideales en los que se sustenta —un comercio regido por normas internacionales— han demostrado ser bastante resilientes ante la intensa presión ejercida por la Administración Trump. Trump explícitamente ha intentado remodelar el sistema comercial mundial a imagen y semejanza de los EE. UU. actuales. Hasta ahora, su intento en gran medida ha fracasado. Su campaña arancelaria, a diferencia de la desastrosa ley de aranceles Smoot-Hawley de 1930, no ha desencadenado un aumento generalizado del proteccionismo.

Los acuerdos comerciales coercitivos, o de cañonera, de Trump con otros países descaradamente han violado los acuerdos de la OMC, incluyendo su principio fundacional de nación más favorecida que garantiza un trato igualitario, el cual EE. UU. quiere explícitamente desmantelar. Pero el ejemplo estadounidense realmente no ha provocado que otros Gobiernos empiecen a aplicar entre sí el mismo tipo de acuerdos que acaban con las reglas. Nadie quiere ser como Trump.

En cambio, la política comercial en el resto del mundo sigue su curso de una manera familiar, aunque no exactamente normal. La maquinaria de acuerdos comerciales preferenciales de la Unión Europea (UE) "muele despacio, pero muele muy fino", para adaptar el proverbio sobre la justicia divina. Esta semana Bruselas anunció un acuerdo con Australia, completando casi el conjunto de acuerdos con los miembros del Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP, por sus siglas en inglés) de la región Asia-Pacífico, una agrupación que sigue atrayendo solicitudes de membresía.

Esto se produce tras la gran victoria de la UE al cerrar un acuerdo con el bloque sudamericano del Mercosur y, posteriormente, otro con India. El hecho de que Nueva Delhi haya firmado acuerdos con la UE y otras potencias comerciales resulta sorprendente, dado su reciente papel como "bola de demolición" de la función negociadora de la OMC, no solo bloqueando las conversaciones entre todos los miembros, sino también tratando de impedir que coaliciones de países dispuestos a ello pactaran tratados plurilaterales bajo la égida de la OMC.

Algunos de estos acuerdos involucran concesiones. Australia aceptó una cuota de importación de carne de res a la UE mucho menor de la que deseaba. Bruselas renunció a intentar obtener una mayor liberalización por parte de India y firmó un acuerdo relativamente débil. Pero, en cierto sentido, ese es el punto: los Gobiernos ven una virtud en señalar que el sistema sigue adelante.

La imaginación de los ministros debe dirigirse no a hacer funcionar las estructuras tradicionales de la OMC, sino a copiarlas, eludirlas y tomar prestado de ellas para lograr algo cercano al mismo fin. Para ser justos con EE. UU. (y con otros miembros), todos están tratando de hacer precisamente eso al encontrar formas de gestionar acuerdos plurilaterales que sean afines a las instituciones y prácticas de la OMC, pero que estén fuera del poder de veto de India.

La UE y otros países ya han impulsado exitosamente un plan que eludió el bloqueo estadounidense ante el Órgano de Apelación mediante el establecimiento de un acuerdo de arbitraje voluntario, el cual se asemeja mucho al sistema de solución de diferencias de la OMC. El mecanismo ahora cuenta con 34 miembros, entre ellos la propia UE, China, Brasil y Japón.

Un árbitro, Joost Pauwelyn, junto con el consultor Dmitry Grozoubinski, plantearon esta semana en el boletín comercial Borderlex la constructiva idea de que el sistema de solución de diferencias de la OMC podría ampliar su papel actuando como árbitro en los acuerdos comerciales preferenciales cuyos propios sistemas no están adecuadamente preparados para desempeñar esa tarea.

Estos avances no se compararían con la innovación revolucionaria en gobernanza comercial que representó la creación de la OMC en 1995, ni tampoco con las ocho negociaciones multilaterales exitosas que la precedieron desde 1947. Pero esos días han quedado atrás: la función de la OMC como foro para negociar una liberalización amplia y profunda terminó en un caluroso verano de 2008, en Ginebra, con el colapso de la llamada Ronda de Doha tras años de tensas negociaciones. Es hora de que los miembros avancen donde puedan.

Le roi est mort; vive le roi (El rey ha muerto; viva el rey). La OMC, en su forma actual, no puede cumplir todas las funciones para las que fue creada. El uso creativo de los mecanismos que aún quedan puede ayudar al sistema comercial mundial a mantener cierta estructura jurídica para evitar una caída hacia un "todo se vale" al estilo trumpiano, donde las reglas no significan nada y la ley del más fuerte prevalece.

(Alan Beattie. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2025 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web).

Financial Times

El Financial Times (FT) es reconocido globalmente como una de las organizaciones de noticias más importantes, destacada por su autoridad e integridad editorial. Fundado en 1888, ha evolucionado de ser un diario enfocado en Londres a convertirse en una corporación mediática global. El 93% de sus lectores son digitales.

Ver más