Hay espectáculos que provocan mediante lo insólito y lo irreverente, pero que también consiguen revelar aspectos incómodos de la condición humana. Yo tengo mi muñeca, escrita y dirigida por Carlos Castro, transita por ese territorio en el que el humor, el absurdo y la transgresión se encuentran con la soledad y las carencias afectivas.

La obra presenta a un profesor universitario, hastiado y decepcionado de la vida, de sus estudiantes y de las mujeres, que decide vivir con una muñeca japonesa. Esta decisión, tan insólita como reveladora, plantea una interrogante: ¿qué sucede cuando alguien prefiere una compañía que puede controlar antes que una relación humana, con sus diferencias, exigencias y conflictos?

Una transformación que marca el espectáculo

“Yo tengo mi muñeca”: la soledad en escena

La representación comienza con Yasser Michelén maquillado y casi desnudo, vestido únicamente con un tanga blanco. Desde allí se dirige al fondo del escenario, donde se viste y se coloca la peluca que lo transforma en la figura de la muñeca japonesa. Este proceso, realizado como un ritual, establece una estructura circular: el actor se transforma, ocupa el espacio central para desarrollar la representación y, al final, regresa al fondo para despojarse del vestuario y recuperar su apariencia inicial.

Aunque Michelén demuestra preparación física y dominio de sus movimientos, la puesta concentra gran parte de la acción en el centro del escenario. Después del desplazamiento inicial, aproximadamente el noventa por ciento de la representación transcurre en esa zona. Esta concentración espacial no impide que el actor mantenga la atención del público, pero sí constituye un aspecto susceptible de mayor exploración escénica.

El regreso al fondo y el acto final de desvestirse adquieren una dimensión simbólica: después de la transformación, queda nuevamente el cuerpo del actor, despojado del artificio que sostuvo al personaje.

Yasser Michelén: presencia y entrega

“Yo tengo mi muñeca”: la soledad en escena

Sostener una obra unipersonal exige energía, concentración y capacidad para establecer una relación permanente con el público. Michelén asume ese desafío con aplomo, entrega y una presencia escénica que sostiene el espectáculo.

Su interpretación encuentra uno de sus principales apoyos en el manejo del cuerpo y en la manera de articular el texto con las acciones físicas. La respuesta del público confirma su capacidad para mantener la atención y establecer una complicidad que se prolonga hasta el final, cuando recibe una ovación.

El absurdo como espejo de la cotidianidad

“Yo tengo mi muñeca”: la soledad en escena

Carlos Castro construye una propuesta contemporánea e irreverente que utiliza el absurdo y el humor ácido para acercarse a las frustraciones de su protagonista. Las referencias a personajes, ambientes, medios de comunicación, universidades y profesionales dominicanos generan un reconocimiento inmediato en los espectadores.

Las reacciones y las risas revelan que el público identifica situaciones y comportamientos cercanos a su propia realidad. Esa complicidad constituye uno de los aciertos de la representación. Sin embargo, más allá de la respuesta inmediata, el humor alcanza mayor profundidad cuando la risa conduce a reconocer las contradicciones sociales y humanas que la obra pone en evidencia.

El discurso del protagonista sobre las mujeres merece también una lectura crítica. La puesta debe permitirnos distinguir entre los prejuicios del personaje y la mirada de la obra sobre esos prejuicios. Esa distancia resulta importante para que la provocación no se limite a reproducir aquello que pretende cuestionar.

La muñeca: compañía sin reciprocidad

“Yo tengo mi muñeca”: la soledad en escena

La muñeca japonesa es el centro simbólico de la propuesta. Representa una compañía que no discute, no reclama y no impone su propia voluntad. El protagonista parece encontrar en ella una salida a sus frustraciones, pero esa solución revela también su dificultad para aceptar la autonomía del otro.

Proporciona compañía, pero no reciprocidad; presencia, pero no genuina diversidad.

La contradicción es evidente: el personaje busca escapar de la soledad, pero lo hace mediante una presencia que no puede ofrecerle una relación humana plena. Al eliminar la diferencia y el conflicto, intenta convertir la compañía en una experiencia bajo su control.

La dirección y los recursos técnicos

“Yo tengo mi muñeca”: la soledad en escena

La puesta en escena se beneficia del trabajo de luminotecnia y de la asistencia de dirección de Osvaldo Añez, cuya experiencia en el ámbito teatral contribuye al desarrollo del montaje. La iluminación acompaña la propuesta y forma parte de los recursos que sostienen la representación.

El trabajo de laboratorio realizado durante aproximadamente año y medio, según lo explicado por el director, da cuenta de una búsqueda sobre el cuerpo, la palabra, la repetición y la transformación de acciones cotidianas en acciones escénicas. Este proceso se reconoce, particularmente, en el ritual de transformación del actor y en la relación entre sus movimientos y el texto.

Una provocación que deja preguntas

“Yo tengo mi muñeca”: la soledad en escena

Yo tengo mi muñeca es una propuesta que encuentra en la actuación de Yasser Michelén y en el texto de Carlos Castro sus principales fortalezas. Su humor irreverente y sus referencias a la realidad dominicana conectan con el público, mientras que la figura de la muñeca abre una reflexión sobre la soledad, el deseo y la dificultad de establecer vínculos con personas que poseen voluntad y necesidades propias.

La puesta podría beneficiarse de una mayor exploración del espacio escénico y de una articulación más incisiva entre la provocación humorística y sus implicaciones humanas. No obstante, consigue sostener el interés y provocar una respuesta entusiasta de los espectadores.

Al salir del teatro queda una pregunta que trasciende la anécdota del profesor y su muñeca: ¿buscamos realmente a alguien con quien compartir nuestra vida o, en ocasiones, deseamos una presencia que se adapte por completo a nuestras necesidades?

Porque, cuando el deseo busca una compañía que no contradiga, no cuestione ni reclame nada a cambio, quizá ya no estemos hablando de amor, sino de la necesidad de poseer una presencia que nos libre de enfrentarnos a nuestra propia soledad.

Danilo Ginebra

Publicista y director de teatro

Danilo Ginebra. Director de teatro, publicista y gestor cultural, reconocido por su innovación y compromiso con los valores patrióticos y sociales. Su dedicación al arte, la publicidad y la política refleja su incansable esfuerzo por el bienestar colectivo. Se distingue por su trato afable y su solidaridad.

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