Uno de los aspectos más importantes del liderazgo es saber cuándo retirarse. El director ejecutivo de Apple, Tim Cook, ha tomado una sabia decisión. Después de 15 años al frente de la compañía de tecnología de consumo más exitosa del mundo, Cook le cederá el poder a su sucesor, John Ternus, en septiembre. Existen dos razones contrapuestas por las que esta decisión es inteligente.

En primer lugar, incluso al crítico más malhumorado le resultaría difícil cuestionar los resultados financieros de Apple bajo el mando de Cook. Suceder al talentoso y casi mágico Steve Jobs nunca iba a ser fácil. Pero en cuanto a la magia de generar dinero, Cook ha superado con creces al visionario cofundador de Apple.

Durante su mandato, Cook ha contribuido a aumentar el valor de mercado de Apple en la asombrosa cifra de US$3,6 billones (aproximadamente el equivalente a la capitalización total de todo el índice FTSE 100 del Reino Unido). Y aunque la compañía sigue definiéndose por su superestilizado y omnipresente hardware, Cook también ha conseguido crear un negocio de servicios que genera US$100 000 millones al año. ¿Qué mejor momento para marcharse que cuando se le aclama como probablemente el "mejor director ejecutivo no fundador de todos los tiempos"?

El mes pasado, el legendario inversor Warren Buffett declaró que su firma de inversiones, Berkshire Hathaway, había obtenido más de US$100 000 millones antes de impuestos gracias a sus participaciones en Apple a lo largo de los años (y reconoció con pesar que quizás las había vendido demasiado pronto). "Tim era un líder fantástico", dijo Buffett.

La segunda razón por la que es un buen momento para que Cook deje su cargo es porque Apple se está enfrentando a una de las mayores amenazas en sus 50 años de historia y, hasta ahora, ha estado lidiando torpemente con el reto: cómo adaptarse a la era de la inteligencia artificial (IA). En un momento en que otras gigantescas compañías tecnológicas estadounidenses están invirtiendo multimillonarias sumas en el desarrollo de modelos de IA y en la construcción de infraestructura de datos, Apple parece haber estado dando tumbos en busca de una estrategia. La forma en que la compañía reinvente su sector de software definirá el mandato de Ternus.

Ternus es más conocido como un experto en hardware. Durante sus 25 años en Apple, él ha sido una fuerza impulsora detrás del lanzamiento del iPad y los AirPods, así como de varias generaciones de teléfonos inteligentes, computadoras portátiles y relojes. El comunicado de prensa de la empresa destacó su contribución particular al desarrollo del titanio impreso en 3D para el Apple Watch Ultra 3. Pronto se pondrá a prueba qué tan bien se aplica esa pericia en hardware al software.

Hasta ahora, hay dos opiniones contrapuestas sobre la respuesta de Apple al reto de la IA. La primera sugiere que la reacción de la compañía ha sido lenta y torpe; la segunda, que ha sido paciente e inteligente.

El año pasado, Apple fue objeto de duras críticas tras incumplir sus promesas iniciales de lanzar una versión más personalizada y habilitada con IA de Siri, su asistente digital activado por voz. Mientras otras compañías tecnológicas —como Google, OpenAI y Anthropic— lanzaban chatbots de IA cada vez más capaces, Apple Intelligence parecía haberse quedado paralizada. La compañía reconoció que su nueva versión Siri aún no había superado su propio nivel de calidad. Para horror de algunos puristas de Apple, la compañía está incorporando el modelo Gemini de Google a su conjunto de herramientas de IA.

Resulta inquietante que OpenAI, la dinámica empresa desarrolladora del popular ChatGPT, también haya señalado su intención de desafiar a Apple en su mercado principal de hardware mediante el desarrollo de dispositivos nativos de IA. Para ello, la compañía de IA se ha asociado con el legendario exdiseñador de Apple, sir Jony Ive, tras acordar el año pasado la compra de io Products, Inc., su empresa emergente, por US$6400 millones.

Pero el contraargumento a favor es que Apple hace bien en mostrarse cautelosa y dar prioridad a sus activos reputacionales más valiosos: la privacidad y la seguridad. Además, en lo que respecta a cómo se va a implementar la IA en los servicios para el consumidor, Apple controla el equivalente tecnológico del estrecho de Ormuz.

A medida que los modelos de IA se vuelven más eficientes, se ejecutarán cada vez más en dispositivos de computación perimetral, o en la frontera, como los teléfonos inteligentes. Actualmente hay 2500 millones de dispositivos Apple en funcionamiento alrededor del mundo. Y la compañía está tan bien posicionada como cualquier otra para integrar diferentes aplicaciones y agentes de IA en una experiencia de consumidor fluida, confiable y libre de alucinaciones.

"Oye, Siri", tal vez le pidas algún día, "paga mi factura de gas, guarda el recibo en mi carpeta de finanzas de iCloud, reserva una mesa en nuestro restaurante familiar favorito para celebrar mi cumpleaños, invita a estos invitados y resérvame un Uber".

Como señala Richard Kramer, director gerente de Arete Research, Apple lleva mucho tiempo teniendo éxito como rápido seguidor de cualquier nueva tecnología. "En el caso de los agentes de IA y su capacidad para distribuir su nuevo Siri, puede que el segundo en llegar sea el más exitoso", afirma él.

Ahora le toca a Ternus sortear el entorno actual e intentar ganar la carrera de la IA.

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