Casi una década después, el Atlético de Madrid jugará una semifinal de Champions pese a perder este martes 2-1 contra un Barcelona que acabó con diez jugadores, en la vuelta de cuartos de final del torneo continental.
El Barça remontó el 2-0 en contra de la ida con los goles de Lamine Yamal (4′) y Ferrán Torres (24′), pero el tanto de Ademola Lookman (31′) dio el pase a la siguiente ronda al Atlético.
El Atlético de Madrid se medirá en semifinales con el ganador de la eliminatoria que disputarán el miércoles el Sporting de Portugal y el Arsenal.
Cómo fue el triunfo insuficiente y la derrota dulce
Empatada la eliminatoria por el Barcelona en tan solo 24 minutos de juego en el Metropolitano, el Atlético de Madrid resurgió con la fuerza de Marcos Llorente y el 1-2 de Lookman, siempre resistente, antes y después, para seguir vivo en la Liga de Campeones con todo el mérito del mundo, capaz de soportar la ofensiva de Lamine Yamal y en semifinales nueve años después.
El aguante extenuante del conjunto rojiblanco, encomendado por momentos, sobre todo el primer tiempo, a las paradas de Musso, contra el ataque total del Barcelona, de más a menos. De mucho en la primera parte, con los goles rápidos de Lamine Yamal y Ferran Torres, a menos en la segunda, con el 1-3 anulado por fuera de juego al propio Ferran y con la expulsión a diez minutos del final de Eric García. El Atlético está en semifinales.
El Arsenal o el Sporting de Portugal. Uno de los dos es su próximo desafío, empeñado Diego Simeone y su equipo en rebasar la historia del club, en agarrar esa Copa de Europa que tanto, tanto y tanto daño le ha causado, pero que tanta atracción despierta entre ellos y su hinchada, sin la certeza de la clasificación hasta el final, hasta el pitido del árbitro, con ocho minutos de añadido y un cabezazo alto de Araujo en los instantes finales.
Partido grande, tremendo ambiente, situación límite. Y eliminatoria igualada en 24 minutos. “Podemos hacer que suceda”, alentó Hansi Flick en la víspera. Del 0-2 de la ida en el Camp Nou al 0-2 de la vuelta en el Metropolitano en unos cuantos instantes, en demasiadas malas decisiones en el Atlético, presionado y vulnerable, señalado Lenglet.
En duelos de tal calibre, en la extrema intensidad por la que se desarrollan, con la pegada expresiva de cada golpe, cada error es una invitación al rival. El central francés, titular por las circunstancias, por las lesiones de Hancko y Giménez y por la sanción de Pubill, pecó de convicción. Su clase es un riesgo, atento Lamine Yamal para interponerse en la cesión.
La recuperación activó todo, el pase de Ferran puso patas arriba la defensa del Atlético y la definición de Lamine Yamal, por debajo de las piernas de Musso, alentó la remontada por la que tanto, tanto y tanto habían clamado en la víspera. La diferencia que se proponía marcar el extremo internacional español, enrabietado desde el primer segundo del duelo.
Su determinación apabulló al Atlético. En un futbolista con un desborde tan descomunal, la ambición potencia aún más su desmedido talento. Cada vez que encaró se fue, con la naturalidad y la cabeza levantada de un fuera de serie. Un jugador para la cima más alta del mundo. Un jeroglífico siempre para el equipo rojiblanco. Apenas nada fue suficiente.
Ya había avisado a los 34 segundos, frustrado por Musso, por la mano derecha a ras de suelo que salvó entonces el gol. No logró hacerlo después. Era tan solo el minuto 4. El partido en ebullición, la eliminatoria en el aire, el rugido del Metropolitano transformado en miedo. Simeone pedía calma con los brazos desde la banda. Lo necesitaba su equipo.
Musso fue el sostén entonces. Simeone lo eligió en un partido de tanta dimensión. Disponible Oblak, en el banquillo, mejor con los pies en el argentino y mucho mejor con las manos el esloveno, fue una decisión de calado en el Atlético. También frenó después otro gol a Dani Olmo. Ferran Torres lo batió luego, con la izquierda, fuera de su alcance.
Ensangrentado en el suelo
El minuto 24. El 0-2. El 2-2 de la eliminatoria. El 2-3 lo repelió Musso otra vez. Su mano izquierda despejó un balón que debió ser suyo antes en la salida, antes del testarazo en plancha de Fermín López, ensangrentado en el suelo por el impacto fortuita con la plancha de la bota del guardameta. Y de nuevo con un centro de Lamine Yamal, de esa finura y potencia con el exterior cuyo efecto hace aún más dañino, aún más extraordinario, cada envío rompedor a la espalda de la defensa. Son medio gol.
