La planta de Movil Soluciones Ambientales, que está apunto de cumplir 10 años de haber sido fundada, se contempla como eje regional de gestión de residuos en San Francisco de Macorís, de manera que ha comenzado a cambiar su historia con la basura.

Lo que durante años fue un problema ambiental y sanitario, hoy es parte de un sistema en funcionamiento que busca transformar los residuos en recursos útiles.

La planta de valorización operada por Movil Soluciones Ambientales no es una propuesta a futuro: está activa, procesando cientos de toneladas diarias y recibiendo desechos no solo del municipio, sino de distintas localidades del nordeste.

Un sistema en operación con alcance regional

Actualmente, en San Francisco de Macorís se recolectan alrededor de 270 toneladas de residuos sólidos al día. Sin embargo, la planta procesa entre 600 y 650 toneladas diarias, pues recibe también desechos de municipios cercanos como Moca, Tenares, Samaná y distritos municipales de la región.

Este volumen responde a una lógica distinta: centralizar el tratamiento de residuos en una infraestructura con capacidad técnica, en lugar de dispersarlo en vertederos a cielo abierto.

Erik Rizek, fotografia de Ronny Cruz
Erik Rizek detalla las especificaciones técnicas de Movil Soluciones Ambientales

Tecnología y trabajo humano en el proceso

El funcionamiento de la planta combina maquinaria especializada con intervención humana en distintas etapas.

El proceso inicia con una pala mecánica que dosifica los residuos hacia una línea automatizada. A partir de ahí, los materiales pasan por sistemas de clasificación, incluyendo separación por aire según densidad, y una fase de selección manual realizada por colaboradores.

Posteriormente, los materiales reciclables como plásticos, cartón y metales son compactados en pacas mediante equipos industriales para su reutilización o comercialización.

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A la derecha e izquierda de la imagen, residuos que posteriormente serán reutilizables o comercializados. (Fotografía de Ronny Cruz)

Además, los residuos no reciclables son utilizados para la producción de combustible derivado de residuos (CDR), que puede ser empleado en procesos industriales.

Nuevas máquinas y capacidad de expansión

Aunque la planta ya opera, el proyecto contempla crecimiento. Según se explicó durante el recorrido, nuevos equipos con capacidad de hasta 100 toneladas por hora permitirán aumentar significativamente el volumen de procesamiento.

Esto abre la posibilidad de alcanzar cerca de 1,000 toneladas diarias en jornadas extendidas, consolidando la planta como un eje regional en la gestión de residuos.

El tratamiento del agua: control del lixiviado

Uno de los elementos clave del sistema es el manejo del lixiviado, el líquido altamente contaminante generado por los residuos.

A diferencia de los vertederos tradicionales, donde este fluido se filtra hacia el suelo y las aguas subterráneas, en la planta es capturado y tratado mediante un sistema especializado.

Este proceso permite controlar el impacto ambiental y evitar la contaminación de los recursos hídricos.

¿Qué ocurre con los residuos finales?

En el caso de los desechos biopeligrosos, estos son sometidos a procesos de incineración que reducen su volumen en aproximadamente un 97 %.

El 3 % restante corresponde a un material semi-inerte que es dispuesto de forma controlada, con posibilidades de uso futuro en sectores como la construcción u otras aplicaciones, dependiendo de su tratamiento.

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Fausto Rosario, observando el resultado del 3% restante de los residuos ambientales, los cuales fueron convertidos en fertilizante.

Este enfoque representa una reducción significativa frente al modelo tradicional, donde la mayoría de los residuos terminaban enterrados sin ningún tipo de aprovechamiento.

De vertedero a una “montaña verde”

El antiguo vertedero de la ciudad fue sometido a un cierre técnico que incluyó sellado, control de gases y cobertura con materiales especiales.

Hoy, ese espacio ha sido transformado en una “montaña verde”, eliminando focos de contaminación, humo y malos olores que afectaban a comunidades cercanas.

Además, estudios han identificado el potencial de aprovechar los gases generados en ese antiguo depósito como fuente de energía, lo que podría representar ingresos futuros para el municipio.

Un modelo económico distinto

El sistema no depende directamente de pagos municipales. Su financiamiento se gestiona a través del
Fideicomiso DO Sostenible, lo que permite a las alcaldías desligarse de la operación técnica del manejo de residuos.

Este esquema articula inversión privada, gestión especializada y respaldo estatal en un modelo que busca sostenibilidad a largo plazo.

Más allá de la basura: impacto ambiental, social y económico

El proyecto no solo transforma residuos. También genera efectos directos en la calidad de vida:

  • Reducción de la contaminación ambiental
  • Eliminación de vertederos a cielo abierto
  • Mejora en la salud pública
  • Creación de empleos formales
  • Sustitución de prácticas informales de recolección
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Erik Rizek, sobre reducción de la contaminación ambiental. Fotografía de Ronny Cruz.

Además, posiciona los residuos como un recurso con valor económico, capaz de generar energía y materiales reutilizables.

Un cambio de paradigma en la gestión de residuos

El caso de San Francisco de Macorís marca un giro en la forma de entender la basura en República Dominicana. Más que un problema, comienza a ser tratada como materia prima dentro de un sistema que busca integrarla nuevamente en la cadena productiva.

El reto, ahora, será sostener este modelo en el tiempo y evaluar su posible expansión a otras regiones del país.