El mantenimiento de registros financieros suele acaparar titulares solo cuando algo ha salido muy mal. La tokenización podría ser la excepción. Larry Fink, de BlackRock, y Vlad Tenev, de Robinhood Markets, son dos ejecutivos que ensalzan la capacidad de la liquidación en tiempo real basada en la cadena de bloques, o blockchain, para transformar el comercio y la inversión. ¿Qué sería una señal de éxito? Que los inversores ni siquiera lo noten.
Esta semana, Fink afirmó que la tokenización —el proceso en el que un activo subyacente se representa mediante un token negociable— podría contribuir a hacer más accesible la inversión bursátil. Tenev, quien anteriormente comparó esta tendencia con un tren de mercancías imparable, le declaró a Bloomberg que, en el transcurso del próximo año, se demostrará claramente que los tokens, o las fichas, son superiores a la propiedad directa de acciones. Los reguladores y legisladores de EE. UU. se han mostrado cautelosamente abiertos a este tipo de innovaciones.
En realidad, los tokens constituyen una forma de custodia: ese mantenimiento de registros cruciales que hace posible miles de millones de transacciones en todo el mundo cada día. Se trata de algo invisible para los usuarios cotidianos, quienes no suelen detenerse a pensar dónde se encuentran sus acciones o bonos. Sin embargo, aunque lo que antaño se conservaba en papel ahora es, al menos, electrónico, el proceso sigue requiriendo hordas de intermediarios encargados de los registros, los cuales se comunican a través de sistemas improvisados y remendados.
Los tokens basados en cadenas de bloques de registro distribuido —el tipo que también sustenta a las criptomonedas— no requieren ese registro centralizado. En teoría, la liquidación también puede ser instantánea. Los inversores pueden ejercer un control directo sobre sus activos, en lugar de tener que darles instrucciones a intermediarios. La negociación ininterrumpida las veinticuatro horas del día —otro tema importante entre los aficionados del funcionamiento de los mercados— debería resultar más sencilla y segura, gracias a la liquidación instantánea, en un mundo donde los inversores operan con tokens en lugar de con acciones tradicionales.
Las bolsas de valores, que actualmente disfrutan de sólidos volúmenes de negociación, no desean quedarse rezagadas frente a los actores «nativos digitales» que ofrecen acciones tokenizadas. Tanto el Nasdaq como la Bolsa de Nueva York han anunciado este año planes para crear plataformas que permitan la tokenización de sus valores tradicionales, mientras que LSEG —la empresa matriz de la Bolsa de Londres— ha puesto en marcha planes para establecer un depositario de valores digitales.
No obstante, los grandes visionarios de las bolsas ya están mirando más allá de las acciones y bonos básicos hacia activos más exóticos, como bienes inmuebles, empresas privadas o incluso obras de arte. Los tokens resultan útiles al hacer posible el comercio y el seguimiento de fracciones del total de un activo.
Sin embargo, los fundamentos de la custodia de la cadena de bloques y de la negociación de acciones y bonos deben abordarse en primer lugar. El desafío de la tokenización consiste en evitar cualquier situación que se asemeje, ni siquiera remotamente, al caos que siguió al colapso de Lehman Brothers en 2008, momento en el que los inversores lucharon —a veces en vano— por localizar los activos sobre los cuales creían tener derechos.
En otras palabras, para demostrar que están en lo cierto, Fink, Tenev y sus homólogos deberán renovar la maquinaria financiera sin que los inversores —ya sean profesionales o minoristas— perciban que algo ha cambiado realmente en sus operaciones cotidianas. La cuestión de por qué alguien querría negociar una fracción de un Van Gogh, o vender su apartamento frente al mar con tan solo hacer clic en un botón, podrá abordarse más adelante.
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