Noqueado el Atlético, resurgió con la salida de balón de Molina, la visión de Griezmann, la furia de la carrera imparable de Llorente y el remate de Lookman. De un campo a otro. Vértigo. Y precisión. Todo combinado arrojó el 1-2 a la media hora. Nadie aprovecha mejor la defensa adelantada del Barcelona que el equipo rojiblanco. Volvió a hacerlo. Volvió a tomar el pulso al partido, al descanso tan incierto para uno como para otro. Emoción.
La ventaja, recobrada mínimamente, aún era del Atlético, que necesitaba a Julián Álvarez, desaparecido hasta que arrancó a campo abierto. La cedió atrás a Lookman. Fuera. Agitación. La remontada, aún incompleta, todavía exigía al Barcelona. Corría Hansi Flick para reponer el balón en juego desde su zona técnica. El tiempo también corría. En su contra.
Otra parada de Musso, otra vez a Ferran Torres, otra vez Lamine Yamal de por medio. Y el gol del Barcelona, concedido inicialmente, anulado después, en cuanto el VAR detectó la posición ilegal de Ferran, el último rematador tras una volea de Gavi y la intervención clave, entonces sí, de Lenglet, a unos metros de la portería de Musso. No valió. Aún 1-2.
Simeone dio entrada a Baena y Nico; Flick apostó por Lewandowski y Rashford como primeros recursos; Llorente cruzó demasiado su derechazo; Ruggeri sufrió un codazo en un salto, ensangrentado en el suelo tras un salto con Gavi (el lateral italiano volvió a la acción con vendaje en la cabeza); Le Normand tuvo el 2-2, desbaratado por Joan García, decisivo entonces, ya por el minuto 74, ya por la recta final, aún con el Atlético delante.
Y entró Sorloth, que se escapó hacia la portería, en otro fenomenal pase de Llorente, cuando fue empujado por detrás por Eric García. La revisión del VAR, Turpin fue al monitor, lo vio y determinó la tarjeta roja. Era el minuto 78. Apenas dos antes había entrado al terreno el noruego. La clasificación para semifinales es del Atlético.
El PSG vuelve a semis de Champions
Los dos goles bajo la lluviosa noche de Liverpool fueron obra del Balón de Oro Ousmane Dembélé; primero con un disparo con la zurda desde la media luna del área (72′), antes culminar a puerta vacía tras pase de Bradley Barcola (90+1′) una contra parisina.
Último partido europeo de Salah
Luego de haber cerrado en el puesto 11º la primera fase -el Liverpool fue tercero- el líder de la Ligue 1 apeó al Mónaco, al Chelsea y ahora al seis veces campeón de Europa, reafirmando su candidatura a revalidar título, algo que sólo logró el Real Madrid de Zinedine Zidane (campeón en 2016, 2017 y 2018) desde el AC Milan en 1990.
Ni en los 90 minutos en la ida en el Parque de los Príncipes, ni en la media hora en Anfield sin Mohamed Salah, ni en la hora posterior ya con el astro egipcio sobre el terreno de juego tras la lesión del internacional francés Hugo Ekitiké, el Liverpool fue incapaz de batir al arquero ruso Matvéi Safónov.
El partido podría haber tomado otro cariz de no haber mediado una salvada del central Marquinhos en el primer tiempo para rechazar un remate a bocajarro de Virgil van Dijk desde el área pequeña. Una acción que el capitán brasileño celebró como si de un gol a favor se tratase.
A pesar de que los locales cercaron el área parisina en el segundo tiempo, el mayor susto para los visitantes llegó mediada la segunda mitad, cuando el árbitro señaló el punto de penal por derribo del central ecuatoriano Willian Pacho sobre el argentino Mac Allister. Aunque la revisión del VAR determinó que el contacto no fue lo suficientemente intenso y la decisión quedó anulada.
Si Salah, en su último partido europeo ante la que ha sido su afición las últimas nueve temporadas, no pudo resultar decisivo, sí lo fue para el PSG otro hombre que saltó desde el banco, Bradley Barcola, cuya participación directa en los dos goles de Dembélé sirvió, quizá, para cerrar el ciclo de Slot en el norte de Inglaterra.
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