Más de 6.000 personas que viven cerca de una mina en Madagascar están enfrascadas en una disputa con Rio Tinto por presuntos daños ambientales relacionados con la extracción de un mineral de tierras raras fundamental para las industrias modernas.
Han acusado a QIT Madagascar Minerals, filial del grupo minero, de contaminar los cursos de agua con materiales peligrosos, entre ellos el uranio, a través de la extracción de ilmenita —utilizada en pinturas— y del mineral de tierras raras monacita, que contiene este elemento radiactivo.
"Hay mucho polvo", dijo Claudin, un agricultor de unos treinta años que no quiso dar su nombre completo.
Donne, un pescador, dijo que la cantidad de peces en el río local había disminuido significativamente. "Está matando a nuestros hijos y a todo lo que hay alrededor de la mina", le dijo al Financial Times (FT).
La prolongada disputa pone de manifiesto los riesgos legales y morales que enfrentan las compañías a medida que intensifican sus esfuerzos por abrir minas de tierras raras, una iniciativa que ha dado lugar a una oleada de acuerdos, ya que Occidente intenta reducir el control de China sobre el sector.
Las naciones occidentales consideran que depender de China para obtener estos metales —componentes vitales de los imanes que se utilizan en vehículos eléctricos, turbinas eólicas y sistemas de defensa— es una amenaza para la seguridad nacional. Sus preocupaciones se intensificaron cuando Pekín impuso nuevos controles a la exportación el año pasado.
La producción de tierras raras también se ha vinculado desde hace tiempo con daños ambientales, provocando la oposición de comunidades y organizaciones sin fines de lucro a las operaciones en otros países, incluyendo Myanmar y Malasia.
El bufete de abogados británico Leigh Day, que representa a los aldeanos malgaches, dijo que su demanda se presentaría este año a menos que las partes llegaran a un acuerdo.
Rio Tinto rechazó las acusaciones y dijo que su manejo de la monacita "cumplía con las obligaciones legales y reglamentarias" y que había encargado estudios independientes que demostraban que la contribución de la mina a la radiación se encontraba "por debajo de los límites reglamentarios nacionales e internacionales". La compañía le dijo al FT el viernes: "Nuestro enfoque sigue siendo colaborar directamente con la comunidad local para escuchar cualquier inquietud que tengan y abordarla lo antes posible".
La monacita que se extrae como subproducto de la producción de ilmenita en la mina de Madagascar se exporta a China.
Analistas señalaron que las compañías que desarrollan nuevas minas de tierras raras deben aprender de los errores del pasado.
En EE. UU., los antiguos propietarios de una mina que ahora opera MP Materials —en la que la administración Trump invirtió el año pasado— fueron considerados responsables de derrames de cientos de miles de galones de residuos peligrosos en las décadas de 1980 y 1990.
Entre las prácticas más polémicas de la industria se encuentra la llamada lixiviación in situ utilizada en Myanmar, un importante país productor, donde se inyectan productos químicos en las laderas de las montañas para extraer las tierras raras de las arcillas a medida que estas se deslizan hacia abajo.
Global Witness, que lucha contra la destrucción del medio ambiente, ha relacionado este proceso con la acidificación de los sistemas hídricos, la muerte de animales y peces, así como con daños a las tierras de cultivo y la vegetación.
Constantine Karayannopoulos, un veterano del sector, dijo que esta práctica era "la mayor mancha negra en el historial de la industria de las tierras raras".
Otros analistas señalaron que los inversores occidentales mostraban poco interés por nuevos proyectos de lixiviación in situ, pero destacaron que, al ser mucho más barata, esta técnica dificultaba que los métodos alternativos resultaran competitivos.
En lugar de lixiviar montañas, la empresa minera brasileña de tierras raras Serra Verde utiliza un método que consiste en extraer el mineral y luego procesarlo químicamente en superficie, en una planta de refinación.
Pero el costo de hacerlo es un "gran obstáculo para ser competitivos", dijo el director ejecutivo Thras Moraitis. La falta de alternativas suficientes a la producción de China y Myanmar significaba que muchos compradores "no preguntaban" cómo se producían los materiales, añadió.
USA Rare Earth, respaldada por el gobierno estadounidense, anunció en abril sus planes de comprar Serra Verde por 2.800 millones de dólares. El grupo brasileño también ha firmado un acuerdo de suministro de 15 años con una entidad respaldada por agencias del gobierno estadounidense, que comprará gran parte de su producción inicial a un precio mínimo garantizado.
El riesgo de residuos radiactivos potencialmente peligrosos era, en general, mayor para los desarrolladores de proyectos de tierras raras en roca dura que para los de arcilla, según los expertos.
Las rocas suelen contener de forma natural elementos radiactivos como el uranio y el torio, y el proceso de extracción y separación puede concentrarlos junto con las tierras raras. El material radiactivo de baja actividad puede acabar en los residuos, lo que se ha relacionado con "un aumento de los casos de cáncer y otros problemas de salud" en zonas donde no se ha contenido correctamente, según el grupo de inteligencia de mercado Project Blue.
Además, los organismos de control no siempre contaban con la experiencia necesaria para supervisar las amenazas, señaló Gavin Mudd, director del Centro de Inteligencia sobre Minerales Críticos del Reino Unido, dependiente del Servicio Geológico Británico.
"Parte del problema es que los organismos reguladores mineros no están tan bien equipados para lidiar con esto como deberían", dijo.
Los elementos radiactivos "se desintegran" y emiten radiación con el tiempo, lo que significa que el material que parecía "solo ligeramente más radiactivo que el suelo promedio" aún podría presentar riesgos durante ese proceso, dijo Mudd. Pero destacó que los riesgos eran bajos "siempre y cuando se mantengan los residuos aislados y se controle la gestión del polvo".
MP, una compañía minera que explota depósitos en roca dura, dijo que su mineral tenía bajos niveles de material radiactivo natural. La compañía australiana Lynas Rare Earths, el mayor productor no chino, dijo que el monitoreo en su planta de procesamiento de Malasia no mostró "ningún efecto en el medio ambiente ni ningún aumento en la radiación de fondo" en más de una década.
Karayannopoulos, el veterano de la industria, dijo que el impacto ambiental de las tierras raras era, en general, "no peor que el de cualquier otro recurso".
Pero advirtió: "Si no tenemos cuidado y no operamos dentro de un conjunto de reglas que se apliquen, los más inescrupulosos entre nosotros se aprovecharán de la situación".
(Camilla Hodgson. Copyright The Financial Times Limited 2026 © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web).
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